La casa dice que somos diez CAPÍTULO 7 #3
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CAPÍTULO 7 #3

—Pierdes estabilidad de cápside. Generas más agregados de los que retiras.

—San Gregorio informó que la pureza final estaba dentro de rango.

—Porque midieron proteína libre, no partículas subvisibles.

Gabriel abrió otro archivo. El análisis de partículas había sido realizado, pero figuraba como NO VÁLIDO POR ERROR DE MUESTREO.

—¿Quién lo anuló? —preguntó Alma.

La firma pertenecía al director de San Gregorio.

Junto a ella había un mensaje de mi padre:

EL VALOR NO ES COHERENTE CON EL CONTROL DE POTENCIA. REPETIR SIN RETRASAR LA LIBERACIÓN.

—El valor era coherente —dijo Gabriel—. Era exactamente lo que cabía esperar después del reprocesado.

Mi padre no se defendió.

—¿Sabías lo del estudio C-17? —preguntó Gabriel.

—Sabía que había sido excluido por contaminación.

—¿Y aun así autorizaste un lote con agregados?

—Autoricé repetir las pruebas.

—Administrasteis antes de recibir la repetición.

El registro de distribución mostraba las horas.

El lote se había dividido en cinco dosis a las seis de la mañana. Las muestras de repetición llegaron al laboratorio externo a las ocho y cuarto. A las nueve, las cinco dosis salieron de San Gregorio.

Los resultados definitivos no llegaron hasta la tarde.

Para entonces, todos habían recibido Lázaro-7.

—¿Quién decidió administrar? —preguntó Elena.

Mi padre la miró.

—Lo decidimos juntos.

—Me dijiste que la desviación había sido corregida.

—Se había reprocesado.

—Me enseñaste el certificado limpio.

—Porque el control de potencia era correcto.

Gabriel golpeó la mesa.

La maqueta de la casa tembló. Una de las figuras diminutas cayó dentro del patio rojo.

—¡La potencia no mide agregados!

El grito rebotó entre los servidores. Gabriel tuvo que sentarse de nuevo. La sangre volvió a manarle de la nariz.

Alma recogió la figura caída. Era un hombre minúsculo pintado de blanco. Lo dejó de pie junto a la maqueta.

—¿Por qué los cinco? —pregunté.

Mi padre apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Aureon quería pruebas de confianza interna antes del cierre. No era un requisito formal, pero su consejo había expresado reservas por los retrasos.

—¿Os inyectasteis para convencer a los inversores?

—Nico necesitaba la dosis. Los demás decidimos participar en la cohorte puente.

—¿Nico conocía la desviación?

—Nadie consideró que fuera material.

—Clara Vento recomendó desechar el lote.

—Clara Vento no tenía la visión completa.

—Tenía la medición.

Mi padre apretó los dedos contra la madera.

—Yo también recibí la dosis. No le di a Nico nada que no estuviera dispuesto a inyectarme.

Alma lo miró.

—Tu disposición a morir no te daba permiso para llevarte a los demás.

—Todos eran adultos.

Nico habló desde la puerta.

—En mi consentimiento decía «lote conforme».

Adrián cerró la boca.

Elena se apoyó en el marco.

—¿Por eso ordenaste destruir las muestras?

—Las muestras eran inestables.

—¿Después de que Clara solicitara una revisión independiente?

—La revisión habría tardado semanas.

—¿Por eso las quemaste?

—Ordené la destrucción térmica conforme al protocolo.

—Desactivando la refrigeración del almacén —dijo Sofía—. La casa recibió el informe del incendio. El sistema de enfriamiento de San Gregorio se desconectó para alimentar los hornos de destrucción. Había disolventes en el mismo circuito de extracción.

—Eso fue una negligencia de la planta.

—Que estaba cumpliendo tu orden antes de una inspección.

Mi padre apartó las manos de la mesa.

—Creí que el lote era seguro.

