Capítulo 12
La lluvia tamborileaba suavemente sobre el tejado con un repiqueteo constante y relajante.
La habitación era un cuadro de grises, con las esquinas envueltas en una penumbra profunda.
Billy roncaba suavemente a los pies de la cama, con el cuerpecito hecho un ovillo.
El amanecer había llegado sigilosamente; la densa niebla y las nubes oscuras ocultaban el cielo y auguraban un día lúgubre y lluvioso.
Un movimiento cerca de la ventana captó la atención de Lauren, que se quedó inmóvil con la mirada clavada en la silla, de nuevo ocupada.
La mujer vestía una prenda blanca y vaporosa con lazos en el cuello: un camisón, presumiblemente.
Una espesa cabellera oscura le caía por la espalda y le cubría los ojos mientras se inclinaba sobre el escritorio, absorta en su tarea.
Parecía estar escribiendo una carta; la pluma volaba sobre la página mientras vertía sus pensamientos.
Lauren observó fascinada y en silencio cómo la mujer firmaba con una floritura y alzaba la página para darle un último repaso.
Desde su posición en la cama, Lauren pudo ver que tenía la hermosa caligrafía de antaño, con letras uniformes y redondeadas.
Se esforzó por leer el nombre al final antes de que la mujer dejara la carta sobre el escritorio, espolvoreara algo que parecía arena sobre la página y doblara la misiva.
Lauren no estaba segura, pero creyó que el nombre podría ser Sophie.
Su invitada inesperada guardó la carta en uno de los cajones superiores del escritorio y se puso de pie.
Arqueó la espalda al colocarse las manos en los riñones.
El vientre se le marcaba bajo la fina tela del camisón, delatando un embarazo avanzado.
La mujer se acercó a la ventana y apartó la cortina, aferrando la pesada tela con la mano.
La mano era casi translúcida; solo el brillo apagado de una alianza rompía la palidez fantasmal de su piel.
Se quedó allí varios minutos, simplemente mirando, buscando algo, al parecer.
Pero entonces el cielo comenzó a despejarse y ella se fue volviendo cada vez más tenue, hasta que su contorno se disolvió en la luz creciente.