Capítulo 59
Lauren
El sol ya se ocultaba en el horizonte cuando Lauren llegó a casa de Ryan.
Él la había invitado a cenar, pero ella le había enviado un mensaje unas horas antes para avisarle de que quizá no llegara a tiempo y que cenara sin ella si se retrasaba.
Ryan sonrió al abrir la puerta, la atrajo hacia sí y le dio un beso prolongado antes de hacerla pasar.
—Perdona por llegar tarde. Me desvié del camino —explicó Lauren mientras se acercaba a saludar a Tyler, que estaba sentado en el suelo, rodeado de coches de juguete.
—¿A tu apartamento? —preguntó Ryan.
—Papá, tengo hambre —se quejó Tyler—. ¿Cuándo vamos a comer?
—No deberíais haberme esperado —dijo Lauren, aunque en el fondo le encantaba que lo hubieran hecho—. ¿Qué hay de cenar?
—Acabo de pedir una pizza. Debería llegar en unos minutos. Ty, vamos a lavarnos las manos, campeón.
—Vale —murmuró Tyler, y dejó que Ryan lo llevara al baño.
Lauren entró en la cocina y empezó a poner la mesa. Estaba hambrienta porque apenas había comido en el almuerzo. El timbre anunció la llegada de la pizza justo cuando Ryan y Tyler volvían a la cocina, y Ryan fue a pagar al repartidor mientras Lauren sentaba a Tyler a la mesa.
—¿Fuiste al zoo? —preguntó Tyler en cuanto tuvo una porción de pizza delante—. Papá me llevó al zoo de Boston. Me gustó mucho.
—¿Te gustaría volver? —preguntó Ryan—. Quizá a Lauren le apetezca venir con nosotros.
—¿Te apetece? —preguntó Tyler.
—Me encantaría. Hace siglos que no voy al zoo.
—¿Cuál es tu animal favorito? —preguntó Tyler.
—Me gustan los monos.
—¿Por qué? —preguntó Tyler, riéndose.
—Porque son divertidos. ¿Cuál es el tuyo?
—Me gustan los osos, porque me gusta Winnie-the-Pooh. ¿Cuál es tu animal favorito, papá?
—Me gustan los perros —respondió Ryan.
Jack entró en la cocina, como si lo hubieran llamado, y apoyó la cabeza contra el muslo de Ryan. Ryan lo acarició distraídamente.
—No hay perros en el zoo —protestó Tyler—. Tiene que ser un animal de verdad.
—Bueno, entonces me gustan los leones —respondió Ryan pacientemente.
—¿Por El Rey León ? —preguntó Tyler—. ¿Soy tu Simba?
—Claro que sí.
Tyler sonrió feliz y centró su atención en la pizza, devorando la porción en un tiempo récord antes de volverse hacia Ryan con expresión pensativa en su carita.
—¿Vas a besar a Lauren otra vez? —preguntó, haciendo que Ryan casi se atragantara con la pizza.
Lauren agachó la cabeza y sonrió tapándose con la servilleta, divertida y avergonzada a partes iguales.
—Si has terminado de cenar, creo que es hora de irse a la cama —dijo Ryan, haciendo todo lo posible por parecer imperturbable, pero el rubor que teñía sus mejillas lo delataba.
—Pero quiero quedarme despierto —gimió Tyler.
—Mañana tienes preescolar, y yo tengo que ir a trabajar —dijo Ryan—. Vamos.
—¿Me lees un cuento?
—Por supuesto.
—¿Puede Lauren leerme un cuento? —Tyler miró a Lauren, que se sonrojó de placer al oír la petición.
—Me encantaría leerte un cuento.
—Quiero el de los dinosaurios —dijo Tyler mientras se bajaba de la silla.
—Vamos a prepararte para la cama, y luego Lauren te leerá el cuento de los dinosaurios —dijo Ryan mientras cogía a Tyler en brazos y salía de la cocina.
Lauren sonrió mientras recogía la mesa. Le encantaba sentirse parte de una familia. Sin duda podría acostumbrarse a esto.
—Listo, todo tuyo —anunció Ryan al volver a la cocina—. Dientes cepillados, pijama puesto, libro de cuentos preparado. No dejes que te convenza para leerle más de un cuento.
—No lo haré, pero es difícil decirle que no a tanta ternura.
—A quién se lo vas a decir —respondió Ryan, sonriendo—. Vuelve pronto —susurró mientras la atraía hacia sí y le daba un beso.
**
Lauren se acurrucó más cerca de Ryan, con una sonrisa de satisfacción en su rostro sonrojado. El cuento de los dinosaurios había funcionado de maravilla, y en cuanto el hijo estuvo en la cama, el padre no había tardado en querer acostarse también.
Ryan se giró de lado y deslizó un dedo entre sus pechos y por su vientre, haciéndola estremecerse. —Cuéntame qué tal el día —la invitó—. ¿Firmaste el contrato?
—Sí.
—¿Algún arrepentimiento?
—Ninguno en absoluto. De hecho, me sentí muy liberada. Estoy deseando cerrar la venta del apartamento y pasar al siguiente capítulo de mi vida. Creo que este nuevo capítulo se titulará «Ryan».
—Creo que será una novela completa —respondió Ryan, sonriendo con confianza—. ¿Quedaste con Xavier y Brooke para comer?
Lauren asintió. —Les conté todo sobre Harper. Se quedaron un poco sorprendidos, pero ambos piensan que estoy haciendo lo correcto al ayudarla. Ahora solo tengo que decírselo a mis padres, lo cual será un poco más difícil. Pensé en no decírselo, pero creo que tienen derecho a saber la verdad.
