40
Han pasado tres semanas desde aquel día.
He regresado al Bellevue, pero no por mi propio pie ni con un uniforme de enfermera. Esta vez soy una paciente. Estoy ingresada en el ala de psiquiatría desde que Josh me sacó de aquella casa.
Según me han contado, sufrí otro ataque de pánico.
Cuando vi a Josh abrir la puerta perdí el conocimiento y volví a desconectarme de la realidad.
Después de eso no recuerdo nada. Hay un vacío enorme.
No recuerdo la ambulancia, ni el hospital, ni quién tomó la decisión de ingresarme.
Es como si alguien hubiera arrancado varias páginas de mi vida y las hubiera tirado a la basura.
Valerie ha aprovechado su condición de directora de enfermería y ha venido a verme un par de veces, o quizá más pero no las recuerdo todas.
Fue ella quien me explicó que el contrato del Bellevue incluía un seguro médico que cubría este tipo de ingresos.
Al menos no tendré que preocuparme por las facturas ya que pasaré aquí una larga temporada.
Ha sido un detalle por su parte no formalizar mi despido con anterioridad a lo sucedido en casa de Trevor.
Por un lado, es una buena noticia, pero también una pésima.
He aceptado que ya no volveré a trabajar aquí.
En realidad, no creo que quisiera hacerlo aunque pudiera.
Después de todo lo ocurrido, después de que medio hospital me viera entrar completamente rota con el pijama que llevan los enfermos mentales, sería incapaz de volver a cruzar esos pasillos fingiendo que no ha pasado nada.
Hoy es un día especial porque me permiten recibir visitas externas por primera vez.
No es que haya una cola esperando para verme. Nunca he sido especialmente popular y, después de todo esto, mucho menos. Pero hay una persona que jamás falla.
Claire.
La veo aparecer en el umbral mientras la espero sentada frente a una pequeña mesa en el centro de una habitación completamente blanca.
Las paredes son de cristal. Al otro lado permanece un celador enorme, con los brazos cruzados y los ojos puestos sobre mí desde que entré.
No aparta la mirada ni un instante, preparado para intervenir si hago algo que no debo.
Entiendo que solo está haciendo su trabajo, pero no hace falta que me mire así; basta con verme a mí y luego a él para entender que no soy una amenaza.
Reconozco que es doloroso.
Porque, cuando empiezas a recuperar la lucidez, también recuperas la conciencia de cómo te ve el resto del mundo.
Y hace ya varios días que soy plenamente consciente de todo. De mis errores. De lo que viví. De aquello que mi cabeza decidió esconder para protegerme y que terminó haciéndome mucho más daño.
En cuanto Claire se adentra en la estancia, la puerta se cierra tras ella. Corre hacia mí y me abraza con tanta fuerza que ya no puedo contener las lágrimas.
Me aferro a ella.
He sabido por otras personas que estoy viva gracias a esta mujer.
—¿Cómo estás? —pregunta cuando por fin nos sentamos.
Me cuesta responder. Tengo un nudo en la garganta.
—Estoy bien... creo. Quería darte las gracias por salvarme.
Ella baja la vista.
—Y yo quería pedirte disculpas. Me siento mal por haberte instalado una aplicación para localizar tu teléfono.
Espero que entiendas que estaba muy preocupada por ti.
Quizá no debería haberlo hecho, pero después de todo lo que pasó...
Te juro que nunca llegué a utilizarla, solo esa vez porque no daba contigo. No quise invadir tu intimidad…
—Claire, no tienes que…
—No, escúchame. Por favor. Es importante para mí.
Vine a Nueva York después de avisarte de que iba a quedarme unos días contigo.
Como no contestabas el teléfono, fui a tu edificio, pregunté en recepción, después en el hospital...
y nadie sabía dónde estabas. Fue entonces cuando utilicé la aplicación. Te lo prometo.
Niego despacio.
—No tienes que disculparte. Me salvaste la vida.
Claire se encoge de hombros. La noto afectada por lo sucedido, es demasiado buena persona. Cambio de tema.
—Le preguntaste a Valerie por mí... ¿Sabes que me había despedido?
—Eso lo descubrí después aunque, por suerte para ti, no llegó a notificar tu despido a la junta de personal esa mañana.
Valerie y yo hemos estado en contacto desde que te contrató.
Esa parte nunca llegué a contártela. Tuve que explicarle todo lo que habías vivido.
Ibas a empezar una vida sola en Nueva York y necesitaba a alguien que pudiera avisarme si veía señales de peligro.
Habías intentado suicidarte... Solo intenté hacer lo correcto siguiendo las pautas que me dictaron cuando acepté tutelarte.
Le tomo la mano entre las mías.
—Lo hiciste bien, Claire.
Ella aprieta mis dedos.
—Cuando llamé a Valerie para decirle que no te encontraba no me dijo que te hubiera despedido.
Me dio largas e intentó tranquilizarme. Pero todo cambió cuando le pregunté por la dirección donde tu teléfono había dejado de emitir señal.
Ella no estaba sola, conducía su coche junto a su marido.
