La casa donde nunca vivimos La casa, año seis
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La casa, año seis

La casa, año seis

Año seis.

Una noche de febrero, a las once menos diez, subió un coche gris por la calle A y paró delante del portón.

No apagó el motor hasta pasados dos minutos. Después lo apagó y se apagaron también las luces, y en la calle A no quedó nada encendido, porque la farola de la rotonda hacía tiempo que solo alumbraba a ratos.

Dentro de la casa había luz.

Era una luz de trabajo puesta en el suelo y apuntada al techo, y salía por los huecos de las ventanas hacia fuera, hacia el jardín y hacia el limonero, y llegaba hasta la valla.

Con esa luz, desde el portón, se veía moverse una sombra de hombre por la planta baja.

Se veía cuando pasaba por delante del hueco del salón y se veía cuando se agachaba.

Había también una radio encendida.

A esa hora la emisora daba un programa de madrugada con dos voces. Una era de mujer y contaba algo, y en algún momento se rio, y la risa salió por el hueco del salón y cruzó los cuarenta metros de jardín y llegó al coche, que tenía la ventanilla bajada.

En el coche había una mujer y no se bajó.

A las once y veinte cruzó la calle un hombre viejo desde la parcela nueve. Vino despacio, sin linterna, y se paró junto a la ventanilla, y se apoyó con las dos manos en el marco de la puerta y se agachó un poco para hablar.

Estuvieron así siete minutos.

Lo que se dijeron no llegó a la casa. Desde el portón se veían dos siluetas y se oía el tono, que fue bajo todo el rato y no subió ni una vez. Al final el hombre viejo se enderezó, dio dos golpecitos con la mano en el techo del coche y volvió a cruzar la calle.

A las once y treinta y cuatro, dentro de la casa, la luz se apagó.

No se apagó como se apaga una luz al terminar. Se apagó de golpe, en mitad de nada, y después no se encendió otra vez ni se oyó ningún motor y ni una puerta.

La radio siguió sonando ocho minutos más y también se apagó.

El coche gris estuvo parado veintiséis minutos más con las luces apagadas.

A las doce y dos arrancó, dio la vuelta en la rotonda y bajó por la carretera del mar.

Dentro de la casa no se encendió nada aquella noche.