La casa sin ventanas (Los casos de Rivas 4) CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

—Depende de cómo esté configurado el equipo.

Hay alertas que se producen porque un detector comunica una incidencia, y también existen avisos que puede generar una persona con acceso autorizado.

Algunas acciones desde la aplicación quedan registradas de forma diferente a las que proceden de un sensor.

Por eso Julián quería examinar el origen de cada aviso.

—¿Y ese tipo de activación podría confundirse con una intrusión?

—Para alguien que recibe una notificación en el teléfono, sí.

Puede ver una advertencia y pensar que alguien ha intentado entrar.

Pero el registro técnico debería permitirnos distinguir qué orden recibió el sistema.

El problema es que necesitamos los datos completos y saber cómo estaba configurado en aquel momento.

Carla volvió a la libreta.

—Julián quería revisarlo antes de firmar un informe. Eso era lo que había acordado conmigo.

—¿Llegó a comunicarle algún resultado?

—El miércoles me envió un mensaje para decirme que estaba a punto de empezar. Después no volví a hablar con él.

Nos mostró la conversación.

El último mensaje de Julián estaba fechado a las cuatro y treinta y nueve de la tarde.

Ya estoy en Aravaca. Voy a entrar y revisar el histórico. Luego te cuento.

Comprobé la hora y pedí a Molina que la anotara.

Por fin teníamos un dato contemporáneo de la visita, aunque todavía debíamos establecer cuánto tiempo había permanecido Julián en la vivienda.

—¿Intentó llamarlo esa misma tarde? —pregunté.

—Sobre las ocho. Teníamos una entrega de material pendiente y necesitaba saber si había terminado. Su teléfono sonó, pero nadie contestó. Volví a llamar más tarde y después le escribí. El jueves por la mañana seguía sin responder. Entonces contacté con Paula y empezamos a buscarlo.

—¿Preguntó a Rafael si Julián había terminado el trabajo?

—Lo llamé el jueves. No conseguí hablar con él. Pensaba volver a intentarlo ayer, pero Paula me dijo que la Policía estaba haciendo comprobaciones y que le recomendaban conservar cualquier información que pudiera tener.

Observé otra vez el mensaje de las cuatro y treinta y nueve.

Julián había acudido a una revisión concreta y había anunciado que nos encontraríamos con un registro detallado de su trabajo. Sin embargo, la carpeta recuperada en la casa estaba incompleta y la tableta que había utilizado presentaba la pantalla dañada.

—¿Guardaba los informes en algún sitio aparte de los dispositivos? —pregunté.

—Sí, tenemos una cuenta profesional y copias de determinadas incidencias. Pero ahí hay información de clientes, contraseñas y datos a los que acceden varias personas. Quiero colaborar con ustedes, aunque necesito saber exactamente qué podemos entregar y cómo debemos hacerlo.

Era una preocupación razonable.

Le expliqué que conservaran el contenido sin modificarlo ni borrar archivos, y que solicitaríamos por las vías correspondientes los registros necesarios para la investigación.

Carla aceptó facilitar la documentación de la intervención y los datos de contacto de las personas que habían trabajado en aquella instalación.

Antes de cerrar la carpeta, señaló una casilla situada al pie de la orden.

—Esta parte la rellenamos cuando acaba el servicio. Incluye el trabajo realizado y, cuando corresponde, la firma de quien lo recibe. Julián solía completarla antes de salir de una vivienda.

El apartado estaba vacío.

En el almacén nos enseñó el lugar donde Julián guardaba las herramientas cuando terminaba su jornada.

Había una estantería con cajas etiquetadas y varios cargadores conectados a una regleta. Uno de los huecos permanecía libre.

—Aquí dejaba la maleta de comprobación —explicó Carla—. La llevó el miércoles junto con el resto del equipo. También salió con nuestra furgoneta, que normalmente aparcaba dentro del recinto al terminar.

—¿Llevaba algún sistema de localización? —preguntó Molina.

—Es un vehículo antiguo. No tenemos seguimiento en tiempo real. Usamos las órdenes de servicio para organizar las rutas, y cuando hay una avería solemos hablar directamente con quien lo conduce. Nunca habíamos tenido una situación como esta.

