La chica de las flores Capítulo 19
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Capítulo 19

Eimy

—Gracias —le dije a una clienta que se llevaba una planta preciosa en una maceta.

—Gracias a ti por aconsejarme —me sonrió—. Me encanta.

—Me alegro.

La acompañé hasta la puerta porque tenía las manos ocupadas. Se la abrí y cerré una vez salió y después de despedirnos. De nuevo sola, me dirigí a la zona de trabajo, hacia el lateral de la tienda.

Para atender a la clienta, había parado de preparar uno de los arreglos florales que estaba haciendo para la boda de Natalie.

Era martes y, entre la entrega del día anterior y la que me habían hecho hoy, ya había acumulado las flores suficientes para poder trabajar con ellas.

En cuanto pude, me puse a crear los adornos decorativos. El día me había cundido, ya que iba por la cuarta decoración y todavía quedaba más de media tarde por delante.

Había sido suerte, porque no habían entrado muchos clientes a la floristería y los encargos por la web los había dejado listos rápido. Tuve poco entretenimiento.

Antes de irme de la floristería, le haría fotografías a todo lo que había preparado, para enviárselas a Natalie. Tal como me pidió que hiciera.

Me hacía ilusión saber su opinión y también la necesitaba, por si tenía que retocar algo o cambiar alguno de los arreglos para darle otro toque.

Yo estaba trabajando convencida y dándole forma a las ideas que tenía en la cabeza, pero no podía dar por hecho que a la novia le gustara todo lo que estaba haciendo.

Me senté en mi silla de trabajo y me preparé para continuar. Esa fue mi intención, pero tuve que retrasarme un poco más cuando mi móvil sonó dentro del bolsillo del pequeño delantal que llevaba atado a la cintura.

—Mamá —dije al descolgar.

—Hola, cariño —me respondió cantarina.

Sonreí.

—¿Estás muy liada? —me preguntó.

—Bastante, pero no lo suficiente para no hablar contigo.

—Ay, que te quiero.

Reí.

—Y yo a ti. Estoy preparando una de las decoraciones para la boda. Cuando la termine, tendré cuatro hechas.

—Oh, qué bien.

—Sí —sonreí—. En cuanto tenga el visto bueno de Natalie, la novia, comenzaré a preparar todos los arreglos que necesitaré para decorar la casa de sus padres, para la ceremonia y la celebración.

—Puedo ir a ayudarte, cariño. Teniendo la muestra, solo tengo que hacer las demás iguales.

—Gracias, mamá. Había pensado en decírtelo, pero dentro de unos días.

—Cuenta conmigo. ¿Quieres que vaya ahora?

—No —reí—. De esta tarde me encargo yo. Para lo que queda, no vale la pena que te prepares y vengas. Mañana.

—Está bien. Pues mañana estoy ahí para pasar el día juntas. Llegaré sobre las nueve. Me levantaré temprano para dejarle la comida hecha a tu padre, para que no tenga nada que hacer cuando llegue de trabajar, y así nosotras también tenemos comida.

—Genial. Y no tengas prisa por llegar, da igual que sean las nueve o las diez. Que te conozco. Tómatelo con calma.

—Vale —rio.

Negué porque no iba a hacerlo. Se daría prisa para estar lo antes posible conmigo.

—Antes de irme le enviaré a la novia las fotografías que les haga a todos los arreglos florales y mañana ya sabré si tengo su confirmación para seguir adelante o las modificaciones que ella me indique.

—Estupendo. Yo puedo ponerme a trabajar haciendo las copias de lo que has hecho hoy, porque estoy segurísima de que esa chica te dará su aprobación en todo, y tú, mientras tanto, puedes seguir creando los modelos que te falten, para enseñárselos también.

—Algo así había pensado. Siempre te me adelantas.

—Así somos las madres.

Rio y sonreí.

—Ahora te dejo, cariño. No quiero retrasarte.

—Vale. Nos vemos mañana.

—Ahí estaré.

Colgué y durante la siguiente hora estuve muy entretenida y concentrada trabajando. Cuando terminé el arreglo floral, me quedé tan satisfecha que los nervios pudieron conmigo.

Me ganó la emoción que sentía y no esperé para hacer las fotografías. En cuanto las tuve, con una buena iluminación, entré en la aplicación de mensajes y busqué el número de Natalie.

Inicié la conversación con ella, ya que todavía no nos habíamos escrito.

