La chica de las flores Capítulo 21
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Capítulo 21

Ander

—¿Todo bien? —le pregunté a Lewis, al salir del ascensor.

Llegué a la planta en la que estaba mi despacho y me dirigí a él, sin pararme. Por suerte, ninguno de los trabajadores que se encontraban en sus mesas me llamó para hacerme alguna pregunta o para plantearme un problema.

Estaba deseando irme de la empresa y cuantos menos retrasos, mejor.

—Todo controlado —me contestó Lewis.

—Bien.

—¿Ya estás preparado para salir? ¿Has terminado por hoy?

—No a ambas preguntas, pero no tardaré en cerrar el día de trabajo —aseguré—. Necesito contestar unos correos y firmar una documentación, entonces habré acabado.

—De acuerdo. Estoy llegando. Te espero en la cafetería.

—Perfecto.

Colgué la llamada y cuando llegué a la altura de la mesa de mi secretaria, caminé más despacio para pasar por delante.

—Olivia, recoge ya y vete —le pedí.

—Queda un poco más de media hora y tenía pensado…

—Lo que sea, déjalo para mañana —la interrumpí—. ¿Tienes mi agenda al día, con las últimas modificaciones?

—Sí, Ander.

Lo de dirigirse a mí como señor se lo quité de su vocabulario a la semana de estar trabajando para mí. Demasiado aguanté escuchándolo, pero quise que Olivia se habituara al trabajo, que se situara y se sintiera a gusto en su puesto y conmigo, para comenzar después con mis exigencias.

Llevaba muchos años conmigo y era una de mis personas de confianza dentro de la empresa.

—Pues es todo lo que necesitas para irte.

—Está bien —sonrió—. Hasta mañana, Ander.

—Hasta mañana. —Asentí.

Continué mi camino hasta la puerta de mi despacho, la que ese encontraba muy cerca de la mesa de Olivia. Estaban separadas tan solo por unos metros, más que suficiente porque Olivia hacía de barrera y filtraba todo lo que llegaba a mí.

Una vez entré en el despacho y cerré la puerta, me dirigí a la mesa para hacer lo que le había comentado a Lewis.

Él era otra de mis personas de confianza, pero para todo y en cualquier momento. Como sucedía con Quinn y Leo. Lewis, aparte de trabajar para mí, era un amigo.

Al principio, cuando era más joven, a pesar de que Lewis también lo era, para mí él supuso una amenaza.

Cuando comencé a salir más con mis amigos, un poco antes de la mayoría de edad, fue mi padre quien me «aconsejó» que debía tener siempre a mi lado a una persona que velara por mi seguridad.

La realidad fue que me obligó a aceptar esa situación.

Ese fue Lewis, y lo primero que me sorprendió cuando lo conocí, fue que solo fuera cuatro años mayor que yo. Como acababa de comentar, él representó todo lo que yo no quería, por lo que le cogí manía e hice todo lo posible para quitármelo de encima. Convertí en mi misión el escaquearme de él.

Por aquel entonces, mis amigos y yo bromeábamos con que a ingeniosos no nos ganaba nadie. Hasta que llegó Lewis a nuestras vidas y lo tiró por tierra. Él nos superó en todo, anticipándose a cada acción y movimiento nuestro.

No sabría decir cuándo pasó. El hecho fue que, de un día para el otro, cuando nos dimos cuenta, contábamos con Lewis para todo. Pero como si fuera un amigo más del grupo.

Aparté los recuerdos de mi mente, mientras me sentaba frente a mi mesa de trabajo. Lo primero que hice fue abrir la carpeta donde estaban los documentos que debía firmar.

Me tomé mi tiempo para leerlo todo detenidamente y una vez estuve conforme, firmé en cada hoja que lo indicaba.

Coloqué la carpeta a un lado, dando ese asunto por finalizado, y activé el ordenador para contestar los correos que no podían esperar al día siguiente.

No eran muchos, solo cuatro, y algunos de ellos con pocas palabras los tenía solucionados, por lo que concentrado en ello acabé bastante rápido con todo.

Apagué el ordenador y recosté la espalda en la silla, apoyando la cabeza en el respaldo.

Lewis ya debía estar esperándome en la cafetería, tomándose algo para hacer tiempo.

A punto de levantarme para irme de la empresa y darle encuentro, mi móvil comenzó a sonar en el bolsillo de la chaqueta del traje.

Lo saqué y sonreí al ver que era mi padre.

—Hola, papá.

—Hola, hijo. ¿Cómo va el día?

—Bien. Estoy a punto de irme de la empresa.

—Pensaba que ya habías salido.

—Teniendo en cuenta que todavía no ha llegado el final de la jornada…

—Para algo eres el jefe.

