CAPÍTULO 14
El informe que faltaba
Paula Soria había colocado una fotografía de su padre sobre la mesa antes de que llegáramos a la sala de reuniones. La llevaba dentro de una funda transparente, junto con varios documentos, y la retiró cuando me senté frente a ella.
—Carla dice que han conseguido recuperar parte de su trabajo del miércoles —comentó—. Quería estar presente cuando lo revisaran. Mi padre llevaba años guardando copias de todo lo que hacía y me gustaría saber si alguna puede explicar por qué no volvió a casa.
Carla Medina estaba sentada a su lado. Había acudido con la documentación necesaria para identificar los archivos profesionales de Seguridad Soria y Asociados.
Desde nuestra primera visita a la empresa se habían conservado los registros, pero su examen requería separar el material relacionado con Aravaca del resto de información de los clientes.
—La copia ya está preparada —respondí—. Nuria ha trabajado con los técnicos que se ocupan de preservar el contenido y va a enseñarnos los documentos que pueden interesar a la investigación.
Paula recogió la fotografía.
—Antes quisiera preguntarles algo. ¿Han podido averiguar cuánto tiempo estuvo mi padre en aquella casa? Carla me enseñó su último mensaje y sé que llegó poco antes de las cinco, pero nadie me ha dicho si terminó la reparación, si estaba recogiendo las herramientas o si ocurrió algo nada más entrar.
Había formulado la pregunta sin levantar la voz. La fotografía permanecía entre sus dedos.
—Todavía estamos reconstruyendo esa parte de la tarde —le expliqué—.
Sabemos que llegó para revisar los avisos de seguridad y que estaba trabajando en la habitación interior donde lo encontramos.
También hemos identificado sangre suya junto al acceso, pero eso no permite establecer en qué momento sufrió la agresión.
Paula miró a Carla.
—Entonces lo que escribió puede ser importante.
—Puede serlo —respondió su socia—. Aunque quiero que recuerdes que Julián dejaba muchas cosas a medias mientras trabajaba. Escribía una observación, la modificaba y, si encontraba un dato diferente, empezaba otra vez. Lo que recuperemos puede ser un borrador muy anterior a sus últimas conclusiones.
—Lo sé, Carla. Viví con él suficientes años para conocer sus manías.
Por la forma en que pronunció aquella última palabra, sospeché que había escuchado demasiadas explicaciones sobre los hábitos de su padre durante los últimos días.
Nuria entró con un portátil y colocó sobre la mesa una relación de archivos.
—Hemos encontrado una copia parcial en el sistema profesional —dijo—.
Procede de una carpeta de servicios pendientes que no aparecía entre los informes cerrados.
La empresa nos ha ayudado a identificarla y hemos documentado la recuperación.
El contenido que vamos a examinar corresponde únicamente a la intervención de Aravaca.
Carla se acercó a la pantalla.
—Esa carpeta se utiliza cuando un técnico empieza el trabajo y todavía no puede completar la orden. Normalmente la cerramos al recibir el parte definitivo, pero Julián tenía la costumbre de conservar los borradores hasta comprobar que todo estaba bien.
—¿Por qué no apareció cuando hablamos con usted el sábado? —pregunté.
—Porque buscamos entre los informes terminados y las órdenes de trabajo.
Sabíamos que había una intervención abierta, pero la copia que ahora han recuperado estaba guardada en otro apartado.
Además, parte de los documentos de los clientes contiene información que necesitábamos separar antes de facilitar el acceso.
Nuria abrió el archivo.
La pantalla mostraba un formulario de revisión técnica. En la cabecera figuraban la dirección de Aravaca, el número de la instalación y el nombre de Julián Soria como responsable del servicio.
La sección destinada a la sustitución de equipos permanecía sin completar.
En cambio, había varias anotaciones bajo el apartado de incidencias.
AVISOS DE USUARIO, NO DE SENSOR. REVISAR CREDENCIALES.
Reconocí inmediatamente la distinción que Nuria nos había explicado al examinar los registros de la central. Ya sabíamos que algunas de las advertencias recibidas por la familia procedían de operaciones iniciadas mediante una cuenta autorizada.
Lo nuevo era que Julián había llegado a una conclusión semejante mientras trabajaba en la vivienda.
—¿Podemos establecer cuándo se guardó este documento? —pregunté.
Nuria abrió la información de conservación.
—Tenemos una sincronización registrada a las cinco y nueve de la tarde del miércoles.
El archivo procede del entorno profesional asociado al dispositivo de Julián, aunque estamos terminando de contrastar los identificadores y el historial de versiones.
