La casa dice que somos diez CAPÍTULO 7 #4
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CAPÍTULO 7 #4

La frase no fue pronunciada con rabia. Sonó gastada por los años.

—La vi perder cada cosa que había diseñado para sí misma —continuó—. Primero dejó de subir las escaleras. Después no pudo cruzar el atrio sin ayuda. Al final no podía sostener un lápiz. Cuando Nico empezó a presentar los mismos síntomas, yo sabía lo que venía.

—Todos lo sabíamos.

—No como yo.

—Siempre dices eso.

—Porque es verdad. Tú te marchaste.

No pude negarlo.

Mi padre apoyó un dedo sobre el pequeño techo del Ala Violeta.

—Tomás se escondía en la clínica. Elena contaba las horas entre síntomas. Tú dejaste de venir. Yo me quedé con ella.

—Y después convertiste quedarte en una absolución.

—Convertí su enfermedad en algo que podía evitarse.

—No la suya.

—No llegamos a tiempo.

Al otro lado del cristal, Inés ajustó la perfusión de Tomás. Elena permanecía junto a Nico, aunque él seguía sentado fuera de la clínica.

Mi padre miró a su familia.

—Lázaro funciona.

—La primera versión funcionó.

—Podemos corregir la séptima.

—Lucía Torres no puede esperar a la octava.

Su rostro se endureció al oír el nombre.

—No sirve de nada recitarlos.

—Sirve para que la frase tenga sujeto.

El paquete médico terminó de copiarse.

Alma lo abrió desde la unidad para comprobar que los archivos podían leerse. El protocolo C-17, los registros de L7-4B y las pautas de rescate estaban allí.

—Envíalo al hospital receptor —dijo Inés—. Si autorizan evacuación, quiero que sepan qué van a recibir.

Sofía adjuntó el paquete a la alerta médica.

—Contiene información confidencial —advirtió la casa.

—Autorizo la divulgación de emergencia —dije.

—Se requiere confirmación de un responsable clínico.

—Yo la autorizo —dijo Inés.

—Confirmación registrada.

El envío salió.

Mi padre no intentó detenerlo.

Cinco segundos después recibimos una respuesta de coordinación regional:

UNIDAD AEROMÉDICA ACTIVADA. TIEMPO ESTIMADO SUJETO A CONDICIONES DEL PERÍMETRO. PREPARAR ZONA DE EXTRACCIÓN Y PRIORIZACIÓN DE PACIENTES.

—¿Zona de extracción? —pregunté.

Sofía amplió los planos.

—La cubierta sobre el Jardín Verde puede abrirse para evacuación vertical.

—El jardín está sellado.

—Tendré que purgar el sector, comprobar la atmósfera y retraer el techo.

—¿Cuánto?

—Cuarenta minutos si el sistema coopera.

—¿Y si no?

—Ana diseñó una apertura manual.

Mi padre soltó una risa breve.

—Tu madre no diseñó un helipuerto.

—Diseñó un jardín con techo móvil para regular la luz. Tú lo reforzaste para que soportara un aterrizaje.

—Nunca se certificó.

—Entonces esperemos que el piloto no pregunte.

La casa emitió un tono grave.

No procedía de la clínica.

Las luces del Núcleo pasaron de blanco a naranja.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Gabriel.

Sofía consultó la consola de mantenimiento.

—Una rutina del archivo.

—¿Cuál?

Ella no respondió.

Se movió entre varias pantallas, abrió registros y comprobó la hora.

—Sofía.

—Hay una tarea de saneamiento programada.

Alma se acercó.

—¿Saneamiento de qué?

—Del volumen que estamos copiando.

En la pantalla apareció una ventana.

DEPURACIÓN CRIPTOGRÁFICA EJECUCIÓN PROGRAMADA: 02:00 MOTIVO: COMPROMISO DE SEGURIDAD / ACCESO NO AUTORIZADO ALCANCE: ARCHIVO ORIGINAL Y CLAVES DE RECUPERACIÓN

Miré la hora.

01:47.

—Cancélala —dije.

Sofía pulsó la opción.

AUTORIZACIÓN INSUFICIENTE.

—Usa mi pulsera.

—La rutina fue iniciada por el administrador principal. Sólo él puede cancelarla o transferir el permiso.

Todos miramos a mi padre.

—¿Cuándo la programaste? —pregunté.

—Después de detectar al intruso.

—Todavía estábamos buscando a Alma.

—No sabía qué había conectado ni cuánto había extraído.

—No había conectado nada.

—Eso lo sabemos ahora.

La barra de la transferencia marcaba veintisiete por ciento.

TIEMPO ESTIMADO: 00:17:46.

Faltaban menos de trece minutos para las dos.

—Cancélala —dijo Gabriel.

—Ya tenemos los archivos médicos.

—No tenemos la imagen completa.

—Tampoco sabemos qué más introdujo Alma en su dispositivo.

—Está en modo de sólo lectura —dijo Sofía.

—Configurado por ti.

—Y registrado por la casa.