Iban a recoger a su hijo de la guardería y hablaba conmigo por el manos libres.
En cuanto él escuchó aquella dirección, intervino.
La observo sin pestañear.
—¿Qué quieres decir con que intervino?
—Me preguntó si estaba segura de la dirección que acababa de dar. Cuando le dije que sí, me dijo que cogía un taxi inmediatamente y que nos veíamos allí media hora después. Quedamos frente a la casa de Trevor. Lo demás... supongo que ya lo sabes.
Arrugo la frente, extrañada.
—¿Cómo sabía Josh que yo estaba en peligro?
—Josh y yo nos presentamos en casa de Trevor y llamamos a la puerta.
Cuando él salió a abrir y le explicamos que tu teléfono tenía una aplicación de rastreo, empezó a ponerse nervioso.
Josh le pidió que nos dejara echar un vistazo y Trevor se negó.
La conversación escaló y terminó en pelea.
El resto ya lo sabes. Se escuchaban tus gemidos y Josh los siguió hasta el sótano.
—Fue horrible… No quiero recordarlo.
—Ya estás a salvo.
Me paso una mano por la frente.
—¿Qué le hizo pensar que estaba sucediendo algo cuando le diste la dirección de Trevor? Ahora que lo pienso, Él le había pedido mi teléfono a Valerie, no era descabellado pensar que podíamos tener una relación.
Claire se encoge de hombros.
—Has de saber que nadie se imaginaba que Trevor y tú os veíais.
Arqueo las cejas, sorprendida.
—Nadie sabe cómo consiguió Trevor tu número. Tal vez se lo diste tú cuando lo conociste como Linda Ross, ¿quién sabe? Lo que es seguro es que Valerie no se lo dio.
Echo el cuello para atrás. Esa parte no la recuerdo.
—Para los trabajadores del Bellevue Trevor era un marido ejemplar —continúa Claire—. Nadie se planteaba que pudiera serle infiel a su mujer. Por muy incapacitada que estuviera.
—Hay que reconocer que sabe cómo ocultar sus secretos —lamento.
Claire duda un instante.
—Bueno... supongo que ya puedo contártelo. Todo esto ha salido en las noticias. Está en todas las portadas, Megan. Ya no queda ningún secreto. Ni siquiera que tú eras Linda Ross. Es… Bueno, no se habla de otra cosa.
Me llevo una mano a la frente.
Durante unos segundos siento una punzada de vergüenza. Después desaparece.
A estas alturas me da exactamente igual.
—Espero que, si hacen una serie, al menos me dejen interpretarme a mí misma —bromeo.
Claire rompe a reír y yo termino acompañándola.
—Resulta que Josh mantuvo una relación con Harper Lynch antes de que ella se obsesionara con Trevor.
Asiento despacio.
—Sí. Valerie me contó que tienen una relación abierta. No es mi estilo, pero no soy quien para juzgarlo.
—El caso es que Josh seguía muy colgado de Harper. Cuando desapareció empezó a buscarla por todas partes. Consiguió localizar a una prima suya que también estaba preocupada porque Harper se había marchado y no quería saber nada de nadie.
Trago saliva.
—Sí... algo me comentó Harper la primera vez que estuve en el sótano. Aún se mezclan los recuerdos y me resulta complicado, pero le oí decir que su prima no dejaba de buscarla y se quejaba porque no quería que la encontraran.
—Lo cierto es que Josh y Tracy, la prima de Harper, sí consiguieron encontrar un hilo del que tirar —continúa Claire—. Una amiga de la familia comentó que la había visto discutir con la mismísima Linda Ross en el Majestic.
Asiento despacio.
Recuerdo aquella noche.
—La noche en la que Trevor te llevó por primera vez a su casa, Josh os siguió. Quería hablar contigo, o sea, con Linda Ross y preguntarte por Harper. Pensaba que, si habíais discutido, tal vez os conocierais o quizá pudieras darle algún dato para encontrarla.
—Claro… Él no sabía que Harper estaba enajenada en el sótano de Trevor.
Claire niega con la cabeza.
—Imagina su sorpresa cuando os siguió y descubrió que la dirección a la que ibais era precisamente la del doctor Trevor Green. Ambos se conocían de cuando Josh trabajaba en el Bellevue y también sabía que estaba casado con una mujer en estado vegetativo.
Permanezco callada.
—Al principio no le dio demasiada importancia.
Pensó que Trevor buscaba consuelo con otras mujeres porque su matrimonio era prácticamente inexistente.
Y precisamente Josh, que tiene una relación abierta con Valerie, no se consideraba nadie para juzgarlo y no quiso meterse en la vida privada de Trevor y exponerlo ante el resto de trabajadores del hospital.
Pero Harper seguía desaparecida y aquello empezó a preocuparle de verdad.
Así que comenzó a buscarte con la esperanza de encontrarte sola algún día y así preguntarte si sabías algo de ella.
Siento un escalofrío.
—Pero nunca pudo hacerlo... porque yo ya estaba encerrada en el sótano.
Claire asiente.
—Exacto. Harper seguía enviando mensajes desde tu teléfono y desde el suyo, así que todos pensaban que simplemente habíais decidido desaparecer durante una temporada.
