CAPÍTULO 8 #2
—Cuando realizamos un traslado de emergencia —explicó—, la persona que lo coordina debe indicar qué alojamiento se abandona, quién recibe a los ocupantes y dónde quedan registrados.
No solemos incluir las razones personales del movimiento en las listas generales, pero sí necesitamos saber quién se hace cargo de cada desplazamiento.
—¿Figura algún traslado de Esther o de los niños el miércoles?
Beatriz abrió la semana correspondiente.
Revisó los movimientos uno por uno.
—Tenemos dos cambios de alojamiento y una asistencia de transporte, pero ninguno corresponde a Aravaca. Tampoco aparece una solicitud formal de Rafael para trasladar a esa familia.
—¿Puede organizarse un movimiento sin que conste aquí? —pregunté.
—Debería quedar registrado al menos quién lo autoriza —respondió Adela—. Si existe una urgencia fuera del horario de oficina, podemos completar la documentación después. Pero alguien debe comunicar que se ha producido.
—¿Y si un colaborador organiza un viaje utilizando sus contactos personales?
Adela apartó una carpeta para dejar sitio al teclado.
—Podría conseguir un vehículo o pedir ayuda a alguien conocido. Rafael llevaba muchos años colaborando con nosotros y trataba con personas de distintos recursos. Eso no significa que el viaje se organizara en nombre de Umbral. Tendríamos que averiguar quién participó y qué le contó.
—¿Disponen de una relación de esas personas?
—Tenemos registros de colaboradores, aunque algunos únicamente participan en actividades puntuales.
Hay conductores, profesionales que ofrecen servicios y personas que ayudan ocasionalmente con materiales.
No todos realizan traslados y la asociación tampoco conoce necesariamente sus relaciones personales.
La explicación no resolvía el problema, pero establecía una diferencia que necesitábamos investigar.
Si Esther y los niños habían abandonado la casa mediante un traslado de la asociación, debería existir algún registro o una persona responsable de recibirlos.
Si Rafael había recurrido a contactos propios, tendríamos que reconstruir aquel movimiento desde otro lugar.
—Necesito que revisen los registros de todos los alojamientos desde el miércoles, incluidos los ingresos extraordinarios. También debemos contactar con los colaboradores que puedan haber recibido una petición de Rafael durante esos días.
Adela cruzó los brazos.
—Podemos hacerlo, pero quiero que las comprobaciones se limiten a lo necesario. Entre esos expedientes hay personas cuya dirección podría ponerlas en peligro si llega a manos equivocadas.
—Las solicitudes se tramitarán de forma individualizada y con las garantías correspondientes.
De momento podemos trabajar con fechas, responsables de los movimientos y datos de contacto pertinentes.
Si encontramos un traslado relacionado con los desaparecidos, ampliaremos las actuaciones sobre ese caso.
Adela pareció conforme con la propuesta.
Se volvió hacia Beatriz.
—Empieza por las responsables de los alojamientos. Quiero hablar personalmente con las que todavía no han contestado. Después prepararemos una relación de los colaboradores que estuvieron en contacto con Rafael durante las últimas semanas.
La empleada sacó su teléfono y empezó a llamar.
La primera respuesta llegó desde un alojamiento situado fuera de Madrid.
La coordinadora confirmó que no habían recibido a Esther ni a los niños y que tampoco tenían constancia de una solicitud relacionada con Rafael.
La segunda responsable estaba atendiendo una actividad con varias familias. Adela le pidió que revisara los ingresos extraordinarios del miércoles y jueves y que comunicara directamente a la Policía cualquier coincidencia.
Mientras Beatriz continuaba las llamadas, aproveché para preguntar por las personas que tenían llaves de la vivienda.
Adela abrió una relación de autorizaciones.
—Rafael disponía de un juego completo. La asociación conserva otro para las revisiones y las emergencias, y el propietario tenía acceso en las condiciones previstas por el contrato. Algunas personas pudieron utilizar las llaves durante reparaciones, pero no deberían conservar copias permanentes.
—¿Quién supervisaba que las devolvieran?
—Habitualmente Rafael. Organizaba la entrada de los técnicos y comprobaba los trabajos. También se ocupaba de avisarnos cuando era necesario cambiar alguna cerradura.
Mantuvo la mirada sobre la hoja.
—Estoy empezando a darme cuenta de que le habíamos entregado demasiadas responsabilidades sin establecer un sistema suficiente de comprobaciones.
—¿Habían recibido quejas sobre él?
