La chica de las flores Capítulo 27
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Capítulo 27

Eimy

Cogí mi vaso, en el que me había echado la mitad de la lata de refresco, y me lo llevé a los labios para beber un buen sorbo.

Tenía la garganta seca, pero ni bebiendo conseguí hacer desaparecer la sensación que se me había quedado.

Todavía estaba alucinando bastante, por todo lo acontecido y por cada sorpresa que me había llevado. Todas seguidas y en cuestión de segundos.

Bajé la mirada a Skye y sonreí. No tenía ni idea de si debía notar que no estaba en mi mejor momento, pero Skye había sorprendido a todos olvidándose de su dueño por un rato para estar a mi lado. Y no solo eso, tenía la barbilla apoyada en mi pierna.

Sonreí mientras le acariciaba la cabeza.

—Estoy bien —le susurré, para que solo ella me oyera.

Así era, más o menos, ya que había controlado los nervios. Controlado, que no era lo mismo que eliminado. Para esto último todavía me faltaba y a saber, si lo conseguiría en algún momento de lo que quedaba de tarde.

Skye, al oírme, levantó las orejas. Las dejó firmes y me miró moviendo los ojos hacia arriba. Mi sonrisa se amplió.

—Estoy flipando —dijo Leo.

Cuando levanté la mirada, me di cuenta de que lo había dicho por Skye, por cómo continuaba conmigo. Por algunas de las caras que vi, todavía seguían con lo mismo y me pregunté qué tan sorprendente era.

No lo entendía, pero no sería yo la que preguntara sobre ello. Si salía la conversación, perfecto. Si no, era lo que había.

Y no supe por qué, pero como si tuviera que pedirle permiso de algo a su dueño, dirigí la vista hacia Ander.

Él volvía a estar sentado en el sillón en el que lo había visto al salir al porche, con su botellín de cerveza rozándole los labios.

—Para que luego me digáis… —comentó Ander, sin apartar los ojos de los míos.

—Es que nuestra Skye es una chica muy lista —dijo con diversión Natalie.

—Y tan lista. Sabe muy bien lo que hace —intervino Greta.

—¡Es tan mona! —exclamó Cata.

—Sí, pero te han entrado ganas de salir corriendo al verla —dijo riendo Taylor.

—Como si a ti no te hubiera pasado lo mismo —se quejó Cata, con un bufido—. Joder, es que con lo grande que es…

Ambas rieron y yo sonreí.

—¿Qué haces? —le preguntó Eduardo a Leo.

—Grabar este momento porque es de esas cosas únicas en la vida —contestó Leo, con el móvil enfocando hacia Skye y a mí.

Hasta que una mano bajó de golpe el teléfono. El dueño de dicha mano era Ander y no le gustó lo que iba a hacer su amigo.

—No hagas tonterías —le advirtió Ander.

—Iban a ser unos segundos —se defendió Leo, con una pequeña sonrisa.

—Ni medio —le dijo Ander, con una ceja arqueada.

—Vale. —Levantó las manos Leo y rio.

Ander negó con la cabeza. Cogió su botellín de cerveza y se bebió lo que quedaba dentro de él, para dejarlo después sobre la mesa pequeña que tenía más cerca.

—Mi hermano y sus amigos vienen también al restaurante a cenar —informó de repente Natalie.

—Qué bien —habló de manera espontánea Cata—. ¿No? —Nos miró a Taylor, a Bruno y a mí.

—Claro —tuve que ser la primera en responder, porque los demás esperaron mi contestación.

—Sí —afirmó seguido Bruno.

—Por supuesto —terminó Taylor.

—Me alegro de que os haga tanta ilusión como a nosotros —habló emocionada Natalie.

¿Qué iba a decir? ¿Qué no quería estar mucho tiempo cerca de Ander porque me tenía constantemente en tensión?

Él no tenía la culpa de cómo me encontraba yo ni de lo que sentía.

No era justo que provocara una situación en la que él, y seguramente sus amigos, porque lo seguirían, quedaran excluidos por mi culpa.

De igual manera, que no era justo chafarle los planes a Natalie y tirar por tierra su ilusión. Daba igual que yo tuviera que pasar una noche un tanto o bastante diferente. Solo debía asumir el nuevo giro y tirar adelante, como siempre hacía con todo.

—Voy un momento al baño —dije.

Le acaricié detrás de las orejas a Skye, antes de incorporarme despacio. Al hacerlo, ella levantó la cabeza y se quedó sentada a mi lado.

No miré hacia ninguno de los presentes. Me dirigí hacia la corredera del salón y entré en él, para ir hacia el baño que Natalie nos había enseñado en esta planta.

Después del impacto que me llevé al llegar al porche, y una vez que se terminaron las presentaciones y estuvimos unos minutos hablando, Natalie nos llevó a mis amigos y a mí por toda la casa.

Nos enseñó cada estancia y rincón de ella, tanto de la planta principal como de la superior, antes de sentarnos a tomarnos una bebida fresca en el porche.

La vivienda era preciosa. No había habido habitación o espacio que no me hubiera gustado. La decoración era moderna y elegida con mucho gusto.

En la planta superior había cuatro habitaciones con sus armarios, camas y baños privados. Dos de ellas compartían vestidor y las otras dos, entre las que estaba el dormitorio principal de la pareja, tenían vestidores independientes.

Aparte de esas estancias, arriba también había otra habitación que estaba vacía. Natalie nos había dicho que todavía no tenía claro qué quería hacer en ella.

En la planta baja, los espacios grandes que predominaban eran el salón y la cocina.