—Sí que lo tienen —asintió Ryan—. Como padre, siempre quieres saber lo que le está pasando a tu hijo, aunque sea doloroso. ¿Tus padres se llevaban bien con Zack?
Lauren asintió.
—Lo querían como a un hijo. Se sentirán casi tan traicionados como yo.
—Creo que estarán orgullosos de cómo has manejado la situación —dijo Ryan.
—Eso espero. Puede que piensen que soy una tonta por acceder a las exigencias de Harper, pero no hago esto por Harper; lo hago por Finn. Él es inocente en todo esto.
—Tienes buen corazón, Lauren Masters. Entonces, ¿adónde fuiste después? Pensé que volverías directamente.
—Me pasé por el Archivo de Boston y luego estuve unas horas en la Biblioteca del Congreso.
—¿Encontraste lo que buscabas?
—Lo importante es lo que no pude encontrar —dijo Lauren con una sonrisa.
—Me he perdido, Masters —dijo Ryan con una sonrisa divertida.
—No pude encontrar las fechas de muerte de George Holland ni de Ted Mercer, lo que solo confirmó mi sospecha de que iba por buen camino, así que fui a la Biblioteca del Congreso a buscar respuestas.
Tienen periódicos que se remontan al siglo XVII, pero el contenido no está disponible en internet, por eso no encontré nada cuando busqué.
—Entonces, ¿qué descubriste, señorita Marple?
Lauren le dio un codazo juguetón a Ryan en las costillas.
—Después de revisar cientos de periódicos, encontré varios artículos muy interesantes que me ayudaron a reconstruir esta historia que pide a gritos que la escriban.
Sophie Holland huyó de su marido después de menos de un año de matrimonio.
Simplemente desapareció un día. Lionel Holland, el padre de George, ofreció una recompensa sustancial por cualquier información sobre su nuera fugitiva, pero no encontré artículos que mencionaran su regreso.
Y sabemos que no regresó porque terminó aquí, creemos que con Ted Mercer.
Ahora bien, al principio pensé que había conocido a Ted después de su matrimonio con George, pero su hijo mayor nació varios meses antes de que se casara con George, y se llamaba John Theo.
—¿Theo como en Theodore? —preguntó Ryan, contagiándose de su entusiasmo.
—Exacto. Así que es razonable suponer que Sophie estaba enamorada de Ted Mercer antes de su matrimonio.
No sé por qué se casó con George ni qué pasó con su hijo pequeño, pero seguramente no fue un matrimonio feliz.
Ted volvió de repente a su vida y ella no pudo dejar pasar la oportunidad de ser feliz.
—¿Y qué pasó con George? —preguntó Ryan.
Lauren se giró de lado y apoyó la cabeza en la mano.
—Esa es la parte realmente interesante. No se mencionó a Sophie ni a George durante más de un año, pero luego encontré varios artículos fechados entre abril de 1729 y octubre de 1729 que cubrían la desaparición de George Holland y el mayor Elijah Boothe.
—¿Y quién era él? —preguntó Ryan, con los ojos brillantes de curiosidad.
—Parece que el mayor Boothe era una especie de cazarrecompensas colonial. Encontré varias referencias sobre él en internet. Fue fundamental en la captura de un asesino en serie en el norte de Nueva York y también había ayudado a localizar a una heredera desaparecida en Boston.
—Entonces, ¿crees que George Holland contrató a este mayor Boothe para que le ayudara a encontrar a su esposa?
Lauren asintió con entusiasmo.
—Creo que la encontraron.
—Y Ted el Loco se deshizo de ellos —concluyó Ryan.
—Tendría sentido, ¿no? Ann Oliver mencionó que dos hombres habían desaparecido después de llegar a Eastham. Podrían haber sido George Holland y Elijah Boothe.
—Sí, podrían haberlo sido —respondió Ryan, con expresión pensativa—. ¿Crees que Sophie ronda la casa porque se siente responsable de sus muertes?
—No, creo que ronda la casa porque está esperando a su Teddy —anunció Lauren triunfante.
—¿Pudiste descubrir algo sobre su paradero después de la desaparición de los hombres?
—No, no tuve tiempo. La biblioteca estaba cerrando, pero descubriré qué le pasó, Ryan. Necesito saber cómo termina esta historia.
—¿Cómo crees que termina? —preguntó Ryan.
—En desamor y tragedia —dijo Lauren, de pronto apagada—.
Siempre pensamos que las generaciones pasadas eran tan recatadas y correctas, pero sus vidas no eran solo bailes de salón y fiestas parroquiales.
Bajo esas fachadas de compostura latían pasiones profundas, y los secretos que se llevaron a la tumba todavía tienen el poder de escandalizar, incluso después de tantos siglos.
—La gente es gente —dijo Ryan—. Hay cosas que nunca cambian. Entonces, ¿ya tienes suficiente material para tu libro?
—Sí. Sé exactamente cómo terminará.
—¿Cómo?
—Supongo que tendrás que leerlo para averiguarlo —respondió Lauren, y se sentó a horcajadas sobre Ryan, inclinándose para besarlo.
—Sé cómo terminará esto —dijo Ryan con voz ronca, dándole la vuelta sobre el colchón e inmovilizándola con su cuerpo.
—No en desamor y tragedia, espero —bromeó Lauren.
—No, esta vez no —dijo él—. Esta historia tendrá un final feliz.