—Ninguna que yo recuerde relacionada con Esther. Y en otros alojamientos se había ganado la confianza de mucha gente. Algunas personas lo llamaban incluso después de dejar la asociación porque sabían que intentaría ayudarlas.
Adela cerró el archivador.
—Por eso me cuesta entender que haya desaparecido. Si la familia hubiera tenido que marcharse por una amenaza, Rafael habría sabido cómo comunicar una emergencia. Conocía nuestros procedimientos mejor que muchos empleados.
Beatriz apareció en la puerta.
—He localizado a otra responsable. Tampoco tienen a la familia. Dice que revisará si alguien recibió alguna petición informal de transporte, pero necesita consultar a dos colaboradores que no trabajan habitualmente los fines de semana.
Adela le pidió que anotara sus nombres y teléfonos en una relación separada.
Después regresó al escritorio y tomó una decisión.
—A partir de hoy, las comunicaciones sobre la vivienda de Aravaca pasarán directamente por mí y por Beatriz.
Quiero que todas las responsables reciban la información necesaria para colaborar en la búsqueda.
También revisaremos los expedientes en los que Rafael figure como único contacto, porque necesitamos comprobar que las personas alojadas tienen un canal directo con nosotros.
—Eso puede facilitarnos nuevas declaraciones —respondí—. Procure que nadie modifique los registros anteriores. Si encuentran una comunicación relevante, necesitaremos conservarla tal como estaba.
Adela aceptó y pidió a Beatriz que preparara una copia de los documentos relativos a Esther, con sus fechas y anotaciones originales.
Nos quedamos unos minutos revisando las gestiones pendientes.
Antes de marcharme, vi que había escrito una frase en la parte superior de su cuaderno: Hablar directamente con las personas alojadas.
La dejó allí mientras seguía trabajando.
Cuando regresé a casa, Claudia estaba sentada en la cocina con su libreto de teatro y una mochila abierta junto a la silla.
Elena preparaba la cena y Daniel intentaba encontrar un lápiz entre los materiales escolares que había extendido sobre la mesa.
—Papá, el martes tenemos ensayo y Marta dice que podemos ir juntas en metro —me anunció Claudia antes de que me quitara la chaqueta—. Su madre está de acuerdo, pero falta saber si vosotros me dejáis.
Miré a Elena.
—Me ha preguntado a mí esta mañana —explicó—. Le he dicho que lo hablaremos entre todos. Ya conoce el trayecto y normalmente vuelve con más compañeras.
Claudia aprovechó para enseñarme una captura del recorrido.
—He mirado las paradas y los horarios. Además, Marta vive cerca y su madre nos recogería si acabamos demasiado tarde. Me gustaría poder organizarlo sin depender siempre de que vengáis vosotros.
Me senté a su lado y revisamos el trayecto.
Le pregunté a qué hora terminaba el ensayo, dónde se encontraría con Marta y cómo nos avisaría si se producía algún cambio. Tenía las respuestas preparadas y me mostró la conversación con su compañera.
—De acuerdo —dije—. Lo probaremos el martes. Si hay algún problema con los horarios, lo hablamos y buscamos otra manera de organizarlo.
Claudia me miró con cierta desconfianza.
—¿Así de fácil? Pensaba que ibas a decirme que tenías que comprobar veinte cosas antes de contestar.
—Ya me has enseñado casi todas.
Se levantó para guardar el libreto.
Daniel aprovechó el espacio libre para colocar sus cuadernos sobre la mesa y enseñarme un dibujo que había terminado aquella tarde.
Elena se sentó frente a mí cuando los dos salieron de la cocina.
—¿Habéis avanzado algo con la familia desaparecida?
Le conté que Umbral estaba comprobando sus alojamientos y que Esther había solicitado información sobre otras opciones de vivienda antes de marcharse.
Elena dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Entonces parece que intentaba organizar algunas cosas por su cuenta.
—Eso es lo que estamos tratando de averiguar. La asociación conocía esa solicitud, pero la respuesta llegó a través del hombre que vivía con ella. Todavía tenemos que saber qué quería hacer Esther y si recibió la información.
—Espero que podáis preguntárselo pronto.
Recogí el vaso que Daniel había dejado junto al fregadero y lo llevé a la mesa.
En el teléfono tenía pendiente la relación de contactos que Adela y Beatriz habían empezado a preparar. Los alojamientos comprobados hasta ese momento no habían recibido a Esther ni a los niños, y el equipo continuaría buscando posibles traslados realizados fuera del circuito habitual.
La visita a Umbral había descartado algunos destinos y abierto otras vías que podíamos seguir.
Dejé el teléfono junto a las llaves y me senté a cenar con mi familia.