Capítulo 28
Lauren encontró a Xavier en el patio, sentado en una de las sillas Adirondack, contemplando el horizonte.
—Entiendo por qué te encanta este lugar —dijo, y se levantó para darle un abrazo fraternal—.
Es precioso. Espero que me invites a pasar algún fin de semana cuando haga buen tiempo para ir a la playa.
—Puedes venir cuando quieras —respondió Lauren con una sonrisa. Ahora que lo tenía delante, le alegraba verlo. Estar con Xavier era como arroparse con su manta favorita, esa que la hacía sentirse a salvo—. ¿Cuánto llevas aquí?
—Unos diez minutos.
—¿Tienes hambre?
—Todavía no. ¿Por qué no te sientas y me cuentas cómo estás? —propuso Xavier.
—¿Mamá y papá te han enviado en misión de reconocimiento? —preguntó Lauren mientras se sentaba en la otra silla.
—Por supuesto. Están preocupados por ti, Lori.
—Pues diles que no tienen de qué preocuparse —respondió Lauren, y desvió la mirada hacia la bahía para no tener que mirarlo.
—¿Seguro? —preguntó él con suavidad—. Parecías estar llevándolo bien, teniendo en cuenta todo, y de repente te marchaste sin decir nada a nadie. Y la semana pasada mamá descubrió que habías puesto el piso en venta. ¿Qué está pasando?
—¿No es obvio? —respondió Lauren con sequedad—. Necesitaba un cambio de aires. Todo en ese piso me recuerda a Zack.
—Entonces, ¿por qué esperaste casi un año para dar el paso?
—Simplemente no estaba preparada para el engorro de una mudanza.
—¿Y ahora sí? —preguntó Xavier—. Habría pensado que querrías estar presente cuando vengan posibles compradores a ver el piso.
—Estoy trabajando con una agente inmobiliaria. Me avisará si hay alguna oferta y entonces decidiré.
—Esto no es típico de ti, Lori —insistió Xavier—. ¿Qué ha cambiado?
Lauren negó con la cabeza. Ojalá pudiera contarle la verdad, pero si se lo decía a Xavier, sus padres acabarían enterándose.
Él jamás sería capaz de ocultárselo, ni debería.
Siempre habían estado muy unidos, y ella no quería ponerlo en la tesitura de mentirles.
—Mira, simplemente necesitaba un cambio.
Venga, cuéntame de ti —dijo, con la esperanza de que pillara la indirecta y cambiara de tema.
Le sorprendió ver cómo un rubor rosado le teñía las mejillas enjutas a su hermano—. ¿Qué? —preguntó, sonriéndole.
—He empezado a salir con alguien —confesó. Lauren no dijo nada, esperando que se sintiera obligado a llenar el silencio. Xavier había tenido muchas relaciones, pero nunca lo había visto mostrarse tan cohibido. Quizá esta fuera especial—. Estoy un poco nervioso —admitió.
—¿Por qué?
Xavier soltó un suspiro sonoro, como si estuviera a punto de sacarse un peso de encima. —Porque es Brooke.
Lauren soltó una exclamación de júbilo. —Lleva enamorada de ti toda la vida. Es perfecto.
Xavier le lanzó una mirada de apuro. —Me gusta mucho, Lori, pero acabamos de empezar, y no quiero hacerle daño ni decepcionarla. No puedo garantizar que vayamos a estar juntos para siempre.
—Nadie puede. Pero ¿te ves con ella en el futuro?
—Creo que sí —respondió Xavier—. Es solo que no quiero precipitarme. Ya conoces a Brooke; seguro que ya ha comprado una docena de revistas de bodas y está buscando el vestido perfecto en este mismo momento.
—Mira, Xav, sé honesto con ella. Sabías dónde te metías cuando la invitaste a salir, y ella también.
Está claro que hay una fuerte atracción mutua, pero la fantasía y la realidad son cosas distintas, y Brooke todavía tiene que aprender a distinguirlas después de quince años fantaseando contigo. ¿Qué tal va la cosa hasta ahora?
Xavier se sonrojó aún más. —Genial. Nunca me había dado cuenta de lo sexy que es. O sea, siempre supe que era lista y divertida, pero supongo que nunca me había fijado en ella de verdad. Siempre la vi como tu amiguita, ¿sabes?
—Sí, lo sé —respondió Lauren—. Xav, Brooke ya es una mujer hecha y derecha, no una adolescente. Le han hecho daño antes, igual que a ti. Sabe que las cosas necesitan su tiempo para madurar. No la subestimes.
—Es que no quiero que me odies si las cosas no funcionan entre nosotros.
—No te odiaré. A ninguno de los dos. Lo que pase entre vosotros es cosa vuestra, y no necesito saber los detalles. Os quiero a los dos y os seguiré queriendo si rompéis. Aunque espero que no —añadió—. Brooke sería mi cuñada ideal.
—Ya estás, justo como sabía que harías —exclamó Xavier, poniendo los ojos en blanco.
—Solo te estoy tomando el pelo, imbécil. Me alegro mucho por ti. De verdad. Espero que funcione.
—Yo también —respondió Xavier con una sonrisa—. Como le cuentes esto, te mato, pero me veo pasando el resto de mi vida con ella. De verdad que sí.
Lauren asintió y apartó la mirada. Se los imaginaba juntos. Siempre había pensado que harían buena pareja. Solo esperaba que ellos tuvieran más suerte que ella y Zack.
—¿Has encontrado algún restaurante bueno por aquí? —preguntó Xavier—. Te invito a cenar.
—Hay un sitio de fusión asiática en Chatham que está muy bien —respondió Lauren.
Xavier sacó el móvil de inmediato y se metió en OpenTable para hacer una reserva. —Dios, ha tardado una eternidad. ¿Cómo aguantas con una conexión tan lenta?
—Me las arreglo —dijo Lauren con un suspiro—. Estoy aprendiendo a hacer las cosas a la antigua.
—Ya me lo imagino —murmuró Xavier.
Lauren no se molestó en decirle que no había cable ni wifi en la casa. No iba a quedarse el tiempo suficiente para que eso le importara. Si conocía bien a Xavier, se marcharía justo después de cenar para llegar a casa e informar a sus padres en el desayuno del domingo.