Esa hora acredita que una copia llegó al servidor entonces.
No determina necesariamente cuándo escribió cada frase.
Paula observó la pantalla durante unos segundos.
—Así que siguió trabajando después del mensaje que envió a Carla.
—Al menos sabemos que el sistema recibió un archivo relacionado con esa intervención después de su llegada —respondió Nuria—. Para atribuir cada operación al propio Julián necesitamos completar la comprobación técnica.
Carla señaló otra línea.
—Aquí había empezado a redactar la recomendación para el cliente.
Le pedí a Nuria que ampliara el documento.
No se justifica, con los datos examinados, la sustitución de la central por avería del equipo. Revisar autorizaciones y configuración antes de presupuestar cambios.
Molina, que hasta entonces había permanecido junto a la puerta, se acercó.
—Rafael pidió que cambiaran la instalación porque las alarmas fallaban. Si Julián iba a comunicarle que el problema no estaba en los equipos, quizá surgiera una discusión.
Carla cerró los ojos unos instantes antes de contestar.
—Julián discutía con los clientes cuando consideraba que le estaban pidiendo algo injustificado. Era bastante bueno en su trabajo, pero no especialmente diplomático. Eso no significa que alguien tuviera motivos para matarlo.
—No lo he dicho —respondió Molina—. Estoy intentando averiguar qué conversación pudo mantener en aquella habitación.
Paula intervino antes de que Carla añadiera nada.
—Mi padre podía pasarse media hora explicando por qué una reparación no era necesaria. A veces volvía a casa enfadado porque alguien insistía en cambiar una máquina que todavía funcionaba. Si escribió eso, probablemente estaba preparando una explicación, aunque ignoro si llegó a dársela a Rafael.
Me fijé en otra anotación situada al final de la página.
Pendiente: explicar diferencias entre avisos de detección y operaciones de usuario a las personas que reciben las notificaciones.
La leí de nuevo.
—¿Sabía Julián quién recibía esos avisos?
Carla se inclinó hacia la pantalla.
—Podía comprobar los contactos asociados a la instalación, pero eso no significa que conociera personalmente a todos. En nuestra documentación figuraba Rafael como interlocutor de mantenimiento. Para saber quién recibía cada notificación tenía que revisar la configuración del sistema.
—Eso estaba entre las comprobaciones que había empezado —añadió Nuria—. En el borrador hay campos todavía pendientes y no consta una entrega al cliente.
Miré a Carla.
—Cuando hablamos el sábado nos explicó que Rafael contestaba por todos y que Julián quería consultar los datos directamente. ¿Su socio solía informar a los usuarios finales, aunque hubiera contratado el servicio otra persona?
—Si el problema afectaba a quienes utilizaban la instalación, sí.
Por ejemplo, cuando alguien recibía notificaciones que no entendía, Julián prefería enseñarle en el teléfono cómo se generaban.
Le molestaba explicar una cosa al responsable del contrato y que después otra persona siguiera llamando porque nadie le había contado qué ocurría.
—Entonces pudo querer hablar con Esther.
—Pudo hacerlo —respondió Carla—. No sé si llegaron a encontrarse. Julián no me dijo que hubiera hablado con ella y aquí tampoco aparece ninguna entrega.
Paula volvió a coger la fotografía.
—Mi padre habría querido que quien recibía aquellos avisos entendiera lo que estaba pasando. Pero también podía limitarse a dejarlo escrito para la siguiente visita. No quiero que sus anotaciones se conviertan en conversaciones que nadie sabe si ocurrieron.
Le di la razón.
Habíamos recuperado un borrador, no una declaración sobre sus últimas horas.
Carla pidió hablar conmigo unos minutos a solas antes de abandonar la sala.
Paula se quedó con Nuria para aclarar cómo se conservarían las copias y qué parte de la documentación profesional podría utilizarse sin examinar archivos personales ajenos a la intervención.
En el pasillo, Carla se detuvo junto a una ventana.
—Hay algo que no quise comentar delante de ella.
Julián llevaba varios días molesto con aquella revisión.
Rafael insistía en que necesitaba una solución definitiva y parecía convencido de que cambiar la central terminaría con las alarmas.
Mi socio le había explicado que sustituir equipos sin averiguar de dónde venían los avisos era tirar el dinero.
—Eso ya nos lo contó durante nuestra primera visita.
—Sí. Lo que entonces no sabía era que Julián hubiera llegado a escribir una recomendación contraria a la sustitución. Ahora comprendo que debió de encontrar algo que le permitió avanzar más de lo que me había anunciado.
La observé mientras hablaba.
