La Caza Fae (Serie Kat Drummond 9) 1. Serpientes #3
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1. Serpientes #3

—¿Te gusta? —pregunté. Heather casi se sale de su pellejo del susto.

—Oh... Señorita... Kat. Sí, perdón.

Puse los ojos en blanco. Como he dicho, Heather era una máquina en combate. Pero, fuera de él, eso ya era otra historia.

—Quédatelo —le dije—. Hay algunos herreros en la Ciudad Vieja que pueden convertirlo en el mango de un arma de asta.

—¿Está segura? Usted lo mató.

—¡Lo matamos nosotros! Caray, Heather. Reconócete el mérito cuando te toque. Lo matamos nosotros y puedes quedarte con parte del botín.

Señalé a Cindy, que estaba agachada cerca de la boca de la bestia y vertía un líquido humeante en viales.

—¿Ves? Cindy tiene la idea correcta. Cogemos lo que queremos antes de que Saneamiento se lleve el resto y convierta la carne en comida para gatos.

—¿Comida para gatos?

—¡Es un chiste! —Al menos eso esperaba. O quizá a Alex le gustaría probar un poco de Grootslang.

Pasamos el tiempo que quedaba antes de oír llegar los camiones de Saneamiento recogiendo todo lo que podíamos tajar y meter en una bolsa. El colmillo de Heather ya estaba escondido en la furgoneta.

—¿Alguna parte de cuerpo saqueada que declarar? —preguntó el oficial de Saneamiento con pereza.

—No —respondí, mientras mi bolsa tintineaba con algunos de los viales de Cindy. Se había quedado sin espacio en la suya.

El oficial de Saneamiento puso cara de no creernos. O de que le daba igual. Examinó a la bestia y soltó un gran suspiro.

—Voy a necesitar un equipo de incineración y luego algunos carroñeros para los huesos y otros materiales duros.

—Buena suerte con eso —dije, batiéndome en rápida retirada. Los operativos de Saneamiento eran apáticos y pasarían por alto delitos si no veían beneficio propio, pero si sentían que querían alguna parte de monstruo saqueada más que tú, te la disputarían.

—¿Dónde está el otro colmillo? —preguntó otro operativo de Saneamiento, examinando la cabeza.

Aceleré el paso hasta que pude ver las luces del mundo exterior en la entrada del túnel, que daba a una playa.

Vehículos de construcción parados estaban dispersos por todas partes.

Habían perdido a bastantes trabajadores a manos del Grootslang.

Con suerte, sus espíritus podrían descansar en paz ahora que su asesino estaba muerto.

El sol del mediodía pegaba fuerte. A Trudie no parecía importarle, ya que estaba masticando un bocadillo enorme lleno hasta los topes de salami y jamón.

Engullía sin una sola preocupación en el mundo, a pesar de que había manchas oscuras en sus vaqueros y en su top por su roce cercano (o empalamiento) con la muerte.

Me dirigí directa a ella para pedirle un bocado, justo cuando oí una voz familiar.

Para otros, sonaba como la miel. Suave. Encantadora. Segura. Para mí, sonaba como veneno goteando en mis oídos.

—¡Kat! Sabía que te encontraría aquí. Drakenbane anda por ahí persiguiendo grifos mientras los verdaderos monstruos acechan bajo la superficie. Así que, ¿a quién vas a llamar?

Jane Phoenix, concejal y miembro del Comité Interino del Ministerio de Policía, sonrió, esperando a que yo terminara un juego de palabras muy viejo y manido.

Me miró con severidad al ver que yo no respondía, pero pronto se recuperó.

—Ha pasado tiempo desde la última vez que hablamos, Kat.

—Qué curioso. Es como si no hubiera querido continuar esta conversación.

Jane se rió. —¡Qué mordacidad! Encaja con la imagen. Bueno, con tu imagen actual. No estoy segura de que encajara con la imagen que tenemos en mente para ti.

—Dije entonces, y lo diré de nuevo, que estoy ocupada. Cazando.

Jane observó a unos tipos de Saneamiento con trajes de protección y lanzallamas que entraban trotando en el túnel.

—Parece que ya has terminado.

Suspiré. —La caza nunca termina, señora Phoenix. Jamás.

—Oh, cuánta sabiduría. Podría ser un buen eslogan. Pero hay que añadirle algo inspirador.

Trudie seguía masticando su bocadillo cuando se acercó a mi lado. Con la boca medio llena, preguntó:

—¿Este es el reemplazo de aquel gordo capullo?

¡¿Es que Trudie había perdido todo rastro de modales tras su transformación?!

La sonrisa de Jane se ensanchó.

—¡Todavía no! Pero ese es el objetivo. Estaba hablando con tu amiga sobre que me ayude a salir elegida.

Trudie sacó la lengua. —Yo paso, pero a Kat le encanta la política.

—¡No, no me encanta!

—Los amigos no mienten, Kat. ¿Y no tenemos pendiente esa reunión que le prometiste a nuestro mutuo y tristemente fallecido amigo?

Fruncí el ceño. Jim no era un amigo. Ni de lejos. Pero había muerto por haberse acercado demasiado a mí. Me sentía algo responsable.

Miré a Brett. Hizo ostensiblemente un gesto de pulgar arriba o pulgar abajo, preguntando si necesitaba ayuda.

Sentí que sí. Pero no realmente. Jane era, al menos físicamente, inofensiva. Era lo que representaba lo que resultaba difícil de digerir.

Política electoral.

Pero tenía razón. Le debía una reunión. Quizá por fin pudiéramos dejar atrás toda esta farsa y pudiera decirle, de una vez por todas, que no iba a ser la mascota de su elección.

Al menos, ese era el objetivo.