La casa dice que somos diez CAPÍTULO 9 #4
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CAPÍTULO 9 #4

—Tomás acaba de morir —dijo Adrián.

—Por eso —contestó Inés.

Mi padre miró a su nuera.

Ella se apoyó contra el cristal.

—Murió esperando datos que existían y un traslado que se retrasó porque vosotros necesitabais proteger la empresa. No utilices su muerte para pedirnos que esperemos otra vez.

Adrián se acercó a Elena.

—No tienes que decidir nada en este estado.

Elena levantó la cara.

—Éste es el estado en el que llevo decidiendo desde que Nico enfermó.

—Entonces sabes lo que ocurrirá si envías ese archivo. Bloquearán las cuentas. Intervendrán los laboratorios. Aureon se retirará antes del amanecer.

—Sí.

—La segunda unidad aeromédica, los especialistas, el tratamiento de Nico: todo eso depende de relaciones que la empresa mantiene.

—El helicóptero no es tuyo.

—Pero su futuro tratamiento sí.

Nico habló desde la silla.

—Mamá.

Elena miró a su hijo.

—Firma.

Mi padre se volvió hacia él.

—No entiendes lo que estás pidiendo.

—Estoy pidiendo que dejes de mantenerme vivo a costa de gente a la que no puedo mirar.

—Si Lázaro desaparece—

—Entonces desaparecerá porque lo convertisteis en esto.

Adrián se quedó quieto.

Nico respiró hondo. El esfuerzo le provocó una tos seca.

—La primera versión me salvó —continuó—. Eso no te pertenece. Tampoco te pertenece lo que hiciste después.

Elena se puso de pie.

Fue hasta la mesa de mi madre, donde la unidad de Alma seguía conectada al canal. La pantalla mostraba los tres paquetes preparados.

Abrí la comunicación regulatoria.

La primera frase que habíamos retirado de la alerta seguía allí:

La dirección de Varela Biotec ocultó información relevante y ordenó destruir muestras antes de una inspección independiente.

Debajo estaban los documentos, las firmas y la declaración grabada de Tomás.

Elena la abrió.

Mi hermano apareció en la pantalla de la clínica, pálido, con sangre en las encías y los cables sobre el pecho.

—Nadie falsificó mi firma —dijo la grabación—. Nadie me obligó.

Elena detuvo el vídeo.

—No necesito verlo otra vez.

Colocó la pulsera en el lector.

La casa solicitó el propósito.

—Divulgación regulatoria de emergencia —respondió Elena.

—El archivo contiene secretos industriales, información clínica identificable y comunicaciones protegidas. Confirme destinatarios.

Alma leyó la lista: agencia de medicamentos, fiscalía, juzgado de San Gregorio y los comités éticos de los centros participantes.

—Añade a las familias —dije.

—No podemos enviarles el archivo completo —respondió Elena.

—El paquete anonimizado.

Alma añadió a los representantes legales de los pacientes y a la asociación que había conservado los expedientes.

Mi padre se acercó a la consola.

Julián se interpuso sin tocarlo.

—Déjala.

Adrián observó la pulsera de su hija.

—No estás salvando a Nico.

Elena puso el dedo en el lector.

—No. Estoy dejando de usarlo para salvarnos a nosotros.

Confirmó.

La casa solicitó mi autenticación fiduciaria.

Apoyé la muñeca junto a la suya.

—Nora Varela. Confirmo la entrega íntegra del archivo y la preservación de la cadena de custodia.

—Autorizaciones registradas.

El envío comenzó.

No apareció una barra dramática. Sólo una lista de archivos que cambiaban de estado a medida que atravesaban el canal.

ENVIADO. RECIBIDO. FIRMA VALIDADA.

El paquete regulatorio salió primero. Después el clínico. Por último, la versión anonimizada.

Al llegar al comunicado público, el sistema pidió un texto de acompañamiento.

La plantilla corporativa propuso:

Varela Biotec informa de una suspensión preventiva mientras investiga posibles acontecimientos adversos.