—¿Rafael sabía que Julián podía negarse a recomendar el cambio?
—Se lo advertimos desde el principio. Por eso me sorprendió que insistiera tanto en que fuera él. Julián conocía aquella casa desde hacía años, y quizá Rafael pensaba que resultaría más sencillo ponerse de acuerdo con alguien de confianza. Pero esa es una interpretación mía.
—¿Alguna vez le pidió que ocultaran los resultados a los demás ocupantes?
Carla tardó en contestar.
—Nos pidió discreción. Decía que había menores en una situación delicada y que no convenía preocuparlos con visitas innecesarias. Nunca escuché que nos ordenara mentir a Esther. Si Julián recibió una petición distinta dentro de la casa, no llegó a contármelo.
Desde la sala vimos pasar a Paula con la funda transparente entre las manos.
—Tendremos que comprobar si existen comunicaciones posteriores a su llegada —dije—. El archivo que hemos recuperado está incompleto y su tableta apareció dañada. Quizá el historial profesional conserve más información sobre lo que estaba haciendo.
Carla miró hacia la fotografía de su socio fallecido que Paula llevaba en la funda transparente.
—Espero que encuentren algo. Aunque me gustaría que no olvidaran una cosa: Julián fue allí porque alguien solicitó que revisara una alarma. Tenía que hacer su trabajo y después volver a casa. Es lo único que esperaba de aquella tarde.
Cuando regresé a la sala, Paula había terminado de hablar con Nuria.
—Me han explicado que conservarán el borrador y comprobarán las versiones anteriores —dijo—. También me han asegurado que no necesitan revisar todos los archivos personales de mi padre para identificar los documentos del servicio.
—Así es. La investigación se centrará en la información pertinente y utilizaremos los procedimientos que correspondan para cualquier comprobación adicional.
Guardó la fotografía en el bolso.
—Quisiera saber si alguna vez podrán decirme qué estaba haciendo cuando murió.
—Seguimos trabajando para establecerlo.
Paula miró hacia la pantalla apagada.
—A veces me preocupa que acabemos hablando de su muerte como si fuera únicamente un problema técnico. Una hora, un archivo, una mancha. Entiendo que tienen que buscar pruebas, pero me cuesta reconocerlo en todo eso.
No encontré una respuesta que mejorara lo que acababa de decir.
Le expliqué que, cuando pudiéramos reconstruir los hechos con suficiente seguridad, recibiría la información que correspondiera a través de los cauces previstos. Después la acompañé hasta la salida.
Molina me esperaba junto a mi despacho. Había continuado las comprobaciones sobre los movimientos de Óscar en Valladolid y quería contrastar varios documentos antes de cerrar su franja horaria.
Le enseñé la copia del borrador.
—Julián había empezado a documentar que las alarmas no justificaban cambiar la central —le dije—. Y pretendía explicar los resultados a quienes recibían las notificaciones. Todavía no sabemos si llegó a hablar con Esther.
Molina leyó las anotaciones.
—Eso cambia una parte de mi reconstrucción.
Si el técnico estaba preparando una explicación que podía afectar a la relación entre Rafael y Esther, tendremos que considerar que hubiera discutido con alguien por ese motivo.
Mi hipótesis sobre Óscar sigue siendo posible, pero ahora hay otra conversación que debemos investigar.
—Quiero que la examinemos con el mismo rigor. No sabemos quién estaba con Julián cuando escribió esto ni quién cerró el panel después de su muerte.
—De acuerdo. Yo continuaré comprobando la tarde de Óscar. Tú sigue con los contactos de Rafael, porque si se organizó una evacuación necesitamos encontrar a quienes participaron.
Molina devolvió el documento.
Antes de guardarlo, distinguí el apartado reservado a la firma del técnico y a la conformidad de quien recibía el trabajo.
Ambos estaban vacíos.
El informe de Julián nunca había llegado a convertirse en un parte cerrado, pero ahora sabíamos que había empezado a escribir unas conclusiones que podían resultar incómodas para quien solicitó la revisión.
Llevé la copia al expediente y la incorporé junto a la orden de trabajo original. La dejé identificada como borrador, con su procedencia y las verificaciones pendientes.
Después volví a la documentación de los traslados vinculados a Umbral.
Encontrar a Esther y a los niños seguía siendo nuestra prioridad. Si conseguíamos hablar con ellos, quizá podríamos averiguar qué advertencias habían recibido aquella tarde y si Julián llegó a explicarles lo que estaba descubriendo.
Por el momento, disponíamos de sus notas.
Y de una familia que todavía no habíamos conseguido localizar.