La casa sin ventanas (Los casos de Rivas 4) CAPÍTULO 12 #2
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CAPÍTULO 12 #2

—Tenemos resultados preliminares de varias muestras —me dijo Pilar—. Quería enseñarte de dónde proceden antes de que leas el informe.

Me condujo hasta el fondo de la despensa.

En una fotografía ampliada aparecía la parte inferior del panel, junto al punto donde encajaba contra el suelo. Habían marcado dos zonas pequeñas que, a simple vista, apenas se distinguían de las manchas producidas por el desgaste del material.

—Las pruebas realizadas indican restos compatibles con sangre humana —explicó—. Las muestras se han enviado para completar los análisis y efectuar los cotejos correspondientes. Todavía no podemos atribuirlas a una persona.

Observé el borde inferior.

—¿Estaban en la cara que da a la despensa?

—Una parte, sí. También hemos recogido material en una unión del bastidor. La distribución es irregular y hay zonas que parecen haber sido limpiadas, aunque necesitaremos estudiar los resultados y el estado de las superficies antes de establecer qué ocurrió aquí.

Me agaché sin acercarme al área señalizada.

Desde aquella posición podía verse la estrecha separación entre el panel y el suelo. El mecanismo permitía ocultar una habitación suficientemente amplia para albergar la instalación de seguridad y el antiguo material fotográfico que habíamos encontrado.

—¿Es posible que las manchas se produjeran al mover algo a través de la abertura? —pregunté.

—Es una posibilidad. También pudo mancharse el panel de otra manera. Lo que estamos intentando averiguar es si los restos corresponden a un mismo episodio y si podemos relacionarlos con alguna de las muestras recogidas dentro.

Pilar volvió a colocar la fotografía en su carpeta.

—Hay algo que necesito de vosotros. Mientras terminamos los cotejos, quiero que cualquier comprobación del mecanismo se haga con nuestra supervisión. Todavía quedan superficies que pueden conservar restos útiles.

—De acuerdo. Los agentes que estudian la distribución de la casa utilizarán las fotografías y los planos. Si necesitan otra inspección, la coordinaremos contigo.

Pilar observó la parte inferior del bastidor.

—Cuando encontramos a Julián, la atención estaba concentrada en la habitación. Ahora estamos examinando también el acceso. Si alguien entró o salió después de que resultara herido, puede que haya dejado algo aquí.

—¿Podéis determinar si murió en el lugar donde lo encontramos?

—Todavía estamos reuniendo resultados. La autopsia y los indicios de la escena tendrán que estudiarse conjuntamente. Por ahora sabemos dónde apareció el cuerpo y que hay posibles restos biológicos en una zona próxima. Prefiero darte una respuesta más completa cuando dispongamos de los cotejos.

La acompañé hasta la cocina.

A través de la puerta del comedor podía distinguirse la mesa, todavía documentada por Científica. Los platos ya no contenían la sopa que habíamos encontrado el jueves, pero conservábamos suficientes fotografías para reconstruir su disposición original.

Había algo incómodo en aquella diferencia: el comedor se había preparado para simular una escena doméstica, mientras detrás de una estantería aparecían indicios que podían relacionarse con una muerte violenta.

Miré a Pilar.

—Quiero que podamos establecer si el recorrido entre la habitación y la despensa tiene relación con las lesiones de Julián. Necesitamos saber qué ocurrió antes de que alguien cerrara el panel.

—Eso es lo que estamos investigando —respondió—. Cuando tengamos una comparación fiable, te diré qué permite concluir.

Al regresar a comisaría encontré a Molina hablando con dos agentes del equipo de búsqueda.

Habían terminado de revisar las contestaciones recibidas de los alojamientos habituales de Umbral. Ninguno había registrado la entrada de Esther, Lucía o Nicolás, y los responsables consultados tampoco reconocían haberlos recibido con otros datos.

Quedaba abierta la posibilidad de que hubieran utilizado una red de contactos personales ajena a aquellos registros.

—Adela insiste en que Rafael conocía a personas que colaboraban ocasionalmente con la asociación —me explicó Molina cuando terminamos la reunión—.

Algunas ayudaban con vehículos o alojamiento sin encargarse de los expedientes.

Estamos separando los contactos que pueden haber participado en traslados de quienes solo realizaron trabajos de mantenimiento.

—¿Ha aparecido alguien que reconozca haber recibido una petición suya el miércoles?

—Todavía no. Pero al menos hemos dejado de buscar a la familia en lugares donde los responsables nos han confirmado que no ingresó. Ahora estamos comprobando personas y movimientos, no solo direcciones.

Me enseñó el trabajo realizado durante la tarde. Varios nombres habían pasado de una relación general de colaboradores a comprobaciones concretas sobre sus comunicaciones y actividades.

Acordamos mantener la búsqueda de vehículos y contactos vinculados a Rafael sin abandonar las gestiones relacionadas con Esther y la posible mudanza que ella y Lucía habían empezado a explorar.

Antes de marcharnos, Molina señaló la documentación abierta sobre mi escritorio.

—¿Eso sigue siendo lo de Alicante?

Era la reproducción del recibo de Teresa Villena.

—Sí. He enviado la referencia del inmueble para que puedan comprobarla con el original.

—¿Y si encuentran a esa mujer mañana?

—Alicante podrá empezar por determinar qué trabajo hizo y qué recuerda. Nosotros tenemos suficiente aquí para ocuparnos durante bastante tiempo.

Molina recogió su chaqueta.

—Me parece bien. Pero cuando tengamos algo importante de Aravaca, quiero que podamos seguirlo sin apartar a nadie para revisar papeles de hace doce años.

Guardé la copia del recibo en la carpeta de Irene.

—Eso haremos.

Al salir, pasamos junto a la sala donde trabajaban los agentes encargados de las cámaras.

Uno de ellos había colocado sobre la pared un plano de los accesos a la urbanización.

Había marcado con lápiz los lugares donde se disponía de grabaciones y dejado en blanco los tramos que todavía necesitaban reconstruir.

Molina se detuvo para señalarme una de las calles próximas al vivero.

—Mañana comprobaré este recorrido con el equipo. Si alguien sacó una furgoneta por aquí, quiero saber qué cámaras pudo evitar y cuáles habría tenido que cruzar.

Me acerqué al plano.

—Cuenta conmigo.

Dejé la carpeta de Irene en mi despacho y recogí las fotografías de la furgoneta de Julián.

Alicante tenía una firma antigua que investigar.

Nosotros seguíamos buscando a tres personas que podían estar en cualquier parte y a un hombre cuya desaparición todavía no sabíamos explicar.

Aquella tarde salí de comisaría con Molina y las fotografías del miércoles.