Lo borré.

Escribí:

Varela Biotec administró Lázaro-7 a pesar de conocer señales de daño hematológico y una desviación grave en el lote L7-4B.

Once personas han muerto entre los casos identificados hasta ahora.

La empresa ocultó información, desacreditó a quien intentó detener el protocolo y destruyó muestras antes de una inspección.

Hemos entregado los archivos originales a las autoridades y suspendido toda administración.

Alma leyó por encima de mi hombro.

—«Hemos» diluye.

Cambié la última frase.

Elena y yo hemos entregado los archivos originales a las autoridades. Varela Biotec ha suspendido toda administración.

—Falta tu nombre en el comunicado contra mí —dijo Alma.

Añadí:

Yo redacté el comunicado que desacreditó públicamente a Alma Rojas. Conocía la existencia de dudas clínicas y elegí no investigarlas.

Mi padre leyó el texto.

—Estás confesando una responsabilidad que quizá no tengas.

—Tengo ésta.

—Los abogados pueden determinarla.

—Ya dejé que los abogados eligieran mis palabras una vez.

Firmé con mi nombre.

Elena añadió el suyo.

El mensaje salió.

A los pocos segundos, el centro de continuidad intentó cerrar el canal.

Sofía bloqueó la orden hasta recibir las confirmaciones externas.

AGENCIA DE MEDICAMENTOS: RECIBIDO. FISCALÍA: RECIBIDO. JUZGADO DE SAN GREGORIO: RECIBIDO. COMITÉ ÉTICO CENTRAL: RECIBIDO.

El paquete público salió después.

—Ahora sí —dijo Sofía.

Liberó el canal corporativo.

La conexión se cerró.

Mi padre permanecía junto a la maqueta. La figura del patio rojo había vuelto a caer durante las compresiones. Esta vez nadie la levantó.

Los sanitarios terminaron de preparar a Nico y a Gabriel.

Gabriel se sentó en la segunda silla de evacuación. Tenía el rostro gris, pero ya no sangraba por la nariz. Antes de entrar en la cámara verde, miró a Alma.

—El archivo contiene mis notas privadas.

—Sí.

—Hay cosas que escribí antes de que cambiaran los informes.

—También cosas que escribiste después.

Gabriel asintió.

—Voy a declarar.

—Primero sobrevive.

—No es una absolución.

—No te la he ofrecido.

Julián empujó la silla hacia el jardín.

Nico pasó junto a la clínica.

Pidió que se detuvieran.

Elena se acercó y se arrodilló frente a él.

Durante unos segundos ninguno supo qué hacer con las manos. Finalmente, Nico apoyó la suya sobre la cabeza de su madre.

—No puedes venir —dijo.

—Lo sé.

—Inés tiene que quedarse.

Mi cuñada estaba sentada junto a Tomás. No parecía escuchar.

—El equipo sabe lo que me han dado —continuó Nico—. Los archivos ya están fuera.

—Lo sé.

—Deja de decir eso.

Elena cerró los ojos.

—Perdón.

Nico retiró la mano.

—Te llamo cuando pueda.

No prometió estar bien.

Elena no se lo pidió.

La cámara verde se abrió. El viento del jardín entró unos centímetros antes de que la presión volviera a estabilizarse.

Los sanitarios llevaron a Nico y a Gabriel hasta el centro del patio. El fresno se agitaba bajo el helicóptero. Sobre las losas habían desplegado dos arneses de extracción.

Alma se detuvo detrás del cristal.

Nico la vio.

Levantó dos dedos.

Golpeó dos veces el lateral de la silla.

Esperó.

Repitió los dos golpes.

Alma respondió contra el vidrio.

El torno elevó primero a Gabriel. Su cuerpo desapareció entre las ramas y ascendió hacia la luz blanca.

Después sujetaron a Nico.

Elena apoyó ambas manos sobre la puerta cerrada.

La silla se separó del suelo.

Nico atravesó la copa del fresno y salió de Casa Cero por el hueco que Ana había dejado para que entrara la luz.