Capítulo 26
Ander
Me incliné hacia delante en el sillón, para coger mi botellín de cerveza. No hacía mucho que Eduardo había sacado para todos, por lo que todavía no había empezado a beber.
El momento indicado llegó cuando escuché unas voces desde el interior de la vivienda.
Di un trago y acaricié a Skye, cuando volvió al porche corriendo. Vino directa hacia mí y se sentó al lado de mis piernas.
—Chica, no vamos a robártelo —se dirigió a ella Quinn.
Skye ladró y se puso en pie, mirando hacia él. Yo sonreí de medio lado y la felicité con más caricias.
—No tenemos nada que hacer —comentó Leo, riendo—. Parece mentira que todavía intentes apartarla de él.
—Algún día lo conseguiré —aseguró con diversión Quinn.
—No te lo crees ni tú —dijo Eduardo, sonriendo.
Bebió de su cerveza, mientras me miraba.
—¿Estás preparado? —me preguntó.
—¿Por qué no tendría que estarlo?
Arqueé una ceja.
—La historia que nos has contado es muy interesante —dijo Leo.
—En el restaurante ya supimos que sucedía algo —comentó con picardía Quinn—. Ha estado muy callado.
—En aquel momento no tenía nada que decir —dejé claro—. Pero a estas alturas necesitabais disponer de toda la información para lo que viene dentro de poco.
—Lo que me extraña es que tu mujercita —le dijo Quinn a Eduardo— y Greta no hayan hablado de más sacando el tema.
—No te imaginas lo que le ha costado a Natalie contenerse —informó él.
Ambos sonreímos de medio lado, mientras Quinn reía.
—Lo mismo tendrían que haberla preparado de alguna manera —habló Lewis, balanceando su botellín—. No sé, con alguna indirecta. Más que nada para minimizar la sorpresa que va a llevarse cierta señorita —carraspeó, mirándome de reojo.
Todos supimos a quien se refería, por lo que no hizo falta ninguna aclaración.
Iba a responderle, pero las voces del interior de la casa sonaron más fuertes, cercanas, y me quedé callado. Natalie salió al porche con una mujer que no había visto nunca, pero por el momento nadie más apareció detrás de ellas.
—Chicos, os presento a Taylor. Es una de las mejores amigas de Eimy, la florista, por lo que espero que, desde hoy, comencemos a ser amigas también —se sonrieron entre ellas—. Ellos son Eduardo, Lewis, Leo, Quinn y Ander —nos presentó por el orden en el que estábamos sentados.
Nos levantamos todos para y fuimos dándole un beso en la mejilla, para finalizar la presentación.
—Sí, sí… —rio Natalie—. Hay que ver cómo te pones cuando no se te incluye —dijo entre risas.
Estaba dirigiéndose a Skye, después de que la perra le ladrara para llamar su atención.
—Y Skye, por supuesto —habló hacia Taylor—. La princesa no puede faltar nunca —comentó con diversión.
Skye, como respuesta, volvió a ladrar una vez provocando que algunos rieran.
—No estéis de pie por mí —nos pidió Taylor.
—Siéntate con nosotros —le ofreció Quinn.
Taylor observó que no había sillones libres y cuando fue a mirar hacia otro lado, para encontrar donde sentarse, Quinn volvió a hablarle.
—Mis piernas siempre estarán libres y dispuestas para ti.
Todos lo miramos. Los que lo conocíamos bien no nos sorprendimos de nada, y a favor de Taylor debía decir que su sorpresa por el atrevimiento de nuestro amigo duró poquísimo.
Enseguida sonrió de medio lado, sin apartar la vista de Quinn.
—Esa oferta es muy tentadora. ¿Estás seguro? —le preguntó ella.
Quinn también sonrió de medio lado, mientras acomodaba su postura en el sillón.
—Por supuesto. No soy de echarme para atrás —le dijo él.
—¿Y si peso demasiado?
—Eso no va a suceder.
Para corroborar sus palabras, los ojos de mi amigo recorrieron el cuerpo de Taylor de arriba abajo.
—Como he dicho, no vas a pesar nunca demasiado para mí —repitió con un guiño.
Desconecté de ellos, de sus siguientes comentarios, cuando dirigí la vista hacia la corredera del salón. Me incliné hacia delante, para susurrarle al oído a Skye.
—Trae a Greta —le pedí.
Ella, tan obediente como siempre, fue a buscarla al interior de la casa. No tuvo que ir muy lejos porque se escuchaban los murmullos de las voces en el salón.
Supe enseguida que Skye consiguió su propósito, cuando escuché reír a Greta.
La perra volvió rápido y segundos después, llegó la gran sorpresa para la mujer que salió al porche al lado de Greta.
Eimy, en cuanto me vio, se quedó con la boca abierta. Tal cual. No pudo ocultar su sorpresa, mientras yo la observaba fijamente.
Dirigió sus ojos hacia todos los que estábamos en la zona de los sillones y fue de asombro en asombro. Hasta que se encontró de nuevo con mi mirada.
—Chicos —habló Natalie.
Llamó la atención de todos cuando se dirigió a los recién llegados.
—Para empezar, os presento a Eduardo, mi prometido y futuro esposo —rio.
Eduardo se levantó de su sillón y se acercó a ellos.