—Lo dice quien lo ha sido también y hacía más horas que un reloj —dije con diversión.

—Eso fue en el pasado. Ahora ese papel te toca a ti, pero sin que cometas mis mismos errores.

—Tranquilo, por ahora sé cuándo parar.

—Eso está muy bien.

—¿Me has llamado por algo más, aparte de querer saber dónde estoy para tenerme controlado?

Sonreí al escuchar la risa de mi padre.

—Bastante trabajo me costó controlarte de pequeño y de joven. De adulto, hace años que dejé de seguir tus pasos.

Fue mi turno para reírme.

—Tardaste demasiado.

Me levanté de la silla, me aseguré de que llevaba la cartera y las llaves en los bolsillos, y me alejé de la mesa después de dejar bien colocada la silla.

—Te llamaba para recordarte que esta noche tenemos cena familiar.

—No se me ha olvidado. Estaré ahí a las nueve.

—Perfecto, hijo.

—Acabo de salir del despacho. Me voy ya.

—Vale, pues te dejo. Nos vemos esta noche.

—Hasta dentro de un rato.

Colgué y me guardé el teléfono en un bolsillo de la chaqueta. Estaba deseando quitármela, al igual que la camisa. No faltaba mucho para que eso sucediera.

Pasé por delante de la mesa vacía de Olivia y me despedí de las personas que quedaban. Ya se habían ido unos cuantos.

Fui directo al ascensor y bajé a la planta principal. Fuera del edificio, después de varias despedidas más, recorrí el camino asfaltado y llegué a la acera en la que giré hacia la derecha.

Hacia esa dirección estaba la cafetería en la que se encontraba Lewis. Mi amigo estaba en la terraza, frente a un gran ventilador. Sonreí de medio lado, acercándome a él.

—¿Te tomas una conmigo? —me preguntó.

Levantó su botellín de cerveza sin alcohol. El único alcohol que bebía Lewis era vino en todas sus variantes y whisky solo con hielo. Fuera de esas dos excepciones no probaba ninguna otra bebida que llevara alcohol.

Y mucho menos bebía cuando debía encargarse de mi seguridad, según él.

—Claro —acepté.

Mientras me sentaba, llamé la atención de la camarera. La chica se acercó y le pedí otro botellín de cerveza, pero el mío normal.

—Acabo de hablar con mi padre. Me ha llamado para recordarme la cena de esta noche.

—Como si se nos fuera a olvidar. Ayer hizo lo mismo conmigo —comentó con una sonrisa de medio lado.

Lewis, más allá de nuestra amistad, era uno más de la familia. Debido a ello, no faltaba nunca cada vez que nos reuníamos. Mis amigos también podían unirse, pero, quitando algunas excepciones de fechas importantes, a Quinn y a Leo les gustaba mantenerse un poco al margen.

Lewis llevaba muchísimos años dentro del núcleo familiar. Inclusive vivió en la propiedad de mis padres, en una casa que había cerca de la principal. Eso cambió cuando yo me independicé, entonces él también tomó su rumbo para estar cerca de mí.

Para mis padres era como otro hijo más y se lo habían demostrado siempre.

Al igual que sucedía a la inversa. Con los padres biológicos de Lewis toda mi familia tenía muy buena relación.

No podíamos verlos tanto como quisiéramos, debido a que vivían a muchos kilómetros de nosotros, en otro país, pero cuando nos encontrábamos era como si no hubiera pasado el tiempo y la familia se ampliaba.

El padre de Lewis y el mío eran amigos desde la infancia.

Por ese motivo de peso, y porque Lewis se formó y estaba más que preparado para asumir la responsabilidad de mi seguridad, a pesar de su juventud por aquel entonces, debido a ello fue el único candidato al que mi padre le dio el visto bueno para estar cerca de mí.

La camarera volvió con mi botellín de cerveza y se lo agradecí antes de dar el primer trago.

—Paso a recogerte a las ocho y media —me dijo Lewis.

—De acuerdo. —Asentí—. Quedan casi tres horas, tiempo suficiente para darme una ducha, descansar y prepararme —dije con diversión.

—¿Estás seguro de que no necesitas más tiempo? Joder, tío, yo hago todo eso en la mitad de tiempo.

Negó con la cabeza y yo solté una carcajada.

No me molesté en hacer otro comentario. Él sabía que lo había dicho en broma. Ni por asomo iba a tardar tanto en arreglarme. En descansar no decía que no, ya que no tenía otra cosa mejor que hacer después del trabajo, y hasta que viniera a recogerme.

Me acostumbré desde bien joven a que Lewis me acompañara a todos lados, pero no por ello yo dejé de tener mi intimidad y mis momentos de soledad.