La casa dice que somos diez CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

—No. A ellos tenía la obligación de preguntarles qué querían.

Nico se separó de su madre y entró en el campo visible de la puerta.

—La segunda dosis es para Gabriel.

Elena lo miró.

—No digas tonterías.

—Tiene menos plaquetas.

—No sabemos cuánto tienes ahora.

—Entonces que me saquen sangre.

—Nico.

—No vuelvas a elegirme sin preguntarme.

Inés apareció en el corredor con una jeringa.

—Voy a repetir los análisis de todos. Hasta tenerlos, no hay segunda dosis.

Entró en el cubículo de Tomás con tres viales y un antibiótico. Mi hermano miró las cajas, después a Gabriel.

—¿Cuándo descartasteis este protocolo?

Gabriel seguía frente a la pantalla del Núcleo.

—Después del cultivo positivo.

—La activación de complemento estaba en el anexo.

—El informe final atribuyó el cuadro a la infección.

—¿Quién redactó el informe final?

Gabriel no respondió.

Alma abrió las propiedades del archivo.

Autor: GAbrIEL LEAL. Revisión: TOMÁS VARELA. Aprobación ejecutiva: ELENA VARELA.

Los tres nombres ocuparon la pantalla.

Tomás los leyó.

—No vi este anexo.

—Estaba en el paquete —dijo Gabriel.

—Me enviaste un resumen de doce páginas.

—El paquete completo estaba vinculado.

—El enlace pedía credenciales de preclínica. No tenía acceso.

—Podías haberlo solicitado.

Tomás lo miró desde la clínica.

—¿Cuántas veces vamos a usar esa frase esta noche?

Gabriel se llevó una mano a la boca. Cuando la retiró, había sangre nueva en sus dedos.

—Creí que era contaminación —dijo.

—Querías creerlo —respondió Alma.

—Sí.

Fue la primera vez que no intentó defender la diferencia.

Inés conectó el tratamiento de Tomás. El líquido transparente descendió por la vía con una lentitud desesperante.

—Esto no va a corregirlo en cinco minutos —advirtió—. Si funciona, puede detener el consumo. Necesitamos trasladarlo a un hospital.

—Voy a abrir el canal —dije.

Mi padre avanzó.

—Primero recuperamos la información médica.

—Podemos hacer ambas cosas.

—No sabemos quién monitoriza el enlace.

—Emergencias, con suerte.

—La policía, la agencia reguladora, cualquiera que esté investigando San Gregorio.

—Me estás dando motivos para usarlo.

Sofía apareció al fondo del Núcleo.

Había accedido desde una puerta estrecha situada detrás de los servidores, comunicada con el anillo técnico. Llevaba una linterna sujeta al hombro y una llave manual colgada del cinturón.

—El enlace no es una línea telefónica —dijo—. Es un túnel cifrado hacia el centro de continuidad de Varela Biotec. Desde allí puedo solicitar una pasarela externa.

Mi padre se volvió.

—Te he prohibido entrar.

—Y yo he descubierto que el banco secundario de refrigeración tiene una fuga.

Se arrodilló junto a una rejilla. Una película de condensación se extendía por el suelo.

—La casa lleva años respirando aire limpio para gente que nunca está aquí. Nadie pensó que tendría que mantener cinco sectores aislados, una clínica a pleno rendimiento y un servidor durante una emergencia real.

—¿Puedes abrir la pasarela? —pregunté.

—Sí. Quedará registro en el centro de continuidad.

—Ábrela.

—Nora —dijo mi padre.

Sofía miró mi pulsera.

—Tú tienes acceso fiduciario. Adrián tiene acceso corporativo. Para una llamada médica, basta cualquiera de los dos.

—Entonces hazla.

Sofía se dirigió a una consola lateral.

Mi padre se interpuso.

—Hay material clínico sin anonimizar en este servidor.

—No voy a enviarlo —dije—. Sólo la alerta.

—La existencia de una alerta vinculará los síntomas con Lázaro.

Inés apareció en el altavoz.

—Los síntomas están vinculados con Lázaro.