—Hola. Encantado de conoceros —les dijo—. Es un placer. Natalie estaba muy emocionada por este día, por este momento. Me alegra poneros cara, al fin. Sed bienvenidos a nuestra casa.
Después de esas palabras le siguieron las presentaciones entre ellos, menos de Taylor, que ya tenía ese trabajo hecho.
Eduardo habló con el grupo un poco más y en un momento dado se centró en Eimy, ya que era de la que más le había hablado Natalie.
Cuando terminaron llegó el momento de la verdad, como se suele decir. La hora de enfrentar de cara la situación.
—Y ahora os presento al resto —volvió a hablar Natalie.
Greta acercó una silla y se sentó, viendo la escena muy entretenida. Taylor se mantuvo al lado de sus amigos, a pesar de que ya sabía lo que venía a continuación. Eso sí, ella y Quinn se lanzaron varias miraditas.
—Era una sorpresa. Al saber que veníais quería que conocierais a unas de las personas más importantes de mi vida.
Eduardo le pasó un brazo por los hombros y se sonrieron. Él asintió y ella continuó hablando.
—Ellos son Lewis, Leo y Quinn, amigos de toda la vida o casi, y como hermanos mayores por lo pesados que son —los presentó con diversión.
Lewis sonrió de medio lado. Leo rio directamente. Y Quinn le hizo un guiño a Natalie.
—Y, por último, Ander. Mi hermano mayor.
Ahí estaba. La bomba final.
Los únicos sorprendidos por esa noticia fueron Bruno, y claro está, Eimy. Ella fue la que peor se quedó.
—Como ya habéis escuchado con Eduardo, ellos son Cata, Bruno y Eimy.
—¿Tu… hermano? —consiguió preguntarle Eimy a Natalie.
—Sí —le confirmó ella, sonriéndole con cariño.
—Pero…
—¿Qué pasa? —Quiso saber Taylor, con el ceño fruncido mirando a su amiga.
Eimy dirigió la vista hacia ella y después hacia Cata. Paseó su mirada entre sus amigas. Bruno colocó sus manos en los hombros de Eimy, dándole apoyo y fuerza.
Estuve muy tentado a intervenir para poner más fácil la situación, pero Eimy se me adelantó y dejé que hablara ella.
—Tenéis ante vosotras a Ander —les dijo a sus amigas.
—¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien? —Se preocupó Cata.
—Eso digo yo —comentó Taylor, con el ceño fruncido—. Ya sabemos que se llama Ander.
—Ya… pero no que es el mismo Ander que viene a la floristería cada semana, varias veces.
Taylor y Cata la miraron como si no hubieran comprendido lo que acababa de decirles. Hasta que agrandaron los ojos y me miraron.
—No jodas —dijo Taylor.
—¿Es ese Ander? —preguntó por voz ahogada Cata.
—El mismo —le confirmó Eimy, con un suspiro.
—Se acabó la curiosidad —habló Bruno, con un carraspeo.
—¿Y esta casualidad? —preguntó Taylor, pensativa.
—Creo que todos nos hemos quedado igual —comentó Bruno.
—Natalie… —la llamó Eimy.
—Que no cunda el pánico —rio ella—. Hablaremos con calma, ¿vale?
—No entiendo cómo…
La interrumpí cuando me levanté. Mis amigos hicieron lo mismo, para acercarnos a ellos. Como habíamos hecho con Taylor, tocaba finalizar la presentación con un beso en la mejilla.
Fue lo que hicimos, uno por uno con Cata y Eimy. A Bruno le dimos la mano.
Me puse frente a Eimy, cuando fue mi turno con ella.
—Hola —le dije.
Necesitaba romper la tensión que todavía transmitía.
—Hola —susurró.
Sonreí de medio lado.
Me incliné hacia ella, para darle el beso en la mejilla. Lo hice alargando un poco más de lo normal el contacto de mis labios en su mejilla. Antes de separarme, le susurré sobre la piel.
—Relájate. Este encuentro, el de todos, es muy especial para Natalie. Ella de verdad quiere ser vuestra amiga.
Me separé y nos miramos a los ojos. Eimy asintió y yo me quedé conforme al ver cómo hacía una respiración profunda y soltaba un suspiro después.
Skye se sentó muy cerca de mis piernas y levantó una pata delantera hacia Eimy. Ella rio al verlo y se agachó para cogerle la pata.
—Fue un grandísimo placer el otro día y aún más el volver a verte, preciosa —le dijo Eimy.
Skye, como no podía ser de otra manera, soltó un ladrido y se puso de pie, para apoyarse en la pierna de ella.
—Le cuesta mucho separarse de Ander —habló Quinn, con diversión—. Nosotros estamos a punto de tirar la toalla porque no se separa de él.
—Eso no es verdad. En mi casa va por libre —comenté.
—¿En tu casa? —me preguntó Eimy, con el ceño ligeramente fruncido.
—Skye es mía. Soy su dueño —le aclaré otro dato del que no tenía ni idea.
—Yo… pensaba que era de Natalie —habló buscando la mirada de ella.
—Cuando no está mi hermano cerca, sí —dijo con diversión Natalie.
—¿Hay alguna sorpresa más? Porque no sé si entre unas cosas y otras necesito sentarme —comentó Taylor.
A excepción de Eimy y de mí, los demás rieron por su comentario. Nosotros nos quedamos mirándonos fijamente.