Bajo la mirada hacia la mesa.
Ahora todo encaja a la perfección. Cada pieza encuentra por fin su lugar.
—Como no podía encontrarte en el teatro, Josh empezó a rondar la casa de Trevor, quería abordarte a solas y preguntarte por Harper.
—Eso fue lo que ocurrió el día que conseguí escapar —concluyo.
—Supo que eras Linda Ross porque llevabas puesta la misma ropa que el día que os siguió a Trevor y a ti hasta esa casa. Pero no pudo verte la cara. O al menos no lo suficiente como para reconocerte después en el rooftop del Empire el día que Valerie os presentó.
—No quería que me viera, pensaba que debía huir por lo que acababa de suceder con Harper.
—Lo único que consiguió fue seguirte en otro taxi hasta tu edificio. Así obtuvo tu dirección. La que más tarde facilitaría a Tracy, la prima de Harper.
Se hace un breve silencio.
Algo hace clic en mi cabeza.
Alzo lentamente la vista.
—Fue ella...
Claire no necesita que termine la frase.
—Sí.
—Fue ella quien me atacó en el baño del restaurante —digo tapándome la boca con las manos.
Algo se tuerce en el rostro de Claire. Desvía la mirada hacia el suelo.
—Así es —dice—. Lo ha confesado durante su declaración.
Parpadeo varias veces.
—¿En su declaración? —pregunto.
Cuando alza la cabeza y veo su rostro, es diferente. Sé que lo que viene ahora no me va a gustar.
—La familia de Harper quiere que te acusen de asesinato. No aceptan tu versión de los hechos.
Siento que el estómago se me cierra de golpe. Un nudo asciende por mi garganta y durante unos segundos me cuesta incluso respirar.
—Eso... ¿Depende de ellos?
—No. Depende del fiscal.
Trago saliva.
—¿Debo preocuparme?
Claire se toma unos segundos antes de responder.
—He hablado con un amigo abogado y, por lo que dice él y por lo que está publicando la prensa, es poco probable que acabes condenada.
Todo apunta a que actuaste para defenderte y en el peor de los casos sería homicidio involuntario.
No te voy a engañar, sí que es posible que el caso llegue a juicio porque existen indicios suficientes para que un jurado tenga que valorar lo ocurrido.
Agacho la cabeza.
Claire vuelve a buscar mi mano.
—No vas a pasar por esto sola. Estaré contigo en cada paso, ¿de acuerdo?
Asiento sin demasiada convicción.
—¿Debería buscar un abogado? No tengo dinero, Claire.
Ella suspira.
—Tal vez deberías plantearte vender el apartamento de tu madre.
Por mucho que me duela admitirlo, tiene razón. Además, no deseo volver allí.
No quiero cruzar nunca más aquella puerta ni recorrer aquel pasillo.
No quiero mirar la habitación donde Richard...
donde Trevor y yo pasábamos horas encerrados.
Yo creía que allí estábamos construyendo una historia de amor.
Él, en cambio, levantaba otra realidad sobre una montaña de mentiras.
Aquel apartamento ya no es un hogar. Es un pequeño pedazo del infierno.
Permanezco unos segundos en silencio antes de atreverme a formular la pregunta que llevo evitando desde que Claire entró.
—¿Y Trevor?
Ella inspira hondo.
—Lo niega absolutamente todo.
No me sorprende.
—Pero lo tiene bastante más complicado que tú.
Cuando llegamos a la casa te encontramos atada a una cama y con un fuerte golpe en la cabeza.
Además, la Policía Científica encontró restos de ADN de Harper Lynch repartidos por toda la vivienda.
Su cuerpo sigue sin aparecer, pero han localizado una cámara de seguridad que grabó el coche de Trevor cerca de la bahía de Hempstead al día siguiente de que escaparas del sótano por primera vez.
Cierro los ojos.
Así que era verdad, la tiró al mar.
—Eso hace que la historia que tú le contaste a la policía encaje prácticamente al completo —continúa Claire—. Pero hay más.
Vuelvo a mirarla.
—¿El qué?
—Revisaron el registro de la alarma de la casa de Trevor la noche en que su mujer cayó por las escaleras. Hasta ahora nadie había prestado atención a eso porque todos daban por hecho que había sido un accidente doméstico. Pero, después de lo ocurrido, decidieron comprobarlo.
Contengo la respiración.
—A las 03:04 de la madrugada alguien introdujo correctamente el código de acceso de la vivienda. Tu versión coincide con los registros.
Siento como se tensa mi cuerpo.
Claire aprieta los labios.
—Y hay otro problema para Trevor. Su suegro es un hombre con muchísimo poder. Durante mucho tiempo creyó que su hija había tenido un accidente. Ahora todo es distinto y piensa utilizar toda su influencia para que Trevor responda ante la justicia. No va a descansar hasta verlo condenado.
La miro sin decir nada.
—Puedes estar tranquila. Trevor no volverá a pisar la calle en mucho tiempo, Megan. Probablemente, nunca más —sentencia Claire.