Capítulo 7
Salí del baño corriendo, para llegar a tiempo a descolgar la llamada que llevaba un rato sonando en mi móvil.
—¿Diga? —pregunté acelerada, sin mirar la pantalla.
—¿Eimy?
—Sí.
Contuve la respiración al reconocer la voz.
—Soy Greta.
—Hola, Greta —la saludé.
—Hola. ¿Te pillo en mal momento?
—No, perdona. Es que no estaba al lado del móvil y he venido corriendo.
—Ah. Vale. Esperaba hacer esto con tiempo y no de manera tan precipitada, pero se acaba de presentar la ocasión perfecta.
—¿De qué se trata?
—Necesito que esta mañana vengas conmigo a la mansión, para que tomes tus notas y hagas tus cálculos.
Todo lo que necesites. Si te parece bien, te recogeré en la floristería dentro de una hora e iremos directamente a la mansión.
Resulta que la novia estará esta mañana allí y me ha insistido para conocerte personalmente.
—¿De verdad? —me sorprendí.
—Sí. Ya te dije que le encantó tu trabajo con las flores.
De manera que había pensado llevarte primero a la mansión, para que os conozcáis y así empezar con el trabajo.
Después tenía en mente pasarnos por la iglesia, para que tengas una imagen real del lugar.
Está hablado con el párroco. Tenemos permiso para todo lo que hagamos.
—Vaya… —susurré.
—¿Qué me dices? ¿Puedes?
—Eh, sí. Ahora hablaré con una persona para que me sustituya en la floristería.
—Gracias, Eimy. Siento haberte liado tanto el día y eso que todavía no ha comenzado.
—No pasa nada. Ha surgido así.
—Sí. Es que no es nada fácil coincidir con la novia, te lo aseguro.
—Tranquila —sonreí.
—Te dejo ya, para que hagas lo que tengas que hacer. Qué bastante prisa te he metido de buena mañana. Nos vemos en una hora. Pararé frente a la tienda. Mi coche es…
Me dijo el modelo y el color y yo le comenté que estaría esperándola en la puerta de la floristería a las nueve.
Colgué y me quedé mirando la pantalla, antes de reaccionar para llamar a la única persona que podía sustituirme en la floristería. Por muchos motivos.
Me llevé el móvil a la oreja mientras salía de la habitación.
Eran las ocho menos diez de la mañana, muy pronto, por lo que todavía estaba en mi piso.
—Eimy, ¿pasa algo? —me respondió mi madre.
—Mamá. Necesito que me ayudes.
—¿Qué sucede?
Se preocupó más.
—Tranquila. No me pasa nada malo.
—¿Seguro?
—Sí.
—Oh, por Dios —suspiró y sonreí—. ¿Entonces por qué me pides ayuda un día entre semana cuando no son ni las ocho de la mañana?
—¿Te he despertado?
—Qué va. Llevo un rato dando vueltas en la cama, desde que se fue tu padre a trabajar.
—Acaba de llamarme Greta, la organizadora de la boda para la que me han contratado. Me ha dicho que en una hora me recoge en la floristería para llevarme a la mansión. La veré para hacerme una idea de los sitios que tengo que decorar y esas cosas. Después me llevará a la iglesia para lo mismo.
—¡Qué rápido todo!
—Sí —reí—. Es que esta mañana está la novia en la mansión de sus padres y quiere conocerme.
—Oh.
—¿Puedes hacerme el favor de quedarte en la floristería hasta que yo llegue? No sé cuándo será porque, por todo lo que me ha dicho Greta, entre unas cosas y otras, me parece que se me echará encima la hora de comer.
—Claro, cariño. Ve tranquila, yo te cubro el tiempo que sea necesario.
—Gracias. Eres la mejor.
—Eso ya lo sabemos.
Reímos.
—Has dicho que te recoge en una hora en la floristería.
—Sí. Yo ya estoy vestida. Iba a tomarme un café e irme hacia allí.
—Vale. Llegaré en media hora o así. Tengo que arreglarme.
—¿Quieres que vaya a tu casa a recogerte?
—¿E ir en la moto? Me he ofrecido a ayudarte, pero no quiero morir en el intento.
Soltamos una carcajada.
—Sabes que todo lo que no tenga cuatro ruedas no va conmigo —continuó hablando entre risas—. Iré en taxi.
—Vale, mamá. No te entretengo más para que no tengas que correr mucho. Recuerda que hasta unos minutos antes de las nueve tienes tiempo.
—Sí, sí… Lo tengo controlado.
Sonreí.
—Hasta ahora.
—Hasta ahora, cariño.