Eimy: Hola, Natalie. Soy Eimy, la florista. Tengo para enseñarte los primeros arreglos florales. Como verás, son diferentes, ya que mi intención es darle un toque especial a cada estancia.

Eimy: A ver qué te parecen. Ya me dirás si quieres que modifique algo para darles un aire diferente. Por mi parte, yo los veo muy bonitos y sofisticados, pero tú tienes la última palabra para tu día especial.

Eimy: Con lo que me digas, seguiré trabajando para crear todos los que necesito para decorar todos los espacios. Para cualquier modificación, volveré a enviarte nuevas fotos.

A continuación, le adjunté las fotografías y terminé con otro mensaje.

Eimy: Y, para acabar, espero que estés bien y que todo te vaya bien. Un abrazo.

Salí de la aplicación, me guardé el móvil en el bolsillo del delantal, y di varios paseos hasta la cámara de refrigeración. Llevé todos los arreglos al frío, para que se mantuvieran frescos.

Añadí el que acababa de terminar y regresé a mi zona de trabajo, para seguir con un nuevo adorno floral.

Con la intención de terminarlo, antes de la hora de cierre de la floristería, me evadí de todo menos de lo que tenía entre manos. Por suerte, no entró nadie en la tienda y no me despisté.

Tanto me desconecté de lo que me rodeaba, que cuando sonreí viendo terminado el quinto adorno floral, me dio por mirar el móvil y entonces me di cuenta de que Natalie me había contestado a los mensajes.

Me levanté de la silla y llevé la nueva creación a una zona más bonita y luminosa, para sacarle una foto. La última del día.

Entré en la conversación con Natalie, impaciente y nerviosa por saber qué le habían parecido las fotografías.

Natalie: ¡Hola, Eimy! ¡Qué ilusión saber de ti! Dios, me encantan las cuatro decoraciones. Léelo gritando. Ja, ja, ja…

Natalie: De verdad, me he enamorado de todas. Ni se te ocurra modificar nada, tienes mi visto bueno para continuar con ellos. Son muy elegantes y como dices, preciosos y sofisticados.

Natalie: Qué pasada.

Natalie: Gracias por tu preocupación. Estoy bien, aunque cada vez más histérica por el día de la boda. Ja, ja, ja… Tengo a Greta subiéndose por las paredes. ¿Te puedes creer que hoy no ha descolgado mis llamadas? Ja, ja, ja…

Natalie: Esto último en parte es broma. Me ha costado contactar con ella, pero a su favor diré que ha tenido un día muy liado. Así que no estaba escondiéndose de mí. Tampoco podría.

Acompañó el final de su mensaje con un guiño y risas.

Eimy: Perdón. No me he dado cuenta hasta ahora de tus mensajes. He estado tan concentrada trabajando en esto, que me he evadido de todo. Mira, el quinto.

Le adjunté la última fotografía, esperando que opinara lo mismo que de las otras.

Eimy: Me alegro muchísimo de que te hayan gustado tanto los anteriores.

Eimy: Mañana comenzaré a trabajar en las copias de los que ya tenemos seguros. Qué ilusión.

Natalie: ¡Eimy!

Sonreí.

Eimy: Hola, Natalie.

Natalie: Hola, preciosa. Este último también me encanta. Jooo…

Reí.

Eimy: Me has hecho reír. Trabajar contigo es muy fácil. Al final voy a creerme que lo hago genial. Ja, ja, ja…

Le escribí con diversión y una gran sonrisa.

Me senté en la silla del mostrador desde el que atendía a los clientes.

Natalie: ¿Estás de broma? ¿No te lo crees? Eso tenemos que hablarlo en persona, para dejártelo muy clarito. Ja, ja, ja… ¿Qué me dices? ¿Te apetece quedar esta tarde un rato?

Natalie: Tengo esta tarde libre poque tenía la última prueba del vestido de novia. Ya he salido, ha sido rápido, por lo que estoy libre. Me encantaría verte otra vez. Si puedes, claro.

Eimy: Oh, ¿todo bien con el vestido? Espero poder verlo alguna vez.

Natalie: Ha ido genial. Mañana ya lo tendrán preparado para que lo recoja, ya que hoy me quedaba perfecto. ¡Y claro que lo verás! Cuenta con ello.

Eimy: Gracias, Natalie. Será lo más cerca que estaré de una boda porque mis amigas van por la misma carrera que yo. Ja, ja, ja…

Natalie: Nunca se sabe, querida.

