La casa sin alma Antes
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Antes

—Gracias por aceptar esta entrevista.

No respondí de inmediato. No porque no quisiera hablar, sino porque hay preguntas que abren puertas que uno lleva años manteniendo cerradas con las manos desnudas, puertas detrás de las cuales permanecen recuerdos que aprendimos a no tocar demasiado.

Y cuando se abren, ya no hay forma de volver a cerrarlas de la misma manera.

—¿Estás lista?

No lo estaba. Pero quizá uno nunca está preparado para regresar a los lugares de los que pasó tanto tiempo intentando escapar, y menos cuando esos lugares no existen solamente en una casa o en una habitación, sino también dentro de la propia memoria.

Hay recuerdos que no esperan permiso para volver.

Simplemente aparecen, a veces en medio de una conversación, mientras conduces, cuando escuchas una canción o cuando un olor cualquiera te devuelve durante unos segundos a un momento que creías perdido, como si el tiempo no tuviera nada que decir al respecto.

—¿Por qué ahora?

Porque el silencio dejó de protegerme y comenzó a encerrarme.

Durante mucho tiempo pensé que callar era una manera de sobrevivir, que no hablar de ciertas cosas podía mantenerlas lejos, pero llega un momento en que comprendes que guardar una historia dentro de ti no hace que desaparezca; solamente hace que tengas que cargarla a solas.

—¿De qué tienes miedo exactamente?

De recordar mal. De olvidar algo importante.

De que, al intentar contar lo que ocurrió, termine cambiando aquello que realmente sucedió, porque la memoria no es un archivo que permanece intacto esperando a que alguien vuelva a abrirlo.

Es algo vivo, algo que cambia contigo, que se transforma con los años y que, algunas veces, puede convertirse en el único testigo de aquello que ya nadie más puede contar.

—¿Este libro es sobre el asesinato de tu familia?

Sí. Pero si estás esperando llegar rápidamente a esa parte, te vas a equivocar de historia, porque lo que ocurrió aquella noche no comenzó aquella noche.

Mucho antes hubo una vida, una familia, una casa, personas que crecieron, envejecieron, amaron, discutieron, trabajaron y construyeron recuerdos sin imaginar que algún día alguien tendría que sentarse a reconstruirlos.

—Entonces, ¿por dónde empezamos?

Por el error más grande que comete la gente cuando escucha una historia como esta: pensar que todo empieza con la muerte. Comienzan cuando todo parece estar bien. Cuando nadie sospecha nada.

Ni siquiera yo.