CAPÍTULO 5 #2
Pilar intervino para explicar cómo se recogería la pieza y qué muestras tenían previsto obtener de la zona.
La conversación continuó unos minutos más, centrada en cuestiones concretas de la intervención.
Yo había dejado de mirar las fotografías.
Observaba la mesa de trabajo y los objetos que había sobre ella.
Si aquel hombre había acudido a revisar alguna instalación, podía haber estado ocupado cuando ocurrió lo que fuera que terminó con su muerte. La caja abierta, las herramientas y los cables sugerían una tarea interrumpida.
Pero alguien había dispuesto de tiempo suficiente para cerrar el panel y devolver las estanterías a su posición.
Ese trabajo exigía una explicación.
Salimos al jardín cuando comenzaron a organizar el levantamiento del cadáver.
La calle estaba prácticamente vacía. Al otro lado, varias ventanas permanecían iluminadas y la casa de Rosa Pastor tenía encendida la luz de la cocina.
Molina recibió una llamada de uno de los agentes encargados de localizar a los desaparecidos.
Se apartó para hablar y regresó con el teléfono todavía en la mano.
—Hemos conseguido confirmar algunos datos de Umbral.
Tienen varios alojamientos y trabajan con colaboradores que hacen traslados cuando surge una urgencia.
La administración no dispone de una relación completa de movimientos; parece que algunas gestiones se organizan directamente con los responsables de cada recurso.
—¿Han podido decirnos si Esther o los niños llegaron a otro alojamiento?
—Todavía no. La persona que lleva esos asuntos insiste en que Adela es quien debe explicar cómo funcionan los traslados. Estamos comprobando los contactos que nos han facilitado y las direcciones conocidas.
—Que continúen. Y que pidan las imágenes de los accesos que faltan, especialmente los caminos situados detrás de la urbanización.
Molina guardó el teléfono.
—¿Crees que alguien pudo sacar a Esther y a los niños para alejarlos de lo que ocurrió dentro?
—Es una posibilidad que tenemos que explorar, pero ahora contamos con algo que antes no sabíamos. Había otra persona en la vivienda y ha muerto. Necesitamos reconstruir sus movimientos por separado, igual que estamos haciendo con los cuatro desaparecidos.
—Si vino a trabajar, deberíamos encontrar una orden de servicio. Puede que la empresa tenga incluso registrada la hora de llegada.
—Entonces empieza por ahí. Identifiquemos al fallecido y averigüemos quién esperaba que estuviera hoy en otro lugar.
Molina consultó las notas que llevaba en el teléfono.
—Voy a encargarme de las empresas de mantenimiento. Tú puedes hablar con Umbral cuando consigamos localizar a su presidenta. Si el hombre trabajaba para ellos, alguno de sus responsables debería conocerlo.
Acepté el reparto.
Le pedí también que la información sobre el cadáver se manejara con discreción hasta que pudiéramos identificarlo y comunicar el fallecimiento a sus familiares.
La situación de los menores seguía siendo incierta y no quería que los detalles de la casa empezaran a circular antes de establecer qué había sucedido realmente.
Cerca de medianoche regresamos a comisaría.
Nuria continuaba trabajando con los teléfonos encontrados en la vivienda. Nos recibió con un vaso de café y varios documentos que había preparado para las primeras entrevistas de la mañana siguiente.
—Me han dicho que habéis encontrado a una quinta persona —comentó—. ¿Sabemos quién es?
—Todavía no —respondí—. Parece un hombre que realizaba algún trabajo de mantenimiento. Hay material relacionado con una instalación de seguridad, pero tendremos que comprobar de quién era y por qué estaba allí.
Nuria dejó el café sobre la mesa.
—He solicitado que conserven todos los registros de actividad disponibles del sistema de alarma. Si alguien estuvo trabajando en la instalación, quizá podamos recuperar incidencias o comunicaciones relacionadas con la visita.
—Bien. Coordínate con Pilar antes de examinar cualquier equipo que hayan recogido. Necesitamos que todo quede documentado desde el principio.
Molina colocó sus notas sobre el escritorio.
—Mañana iré a comprobar los servicios técnicos que hayan recibido avisos para esa dirección. También seguiremos con Óscar Ledesma. Si conocía dónde vivían los niños, hay que averiguar si intentó acercarse a ellos.
Nuria consultó una de las carpetas.
—La asociación nos ha confirmado al menos dos números de contacto adicionales. Vamos a probarlos y comprobar qué información pueden facilitarnos sobre los posibles desplazamientos de Esther y los menores.
Le pedí que priorizara esas gestiones.
Habíamos encontrado a una persona fallecida, pero las otras cuatro seguían sin aparecer.
Antes de marcharme, abrí el expediente provisional y añadí la descripción del hombre hallado en la habitación.
Todavía no podía escribir su nombre.
Molina se acercó a mi mesa.
—¿Dejamos abiertas las mismas líneas de investigación?
Miré la relación de tareas pendientes: cámaras, colegios, alojamientos, empresas de mantenimiento y localización de familiares. Ninguna había perdido importancia, pero ahora necesitábamos dos equipos trabajando con objetivos diferentes.
—Vamos a separar la búsqueda de los desaparecidos de la investigación de esta muerte, aunque compartan información. Si los cuatro salieron de la casa con vida, tenemos que encontrarlos. Y si alguno sabe qué pasó con este hombre, necesitaremos hablar con él cuanto antes.
Molina recogió su cuaderno y empezó a distribuir las comprobaciones.
Yo terminé de incorporar los últimos datos al expediente.
Hasta aquella noche habíamos intentado averiguar por qué una familia había abandonado su casa dejando atrás los teléfonos y una cena intacta.
Ahora también teníamos que explicar quién había muerto en una habitación que ni siquiera aparecía en la distribución visible de la vivienda.
Guardé las fotografías del interior junto al resto de las imágenes de la inspección y preparé las preguntas para la empresa que pudiéramos identificar a la mañana siguiente.
El cadáver tenía que tener un nombre.
Y alguien tenía que haberlo echado de menos.