Colgué mucho más tranquila y agradeciendo haber terminado la tarde anterior los ramos que los clientes recogerían hoy.
Si no fuera el caso, mi madre podía encargarse de preparar los que faltaran, de la misma forma que prepararía todo lo que fuera necesario para los clientes que entraran a la tienda.
Con lo experta que era con las flores y las plantas, y el gusto que tenía, desaparecía de la floristería sintiéndome muy tranquila porque en mejores manos no podía dejar el negocio.
Pero pudiera ella o no, no me hubiera gustado dejarle trabajo pendiente para hoy.
Me preparé un café con leche, sin saber cómo iba a sentarme al estómago. Me había puesto muy nerviosa con la llamada inesperada.
La esperaba en cualquier momento, pero no recién levantada un miércoles.
Me tomé el café con calma, porque llegar a la floristería en la moto no me llevaba mucho tiempo.
Salí al balcón a bebérmelo.
Hacía un día precioso y, en cuestión de horas, se sentiría caluroso. Ya se notaba y era temprano.
Al final, el café me sentó bien, como cualquier otro día, y cuando terminé y dejé la taza en el fregadero, fui hasta mi habitación para calzarme y coger el bolso.
Era lo único que me faltaba por hacer. Una vez me colgué el bolso, metí dentro el móvil y me dirigí hacia la puerta del piso, dispuesta a enfrentar un nuevo día.
Este iba a ser muy diferente, teniendo en cuenta que iba a estar en una mansión. Todavía me costaba creer la magnitud del trabajo que iba a realizar y a las personas que iba a conocer.
Incluso ver por primera vez a Greta me imponía y me aceleraba, y solo era la organizadora. Al decir lo de «solo», mi única intención era resaltar que ella no formaba parte de la familia rica para la que iba a trabajar.
Porque a la novia iba a conocerla hoy, pero la boda y todos los gastos derivados de ella los pagarían sus padres multimillonarios, como un regalo de bodas para los novios.
Me tembló todo y me reí sola.
Bajé en el ascensor hasta mi plaza de aparcamiento, donde me esperaba mi moto. Me crucé el bolso al pecho, cogí el casco para ponérmelo y me monté.
Arranqué y salí a la calle, para alejarme haciendo el mismo camino de cada mañana, de lunes a sábado.
Después de unos minutos, aparqué en el estacionamiento de enfrente de la tienda y, una vez guardé el casco y aseguré la moto, me dirigí hacia la entrada de la floristería.
Desbloqueé los candados de la persiana y la subí, para entrar después. Eché un vistazo rápido a todo sin encender las luces y, dejando el cartelito en la posición de cerrado para que se viera desde la calle, salí de la tienda cerrando con llave.
No me quedé porque necesitaba otro café urgente y porque estaba tan nerviosa que no iba a poder hacer nada de trabajo. Tampoco quería empezar algo y dejarlo a medias, ya que en media hora Greta estaría aquí.
Por eso decidí que lo mejor era tomármelo con calma, porque la mañana en la floristería ya la tenía perdida.
Me senté a una mesa de la pequeña terraza de la cafetería y le pedí un café con leche a la camarera que se acercó a atenderme.
Solté un suspiro, mirando la fachada de la floristería, mientras pensaba en cómo estaba cambiando todo. De buenas a primeras, todo iba muy rápido.
No era una queja, pero sí me llamaba mucho la atención y también, porque no decirlo, me daba un poco de miedo que, igual de rápido que estaba subiendo, llegara una bajada que me lanzara al suelo de golpe.
Fuera como fuera, iba a aprovechar las cosas buenas que estaban sucediéndome.
La camarera regresó con mi café con leche y se lo agradecí. Antes de que se fuera, le pagué con varias monedas.
Me preparé el café a mi gusto y le di el primer sorbo, observando la calle. Desde donde me encontraba vería perfectamente llegar a mi madre y, si aparecía con tiempo, en vez de ir hacia ella, la llamaría para que se uniera a tomarse un café conmigo.
Íbamos muy bien de tiempo. La floristería abría al público a las nueve de la mañana, aunque yo estuviera dentro desde las ocho y cuarto o y media.
Sonreí cuando, al cabo de unos minutos, un taxi paró cerca de la floristería y de él se bajó mi madre.
—¡Mamá! —la llamé en alto, cuando estaba cerrando la puerta del taxi.
Levantó la cabeza y miró por la calle, para encontrarme. Sonrió cuando me vio en la terraza.
Le pedí que viniera moviendo una mano y asintió, antes de mirar a ambos lados de la carretera para cruzarla.