La casa sin ventanas (Los casos de Rivas 4) CAPÍTULO 11 #2
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CAPÍTULO 11 #2

—Es una posibilidad más sólida que ayer —respondí—. Aunque todavía no sabemos si habían tomado una decisión ni adónde pensaban ir.

—La diferencia es que Lucía preguntó expresamente por las comunicaciones a Rafael. Eso me interesa bastante más que el relato. Hay algo práctico detrás de esa conversación.

Revisé las fechas.

La consulta de Esther a Umbral era anterior a la de Lucía. Si habían hablado entre ellas sobre abandonar Aravaca, podían haber empezado a organizarlo sin comunicarlo a Rafael.

También cabía una explicación más sencilla: quizá Esther estuviera explorando alternativas porque el alojamiento era temporal y su hija quisiera saber qué ocurriría con sus estudios.

—Quiero que comprobemos si Esther realizó gestiones de escolarización en otro centro —dije—. Podemos contrastar las solicitudes de traslado que estén vinculadas a ella por los procedimientos que correspondan. Si encontramos una, tendremos una nueva vía de búsqueda.

Molina guardó el cuaderno.

—Y si resulta que no había ningún traslado, al menos sabremos que todavía estaban en una fase de consultas.

—Exactamente.

Mientras salíamos del aparcamiento, pensé en Marta Valcárcel. Había contado lo que recordaba pese a saber que tendríamos preguntas incómodas.

Su declaración no demostraba que Lucía estuviera huyendo de Rafael. Pero nos permitía reconocer algo que hasta entonces apenas habíamos tenido en cuenta: la adolescente había comenzado a preparar posibles cambios en su vida sin esperar a que un adulto lo hiciera por ella.

Nuria nos recibió en comisaría con otra novedad.

La operadora había facilitado información complementaria sobre el número desde el que Esther recibió las amenazas. Los datos de contratación correspondían a una persona que, tras ser localizada, negaba haber solicitado aquella línea.

—Hemos comprobado su identidad y tomado nota de lo que afirma —explicó Nuria—. Dice que no conoce a Esther Aranda ni a Rafael Cobo y que nunca utilizó ese número. Todavía estamos contrastando su declaración con la documentación de contratación y las circunstancias en las que se activó la línea.

Molina se acercó a su mesa.

—¿Podrían haber utilizado sus datos sin permiso?

—Podría ocurrir, pero tampoco podemos establecerlo únicamente porque niegue haber contratado el servicio. Necesitamos examinar el expediente completo y cualquier dato que permita comprobar cómo se realizó la operación.

Nuria había solicitado conservar la documentación original relacionada con el alta y estaba revisando las conexiones conocidas de la línea.

—Hay actividad en Madrid y algunas comunicaciones registradas mediante antenas que dan cobertura a zonas próximas a Aravaca —añadió—. Esa información delimita áreas, pero no identifica al usuario ni lo sitúa en una calle concreta.

—¿Tenemos algún dato que vincule el número con Óscar? —pregunté.

—Todavía ninguno que permita atribuírselo. También estamos comprobando sus líneas conocidas y sus movimientos. Si encontramos una relación, tendrá que sostenerse con elementos independientes.

Molina observó la relación de fechas.

—Entonces los mensajes siguen teniendo aspecto de amenazas de Óscar, pero no sabemos quién los envió.

—Es la situación actual —respondió Nuria—. Y prefiero que los informes reflejen exactamente eso.

Le conté lo que acabábamos de averiguar en el instituto.

Nuria examinó las fechas de las dos consultas y abrió la cronología que había preparado con las comunicaciones de Esther, las incidencias de la alarma y los movimientos conocidos.

—Podemos añadir las gestiones escolares y distinguirlas de las solicitudes formales. Si encontramos otro centro donde se hubiera iniciado un trámite, tendríamos que comprobar quién lo promovió y cuándo.

Acordamos que Molina se ocuparía de coordinar esa línea con los agentes que ya estaban revisando los posibles destinos de la familia. Nuria continuaría con el origen del teléfono amenazante y el examen de los dispositivos asociados a la instalación de seguridad.

Las dos investigaciones compartían nombres, pero no dependían necesariamente de los mismos responsables.

Antes de terminar la jornada, regresé un momento a la sala donde trabajábamos con la documentación de Aravaca.

Sobre una mesa había una fotografía de los cuatro ocupantes de la casa. Rafael aparecía detrás de Nicolás, con una mano apoyada sobre su hombro. Esther sonreía junto a ellos y Lucía permanecía a un lado.

Cogí la copia de la conversación del instituto y la coloqué junto al registro de la llamada de Esther a Umbral.

Una madre había preguntado por ayudas para vivir en otro lugar.

Su hija había querido saber cómo continuar sus estudios si cambiaban de domicilio.

De las dos iniciativas teníamos ahora testimonios independientes. Ninguno nos decía dónde estaban, pero ya no podíamos tratar su desaparición como si toda decisión hubiera correspondido necesariamente a Rafael.

Saqué la fotografía familiar de entre los documentos que teníamos preparados para las siguientes entrevistas y coloqué al lado las copias de aquellas dos gestiones.

Cuando Molina entró para recoger su carpeta, le mostré la nueva distribución.

—Hasta ahora hemos buscado sobre todo a las personas que podían haber sacado a Esther y a los niños de la casa —le dije—. A partir de mañana también vamos a seguir las decisiones que ellas pudieron tomar antes de desaparecer.

Molina recogió sus notas sobre el instituto.

—Eso incluye averiguar si estaban preparando otro alojamiento incluso antes de que apareciera la última amenaza.

—Sí. Y quiero que las fechas nos digan qué ocurrió, sin decidir de antemano quién estaba protegiendo a quién.

Apagamos las pantallas que ya no necesitábamos y dejamos preparada la documentación para el equipo de búsqueda.

Sobre la mesa permaneció la copia del trabajo de Lucía, con sus correcciones escolares y la fecha de entrega.

Al devolverlo a su carpeta, me fijé en que Marta había escrito una observación bajo el relato, al margen de la nota.

Buen planteamiento. Podrías desarrollar qué decide hacer la protagonista.

Lucía había preferido dejar el final abierto.

Nosotros, al menos, teníamos una decisión suya que empezar a investigar.