—La misma casa que no detectó su entrada.

—La detectó. Nosotros decidimos que la décima respiración era un error.

Alma se apoyó en la mesa. El dolor del costado había vuelto; una sombra roja comenzaba a extenderse bajo la bata, cerca de los puntos.

—Adrián, si se destruyen las claves, no quedará forma de demostrar que el certificado fue sustituido.

—Los documentos relevantes ya se han copiado.

—Los que tú decidas llamar relevantes.

—Los que pueden salvar a los pacientes.

—Y mañana, ¿qué salvará a los muertos?

Mi padre no contestó.

Sofía intentó acceder a la rutina desde el panel físico.

—Puedo cortar la alimentación del módulo de borrado.

—Hazlo —dije.

—Comparte controlador con el puerto de transferencia. Interrumpiría la copia. Cuando vuelva a encenderse, la rutina se ejecutará antes de que podamos montar otra vez el volumen.

—¿Puedes aislar el controlador?

—Desde el nivel inferior.

—Ábrelo.

—La bóveda no permite acceso mientras el archivo está montado.

—¿No existe una anulación manual?

Sofía miró hacia la maqueta.

—Existe.

Mi padre comprendió antes que yo.

—No.

Sofía rodeó la mesa y se arrodilló junto al zócalo. Pasó los dedos bajo el tablero de roble hasta encontrar una pieza de metal.

—Cuando instalaron el Núcleo, Ana exigió que cualquier espacio cerrado pudiera abrirse sin electricidad.

—Ana ya había muerto cuando instalamos el servidor —dije.

—La exigencia estaba en los planos originales. Los inspectores obligaron a conservarla.

Presionó el metal.

Una sección del suelo se elevó unos milímetros junto a la maqueta.

Debajo había una compuerta estrecha.

—Conduce al nivel de baterías —dijo—. Puedo bajar, aislar el controlador de saneamiento y mantener activo el puerto.

—¿Cuánto tardarás?

—Con luz y sin errores, ocho minutos.

—Tienes doce.

Sofía levantó la tapa.

Una escalera vertical descendía hacia la oscuridad. Desde abajo subía el zumbido de los transformadores y un aire más frío que el de la sala.

Julián entró en el Núcleo.

—No bajas sola.

—El espacio es demasiado estrecho.

—Entonces bajo yo.

—No sabes qué cable cortar.

—Me lo dices.

Sofía señaló la bandeja de herramientas de su cinturón.

—Hay tensión suficiente para detenerte el corazón. No es una metáfora.

—Me han dado instrucciones peores.

La casa volvió a emitir el tono.

01:49.

La transferencia alcanzó treinta y uno por ciento.

Mi padre cerró la compuerta antes de que Sofía pudiera bajar.

—Nadie va a entrar ahí.

—Quítate —dijo ella.

—Tenemos los datos clínicos y una evacuación en camino. Se acabó.

—No se ha acabado —respondí.

—No arriesgarás otra vida para copiar archivos.

—Ya arriesgaste cinco para no perder una fecha.

—Precisamente por eso.

—No uses lo que hiciste como autoridad para decidir lo que hacemos ahora.

Mi padre apoyó el pie sobre la compuerta.

Julián avanzó.

Adrián lo miró.

—¿Vas a apartarme por la fuerza?

Julián no respondió.

Desde la clínica llegó una alarma aguda.

El monitor de Tomás mostraba una caída de presión. Inés entró en el cubículo, detuvo una de las perfusiones y comprobó la vía. Elena sujetó la bolsa mientras ella revisaba a mi hermano.

Tomás seguía consciente.

—Estoy bien —dijo.

—No estás bien —respondió Inés.

—Ha sido la medicación.

—O una hemorragia.

—Inés.

—No hables.

Tomás giró la cabeza hacia el cristal. Podía ver a mi padre dentro del Núcleo, con el pie sobre la compuerta.

—Papá.

Adrián no se movió.

—Cancela el borrado —dijo Tomás.

—Tú concéntrate en respirar.

—Llevo toda la noche haciendo eso.

—La información médica está a salvo. Van a venir a buscaros.

—No se trata sólo de nosotros.

Mi padre miró a su hijo.

Tomás levantó la mano conectada a la vía y la apoyó contra el cristal.

—Si borras los archivos, vuelves a hacerlo.

—¿Qué?

—Elegir quién cuenta.

El reloj del Núcleo cambió.

01:50.

La transferencia alcanzó treinta y cuatro por ciento.

Alma mantenía una mano sobre la unidad. Gabriel estaba sentado a la mesa de Ana, sangrando otra vez. Nico permanecía en el suelo, junto a una madre que ya no podía prometerle nada. Sofía esperaba delante de la compuerta. Julián había colocado los pies como si se preparara para sujetar a alguien.

La casa solicitó una decisión.

—Depuración criptográfica en diez minutos —anunció—. Administrador principal: confirme ejecución o cancelación.

Mi padre contempló a Tomás a través del cristal.

El primer segundo desapareció antes de que hablara.

Después, otro.