Eimy: ¿ Para quedar sería ya? Es que me queda una hora para cerra la floristería. No tengo aquí a mi madre ni a mi amiga para que cierren ellas por mí.

Natalie: ¿No puedes irte antes por un día?

Eimy: Poder, puedo, pero si viene algún cliente…

Natalie: Dame unos pocos minutos para arreglarlo.

Fruncí el ceño.

Eimy: ¿El qué?

Natalie: Para que vaya un hombre de mi confianza a comprarte todos los ramos que tengas hechos. Ja, ja, ja… Y lo demás que vendas.

Eimy: Estás de broma.

Abrí los ojos al máximo, mirando hacia la puerta de la floristería.

Natalie: Para nada estoy bromeando. Ja, ja, ja… Si estuviera Greta en la conversación te lo confirmaría. No quiero que pierdas ventas por mi culpa, pero sí quiero que nos veamos ya, así que…

Eimy: Por Dios, Natalie, ni se te ocurra.

Natalie: Ja, ja, ja…

Eimy: ¡Lo digo en serio! Dime dónde nos vemos y cierro la tienda antes. No hay problema. Además, me vendrá bien desconectar y tomarme un tiempo para mí.

Natalie: Así se habla — puso una cara haciendo un guiño—.  ¿Te parece bien en veinte minutos en la plaza del mercado? ¿Ves? Soy buena, tienes quince minutos para ir sin prisa porque tienes la zona cerca.

Eimy: Por mí genial. Tengo la plaza al lado, aunque igualmente iré con la moto para irme después directa a mi piso. Nos vemos en un rato.

Natalie: Vale. ¡Hasta ahora!

Salí de la conversación negando con la cabeza, pero sonriendo por Natalie. La veía muy capaz de hacer lo que había dicho, por eso me había asustado.

Me guardé el móvil en el bolsillo del delantal y me puse a recoger la zona de trabajo, para encontrármela lo mejor posible al día siguiente. Después continué llevando todos los recipientes con las flores a la cámara de refrigeración.

Al terminar fui a mi despacho, donde me quité el delantal para guardarlo, una vez saqué el teléfono y lo dejé sobre la mesa.

En el baño me lavé las manos y me arreglé un poco el pelo, cepillándomelo y rehaciendo la trenza que llevaba desde por la mañana.

De vuelta en el despacho, cogí el bolso del armario, en el que metí el móvil. Me fui dejando todas las luces apagadas.

En el momento en el que llegué a la zona principal de la floristería, vi a un hombre al otro lado de la puerta de cristal y me apresuré a ir hacia él.

—Hola —le dije sonriente, al abrirle.

—Hola —me devolvió—. ¿Está abierto?

—Eh, sí, claro, aunque me iba ya. Pero si necesitas algo que pueda ofrecerte rápido…

Señalé hacia el interior de la floristería, hacia dónde él observó detenidamente.

—Me han encargado que haga una buena compra, pero según lo que tú me digas, para no dejarte sin stock de flores.

Agrandé de los ojos.

—No lo ha hecho… —susurré.

—¿Cómo?

—¿Vienes de parte de Natalie? —le pregunté.

—No.

Su respuesta me descolocó porque no entendí a qué venía entonces lo de querer hacerme una buena compra tan precipitadamente, justo después de la conversación que había tenido con Natalie.

—Pero… —hablé pensativa—. ¿No conoces a ninguna Natalie? —insistí.

Sonrió de medio lado y elevé las cejas.

—No quiero retrasarte mucho —dijo, ignorando mi pregunta.

—No te preocupes —sonreí—. Bueno, pues…

Me giré hacia el interior de la tienda, observando todo lo que había fuera. Casi todo eran las plantas en macetas, ya que estas eran duraderas con un buen mantenimiento.

Las flores sueltas y los ramos preparados que me habían sobrado estaban en la cámara de refrigeración, como muchas otras cosas.

Solté un suspiro.

—Las flores y los ramos los tengo guardados en la cámara, frescos. Ahora los saco por si quieres llevarte flores sueltas o algo más elaborado, montado —le dije.

—Espera. Voy a ser más práctico para no complicarte y así no te hago trabajar mucho. ¿Cómo ves que me lleve las macetas de ahí?

Abrí los ojos al máximo, viendo hacia dónde señalaba.

—¿Todas? —le pregunté sorprendida.

—Sí —me confirmó, sonriendo.