Molina le pidió la documentación del vehículo y comprobó la matrícula con los datos de la denuncia.

—¿Tenía alguien más llaves?

—Julián llevaba las habituales y aquí guardábamos una copia. La copia sigue en su sitio. Paula tampoco ha encontrado las que utilizaba su padre.

Carla abrió una caja de plástico y nos enseñó varias llaves sujetas a etiquetas de colores.

—Siempre decía que un técnico debía saber dónde estaba cada cosa, incluso cuando estaba cansado o tenía prisa. Por eso me extrañó tanto que desapareciera sin avisar. Si hubiera tenido un problema, habría intentado llamarnos.

Molina terminó de fotografiar la documentación que Carla nos había autorizado a recoger.

Le agradecí su colaboración y le indiqué que posiblemente necesitaríamos volver a hablar cuando dispusiéramos de los primeros resultados periciales.

Antes de acompañarnos a la salida, Carla se detuvo junto al mostrador.

—Hay algo que me gustaría pedirles. Paula necesita saber qué le pasó a su padre, pero les agradecería que no la hicieran venir aquí a buscar papeles mientras pueda ayudarlos yo. Anoche apenas había dormido y esta mañana tendrá que ocuparse de demasiadas cosas.

—Nos coordinaremos con los compañeros que están atendiendo a la familia —respondí—. Ahora mismo usted puede ayudarnos conservando los registros y facilitándonos lo que conozca del trabajo de Julián. No necesitamos que Paula repita esas gestiones.

Carla nos acompañó hasta la puerta.

El trabajador que habíamos visto antes estaba preparando una caja de herramientas. Al pasar a su lado, ella le indicó que dejara libre la mesa de Julián.

En el coche, Molina colocó la copia de la orden de trabajo sobre su carpeta.

—Tenemos a Julián llegando a Aravaca a las cuatro y treinta y nueve. Sabemos que Rafael lo esperaba y que el técnico iba a comprobar los avisos de la central. Pero la furgoneta ha desaparecido y nadie ha podido explicar dónde estuvo Julián después de entrar.

—Quiero comprobar primero los vehículos que circularon por los caminos próximos a la casa —respondí—. Si la furgoneta salió de allí, alguna cámara puede haberla recogido. Aunque solo tengamos una imagen parcial, nos ayudaría a reconstruir sus movimientos.

Molina abrió las fotografías de las grabaciones que habíamos revisado el jueves.

—Hay otra cosa. El hombre que podría ser Rafael aparece caminando hacia la vivienda cerca de las siete, según el reloj de la cámara. Si confirmamos esa identificación, tendremos que averiguar de dónde venía. Julián había llegado bastante antes y alguien tuvo que recibirlo.

—Pide que crucen los horarios de la intervención con las imágenes de los accesos. Y que comprueben la carpeta que llevaba ese hombre. Carla ha dicho que Julián trabajaba con documentación en papel, pero todavía desconocemos quién llevaba qué aquella tarde.

Molina empezó a transmitir las instrucciones.

Mientras hablaba, saqué la copia de la libreta de Julián y repasé las anotaciones.

Había ido a la casa para revisar un sistema que, según su cliente, funcionaba mal. Quería comparar los avisos con los registros y entregar un informe profesional. Las herramientas encontradas junto a su cuerpo parecían corresponder a aquel trabajo.

Pero alguien había cerrado la habitación después de su muerte.

Le pedí a Molina que añadiera una comprobación al encargo.

—Que localicen todas las imágenes de la furgoneta desde que salió de Móstoles. También quiero saber si alguno de los vecinos de Aravaca la vio estacionada el miércoles. Ahora tenemos una matrícula y una franja horaria concreta.

Terminó la llamada y guardó el teléfono.

Arranqué en dirección a Madrid.

La orden de trabajo llevaba escrito el nombre de Julián Soria Beltrán y la dirección donde había muerto. Debajo figuraba la revisión que tenía previsto realizar.

La casilla destinada a cerrar el servicio continuaba vacía.