—No —dijo Gabriel—. Creíste que podías permitirte que lo fuera.

Elena salió del marco de la puerta.

No entró en el Núcleo. Caminó de regreso a la clínica sin mirar a nadie.

Nico permaneció allí.

—¿Qué va a pasar? —preguntó.

Nadie respondió.

—Alma.

Ella se volvió.

—¿Qué va a pasarme?

Alma apoyó una mano sobre el borde de la mesa.

—No lo sé.

—Has visto los estudios.

—He visto cuatro animales y un protocolo incompleto. Los recuentos de los cinco no están cayendo a la misma velocidad. Puede depender de la dosis efectiva, del nivel de anticuerpos que ya tuvierais o de cómo respondió cada organismo.

—¿Voy a morir?

Elena se detuvo en el corredor.

Alma no suavizó la respuesta.

—Podrías.

Nico asintió despacio.

—Gracias.

Su madre regresó hacia él.

—No le des las gracias por eso.

—Es la primera respuesta completa que recibo.

Inés nos llamó desde la clínica.

El nuevo recuento había llegado.

Tomás: nueve mil. Gabriel: treinta y nueve mil. Nico: cuarenta y ocho mil. Adrián: sesenta y tres mil. Elena: sesenta y siete mil.

La dosis de plaquetas había elevado a Tomás sólo mil unidades.

Inés apareció en la pantalla del Núcleo.

—La segunda dosis del inhibidor es para Gabriel.

—Dásela a Nico —ordenó Elena.

—Gabriel tiene treinta y nueve mil y sangrado activo.

—Nico ha caído veinticuatro mil en una hora.

—Y todavía está por encima de Gabriel.

—Es más joven.

—Eso juega a su favor, no en su contra.

—No sabemos si tolerará otra caída.

—Tampoco sabemos si Gabriel la tolerará.

Gabriel levantó la cabeza.

—Dásela a Nico.

Inés frunció el ceño.

—No te he preguntado.

—El estudio C-17 fue responsabilidad mía.

—Esto no es una penitencia.

—Tampoco es una decisión puramente matemática.

—En mi clínica, mientras yo responda por vosotros, lo será todo lo que pueda.

—Inés —dijo Nico—. Dásela a Gabriel.

Elena agarró el marco de la puerta.

—Nico, no.

—Me preguntasteis qué quería.

—No en esto.

—Precisamente en esto.

—No entiendes el riesgo.

Nico sonrió. Tenía sangre entre los dientes.

—Empiezo a detectar un patrón.

Inés sostuvo la mirada de Elena.

—Gabriel recibe la segunda dosis. La tercera queda reservada hasta el próximo análisis.

Elena entró en la clínica.

La puerta se cerró detrás de ella.

Tomás llamó a Nico desde el cubículo.

—Ven aquí.

—Inés ha dicho que no me mueva.

—Entonces hazle caso. Es una experiencia nueva para la familia.

Nico se sentó en el suelo junto a la puerta del Núcleo. Apoyó la espalda contra el panel negro y cerró los ojos.

Alma volvió a la unidad.

—Necesito copiarlo todo.

—Ya has encontrado la causa —dijo mi padre.

—Hemos encontrado una desviación y un mecanismo compatible. Necesito la cadena completa, los archivos originales y las firmas.

—Tienes el documento.

—Tengo una pantalla. Mañana dirás que la unidad fue manipulada. Gabriel dirá que la conclusión no era definitiva. Elena dirá que recibió información incompleta. Nora explicará que escribió lo que los científicos le dieron. Cada uno volverá a ocupar su grupo pequeño.

—Yo no voy a volver a decir eso —dijo Gabriel.

Alma lo observó.

—Entonces ayúdame a preservarlo.

Gabriel acercó el teclado.

—El archivo original utiliza firmas encadenadas. Si copias carpetas sueltas, las firmas se rompen. Necesitas una imagen completa del volumen.