Esta última era de ensueño. Aparte, la planta principal se dividía entre el recibidor, el baño al que me dirigía, un despacho doble en el que había mucho espacio y todo lo necesario para trabajar dos personas, una biblioteca con una cristalera enorme que daba al jardín y una sala convertida en gimnasio. Este era muy completo.

En el exterior se encontraban los jardines que rodeaban la vivienda. En la parte del jardín que daba al porche, al que se accedía desde el salón, se encontraba a unos metros de distancia una piscina ovalada con un acceso como si fuera una playa.

Cerca de ella había una zona con tumbonas y una carpa, para elegir entre sol y sombra. La vivienda también tenía una zona chill out increíble para relajarse y otra zona para la barbacoa.

Entré en el baño y lo primero que hice fue ponerme frente al espejo y apoyar las manos a los lados del lavabo. Me quedé mirándome en el espejo.

Podía estar tranquila porque mi aspecto era el mismo que cuando terminé de arreglarme. El problema lo tenía por dentro, con los nervios que se negaban a abandonarme.

—Joder. Ya está —susurré—. ¿Qué mierda me pasa? Sí, me he llevado más de una sorpresa totalmente inesperada, pero están más que superadas.

Suspiré, preguntándome si era cierto lo que acababa de decirme a mí misma.

De repente sonaron varios golpes en la puerta y miré hacia ella como si en cualquier momento fuera a llevarme un susto más grande.

Todos sabían que había venido al baño y no hacía nada que entré.

—¿Eimy? ¿Estás bien?

Me relajé al instante al escuchar a Bruno. Sonreí y le abrí la puerta, para que se quedara tranquilo.

—Lo estoy —le contesté frente a él—. Todavía no me ha dado tiempo a hacer nada —le dije con diversión.

—Ya…

Ladeó un poco la cabeza y yo elevé las cejas cuando me empujó con delicadeza al entrar él en el baño. Cerró la puerta.

—¿Qué haces? —le pregunté con una risilla—. Van a pensar que nos estamos liando aquí encerrados —reí.

—He dicho que venía al baño. No era plan que pensaran que iba a pasearme solo por la casa.

—Mucho mejor así. Sí.

—Y me importa una mierda lo que se les pase por la cabeza. Que piensen lo que les dé la gana —sonrió de medio lado—. Mientras tú y yo sepamos la verdad… Y hablando de verdades, no me mientas al decirme que estás bien.

Elevó las cejas. Se apoyó en la pared y se cruzó de brazos.

—¿Cómo llevas los descubrimientos inesperados? —me preguntó serio.

—Ha sido… chocante —contesté—. Pero de verdad que estoy bien. Un poco nerviosa todavía, pero nada importante.

Me encogí de hombros.

—¿Tienes ganas de que acabe esta noche?

Ladeó un poco la cabeza.

—Hasta ahora y ahora mismo, un poco.

Reí y él sonrió.

—Pero se me pasará —suspiré—. Estoy adaptándome a la nueva realidad y ya está.

Bruno se quedó con los labios entreabiertos, preparado para hablar, pero otros golpes en la puerta lo interrumpieron.

Ambos miramos hacia ella.

—Abrid ahora mismo si os falta alguna prenda de ropa. ¡Egoístas!

Bruno y yo soltamos una carcajada al oír a Taylor. Fue él quien abrió la puerta y entonces nuestra amiga apareció al otro lado.

—Mierda. Qué decepción —dijo Taylor, después de comprobar que teníamos toda la ropa en su sitio.

Sonrió de medio lado y se cruzó de brazos.

—Ya puedes salir de tu escondite. Están decentes —dijo.

Cata asomó la cabeza por un lado y los cuatro reímos. De repente estuvimos todos dentro del baño, en una reunión improvisada.

—Madre mía. ¿Qué van a pensar? Hemos desaparecido los cuatro —pregunté.

—Ni idea, pero estoy segura de que si le damos tiempo a Natalie y a Greta terminarán uniéndose a nosotros.

Volvimos a reír.

—Solo queremos saber cómo estás —me dijo Cata, sonriéndome con cariño.

—Eso y hablar tranquilamente, por si no quieres ir a cenar con las nuevas incorporaciones. Puedo fingir encontrarme mal de golpe, antes de irnos. El drama fingido se me da genial —sonrió con picardía.

—Sí, porque los hemos dejado hablando de ir al restaurante cuando volviéramos todos al porche —comentó Cata.

—Chicas… todo está bien. De verdad —insistí, por cómo me miraron.

—¿Estás segura? —insistió Taylor, con el ceño ligeramente fruncido.

—Sí —les sonreí—. Sois los mejores.

Los abracé a los tres, provocando que se pegaran entre ellos. Recibí la misma muestra de cariño por parte de mis amigos.

—¿Entonces nos vamos de cena? —preguntó Taylor.

—Nos vamos de cena —le confirmé.

Todavía no nos habíamos soltado.

—Estupendo porque le tengo unas ganas al rubio…

Cuando nos separamos Taylor rio porque comenzamos a hacerle preguntas sobre Quinn. Él era el rubio, con el que a Taylor le había dado tiempo a picarse al hablar y también a compartir miraditas muy significativas.

Centrarnos en ella me liberó de que lo hicieran más en mí. Sabía que estaban dándome una tregua, para que mi noche fuera bien y porque no era el lugar para poder hablar sobre Ander.

La conversación se daría y muy pronto. De eso no tenía ninguna duda, pero por el momento agradecía que todo se quedara como estaba.