La casa hueca 14. Primera vez
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14. Primera vez

Agujas de luz. Siento cómo todo mi cuerpo se estremece entre sábanas de sudor.

La persiana que no sabe cerrar. El pecho.

Duele. No es un corazón lo que late ahí dentro.

Es una bomba olvidada por algún ejército que lleva siglos anhelando estallar.

A mi lado duerme Esteban. Está semidesnudo.

Apenas una camiseta de tirantes y unos calzoncillos viejos.

Ni rastro de mortajas negras. Su respiración rítmica equivale a la más absoluta tranquilidad.

Yo, en cambio, soy la zozobra. El apocalipsis.

Un conflicto armado entre los siete pecados conocidos y los otros siete que nadie se atreve a nombrar.

Despierto.

Así que esto era soñar.