—¿Cuánto ocupa?

Sofía consultó la información.

—Tres coma ocho terabytes.

—Mi unidad admite cinco.

—La velocidad del puerto está limitada.

—¿Cuánto?

Sofía inició la transferencia.

La barra apareció en la pantalla.

TIEMPO ESTIMADO: 00:42:18.

—Cuarenta y dos minutos —dijo Nico sin abrir los ojos.

—Podemos priorizar carpetas —propuse.

—Perderíamos la cadena —respondió Alma—. Necesito demostrar que los archivos proceden del respaldo original.

—Copia primero los estudios médicos —dijo Inés.

—Ya los tenemos visibles.

—Visibles no sirve si el servidor falla.

Gabriel seleccionó el protocolo C-17, el registro del lote y el protocolo de rescate.

—Podemos crear un paquete urgente separado sin detener la imagen completa.

—Hazlo —dijo Alma.

El sistema comenzó dos procesos. El paquete médico tardaría cuatro minutos. La imagen forense continuaba por debajo.

Sofía se agachó junto a la línea de refrigeración. La condensación había formado un hilo de agua que descendía hacia el nivel inferior.

—Tengo que cerrar el circuito secundario.

—¿Qué ocurrirá? —pregunté.

—Subirá la temperatura del Núcleo. La casa compensará con el principal, pero consumirá más batería.

—¿Cuánto más?

—No lo sé hasta que lo haga.

—Hazlo.

Mi padre habló desde la otra punta de la mesa.

—Espera.

Sofía no lo miró.

—Si el refrigerante llega a las baterías, puede provocar un cortocircuito.

—Puedes reparar la fuga.

—Necesito entrar en el nivel inferior.

—Entonces entra.

—El nivel inferior se selló cuando Nora montó el archivo. La casa lo considera parte de la bóveda.

—Ábrelo.

—Requiere detener la transferencia.

Alma se irguió.

—No.

—Si no cierro el circuito, podemos perder el servidor entero.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

Sofía examinó la película de agua, la temperatura de las tuberías y la presión.

—Veinte minutos antes de que alcance el primer sensor de batería. Quizá treinta.

La transferencia indicaba treinta y ocho minutos.

—Siempre falta un poco —dijo Nico—. Oxígeno, tiempo, medicación.

—La casa fue diseñada para resistir —respondió mi padre.

Nico abrió los ojos.

—¿A qué?

Adrián no contestó.

Sofía introdujo unos paños absorbentes alrededor de la fuga y colocó una bandeja bajo la válvula.

—Esto comprará diez minutos. Después necesitaré abrir abajo.

Alma observó la barra de progreso.

Dos por ciento.

—Podemos aumentar la velocidad —dijo Gabriel.

—¿Cómo?

—Desactivando la verificación simultánea. Copiamos primero y comprobamos las firmas al final.

—Si se interrumpe, no sabremos qué se ha corrompido.

—Si mantenemos esta velocidad, no llegaremos.

Alma calculó el riesgo.

—Desactívala.

Gabriel cambió la configuración.

TIEMPO ESTIMADO: 00:23:51.

La unidad vibró sobre la mesa.

Mi padre se acercó a la maqueta. Levantó la figura que Alma había colocado junto al patio rojo y la devolvió a su posición original.

—Tu madre odiaba esta habitación en invierno —dijo.

No supe si me hablaba a mí o a la casa.

—Se le enfriaban las manos. Quería instalar calefacción bajo la mesa, pero decía que los libros se secarían.

—Los sacaste.

—Están conservados.

Señaló los tres estantes tras el cristal.

—Ésos eran los que no tenían dedicatorias —dije.

Mi padre miró la madera cortada para dejar pasar el tubo.

—Necesitábamos un espacio estable.

—Necesitabas que todo pasara por una puerta que pudieras cerrar.

—Construí lo que era necesario.

—Ana construyó una casa.

—Ana murió.