CAPÍTULO 3 #2
Regresamos a Aravaca después de comer.
En el jardín trabajaban dos agentes que habían empezado a revisar los límites de la parcela. La vegetación estaba descuidada en el lateral más alejado de la calle y resultaba difícil distinguir dónde terminaba el terreno de la casa y comenzaba la finca contigua.
Uno de ellos nos condujo hasta una franja de grava que discurría detrás de varios arbustos.
—Hemos encontrado una zona donde parece que han pasado personas o han movido herramientas. La vegetación está menos tupida y algunas ramas están rotas, aunque todavía no sabemos cuándo se produjeron esos daños.
El camino terminaba cerca de una valla antigua. Al otro lado se distinguían los restos de unas instalaciones que, según los vecinos, habían pertenecido a un vivero.
Molina examinó la grava.
—Si hubiera un acceso por esta parte, alguien podría llegar hasta el terreno contiguo sin pasar por la entrada principal de la casa.
—También podría ser el recorrido que utilizan para mantener el jardín —respondí—. Necesitamos saber quién trabajaba aquí y si había alguna comunicación entre las parcelas.
El agente confirmó que estaban intentando identificar a los responsables del mantenimiento y comprobar el estado de los cerramientos.
Le pedí que conservaran las marcas hasta que Pilar pudiera valorar si merecía la pena recoger muestras o documentarlas con mayor detalle.
Volvimos hacia la vivienda por el lateral.
La fachada posterior tenía varios tramos sin ventanas, correspondientes en apariencia a la cocina, la despensa y otras zonas de servicio. Una canaleta descendía junto a un muro y desaparecía bajo el suelo.
Me detuve frente a la pared que, por las medidas interiores, debía corresponder al espacio señalado en los planos.
Molina siguió mi mirada.
—Desde aquí se entiende mejor. Hay superficie suficiente para que exista otra estancia, aunque todavía no sabemos cómo está distribuida.
—Y ninguna abertura visible.
—Eso tampoco significa que nunca la hubiera. Las reformas pueden haber cambiado el exterior igual que el interior.
Rodeamos la casa y entramos por la puerta principal.
Pilar seguía trabajando en la despensa.
Habían retirado parte del contenido de las estanterías después de documentarlo y protegido el suelo para poder examinar el rodapié. Sobre una mesa auxiliar descansaban varias fotografías ampliadas de la unión entre la pared y el techo.
—Venid a ver esto —nos dijo.
Señaló una línea vertical que recorría parte del muro y que había permanecido oculta detrás de una estantería.
—Los materiales no son iguales a ambos lados. El acabado superficial intenta unificarlos, pero la unión es posterior al resto de la pared. Hemos comprobado también que el sonido y las medidas son compatibles con un cierre añadido.
Molina se acercó a las fotografías.
—Entonces el pasillo pudo quedar tapiado cuando hicieron la reforma.
—Es posible. Hemos encontrado además una moldura que parece cubrir una unión más antigua. Antes de retirarla hemos comprobado que no afectaba a elementos estructurales y documentado toda la zona.
Pilar indicó a su compañero que continuara.
El técnico introdujo una herramienta fina bajo el extremo de la moldura y empezó a separarla con cuidado. La madera cedió lentamente, dejando al descubierto varias capas de pintura y una franja de material más oscuro.
Debajo apareció un borde recto.
El técnico retiró otro tramo y dejó visible una pieza metálica vertical.
Molina se inclinó.
—¿Es parte de una puerta?
—De momento parece un marco —respondió Pilar—. Necesito descubrir el resto para saber qué cerraba y cómo estaba fijado.
Continuaron trabajando durante varios minutos. Poco a poco quedó a la vista una estructura rectangular que se extendía desde el suelo hasta casi alcanzar el techo. Había sido cubierta con materiales ligeros y pintada del mismo color que la pared.
Las dimensiones coincidían aproximadamente con la abertura que figuraba en el plano antiguo.
—¿Podemos abrirla? —pregunté.
Pilar examinó los bordes.
—Ahora mismo no. Primero vamos a terminar de documentar el cierre y comprobar qué hay detrás sin alterar más de lo necesario. Si encontramos una manera segura de acceder, lo haremos con el personal adecuado.
Molina volvió a extender el plano sobre una superficie despejada.
El pasillo de servicio empezaba exactamente donde habíamos encontrado el marco.
—Ayer recorrimos esta despensa sin saber que existía una abertura detrás de las estanterías —dijo—. Si alguien la cerró durante la reforma, podríamos llevar décadas entrando y saliendo de esta casa sin darnos cuenta.
—Lo importante es averiguar cuándo la cerraron y si alguien ha tenido acceso después —respondí.
Pilar empezó a organizar la siguiente fase de la inspección mientras nosotros actualizábamos las actuaciones de búsqueda. Los equipos que trabajaban fuera seguían sin encontrar a Esther, Rafael ni los dos menores.
Consulté la hora y comprobé que todavía podía cumplir el compromiso que había adquirido con Elena.
Dejé a Molina coordinando las comprobaciones con Pilar y me marché cuando terminaron de acordar cómo asegurarían la zona hasta continuar el examen.
Claudia salió del ensayo de teatro con el libreto doblado bajo el brazo y una mochila que parecía pesar más que ella.
Me vio junto al coche y aceleró el paso.
—Pensaba que iba a venir mamá. Esta mañana dijiste que estabais muy ocupados con una desaparición.
—Lo estamos. Pero he podido organizarme para recogerte.
Abrió la puerta y dejó la mochila en el asiento trasero antes de sentarse a mi lado.
—¿Puedes escuchar una escena mientras volvemos? Me han cambiado dos intervenciones y quiero comprobar si suenan naturales.
—¿Tengo que interpretar a alguien?
—Solo tienes que leer las frases que están marcadas. Y procura no poner voz de policía, porque el personaje es mi hermano pequeño.
Cogí el libreto que me ofrecía y busqué la página.
Claudia había señalado mis intervenciones con un rotulador verde. Las suyas estaban llenas de anotaciones y palabras tachadas.
Leí la primera frase mientras ella se acomodaba en el asiento.
—Así no —me corrigió inmediatamente—. Parece que estás interrogando a un sospechoso. Tienes que decirlo como si no supieras que está enfadada contigo.
Volví a intentarlo.
Esta vez me dejó terminar.
Después continuó con su parte, se detuvo a mitad de una frase y cambió una palabra.
—Me gusta más así —dijo—. La anterior sonaba demasiado preparada.
Repetimos el diálogo antes de arrancar.
Mientras Claudia revisaba sus anotaciones, pensé en el marco que acabábamos de descubrir al fondo de la despensa. Era una abertura antigua que alguien había decidido cerrar y que ahora necesitábamos examinar.
La casa seguía guardando espacios a los que todavía no habíamos accedido.
Claudia me pidió que repitiera mi última intervención.
Busqué la línea marcada en verde y volví a leerla, esta vez sin la entonación que tanto le había molestado.
—Ahora sí —dijo, satisfecha—. Aunque te falta practicar un poco.
Arranqué el coche.
Todavía teníamos que averiguar adónde conducía aquella puerta.