—Todavía no lo sabemos.

Gabriel señaló el protocolo abierto.

—Sí lo sabemos.

Mi padre lo miró.

Gabriel se limpió la sangre del labio.

—No sabemos todo lo que ha ocurrido —continuó—. Pero sabemos eso.

La frase pareció costarle más que la hemorragia.

Adrián se apartó de la consola.

Sofía abrió el canal.

Un indicador comenzó a girar en la esquina de la pantalla.

La casa solicitó destino. Elegimos coordinación regional de emergencias sanitarias.

Inés dictó el mensaje desde la clínica: cinco pacientes con trombocitopenia aguda después de exposición a un vector viral, uno en estado crítico, probable microangiopatía trombótica, necesidad de traslado urgente y soporte hematológico.

—No digas exposición —intervino Elena—. Parece contagioso.

—Administración —corrigió Inés—. Después de la administración de una terapia génica.

Sofía envió el mensaje.

La respuesta automática tardó diecisiete segundos.

INCIDENTE RECIBIDO. UBICACIÓN DENTRO DEL PERÍMETRO DE EXCLUSIÓN DE SAN GREGORIO. ACCESO TERRESTRE NO AUTORIZADO. PENDIENTE DE EVALUACIÓN AEROMÉDICA.

—¿Cuánto? —preguntó Nico.

—No lo dice —contestó Sofía.

Consultó el estado exterior. Un mapa apareció sobre la pantalla: la zona industrial, la columna de humo desplazándose hacia el este y el perímetro de seguridad alrededor de San Gregorio. Casa Cero quedaba en el límite sur de la exclusión.

—La concentración exterior está bajando —dijo Sofía—. Si el viento se mantiene, la toma de aire podría ser segura dentro de una hora y media.

—¿Y abrir la casa?

—No antes.

—Tenemos reservas —dijo mi padre.

—Tenemos tres dosis —respondió Nico.

Nadie corrigió la equivalencia.

Alma volvió al archivo.

—Necesito los datos de fabricación.

—Ya tienes el certificado —dijo mi padre.

—Tengo el documento que queríais que viera Aureon.

Abrió la unidad de transferencia y ejecutó una comparación con su índice. Varias rutas aparecieron en rojo. Eran archivos que habían existido cuando ella conservaba acceso, pero que ya no figuraban en el árbol visible.

—El registro primario está oculto —dijo.

—O archivado con otro identificador —propuso Gabriel.

—¿Quién puede ocultar una carpeta?

—Control de calidad, dirección de fabricación o el administrador.

Miramos a Adrián.

—No gestiono carpetas —dijo.

—Pero puedes ordenar que alguien lo haga —contesté.

Sofía examinó los metadatos del certificado.

—El archivo visible no es el original.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Gabriel.

—Fue creado hace cuatro días. El lote se liberó hace ocho.

—Puede ser una exportación.

—Conserva la misma firma digital, pero no el historial de versiones.

Alma conectó el índice de su dispositivo al archivo. La pantalla mostró una ruta antigua:

/L7/VALIDACIÓN_4/4B/EXCEPCIÓN_TÉRMICA/

—Eso no estaba en el paquete de liberación —dijo Gabriel.

—Estaba en el servidor cuando me echaron —respondió Alma—. Aún no existía el lote, pero ya habían creado la carpeta para las desviaciones de escalado.

Sofía intentó abrir la ruta de forma directa.

El sistema solicitó una clave de recuperación.

—Nora —dijo.

Apoyé la pulsera.

Acceso denegado.

—Se requiere autorización administrativa.

Mi padre permaneció quieto.

—Adrián —dijo Gabriel.

—No conozco esa carpeta.

—Entonces no tienes motivo para impedir que la abramos.

—La recuperación de archivos ocultos puede comprometer la integridad del respaldo.

Alma se apoyó en la mesa.

—Tienes la misma respuesta para todo. El dato existe, pero mirarlo es peligroso. El paciente existe, pero incluirlo contamina la muestra. La muerte existe, pero decir su nombre amenaza el tratamiento.

—No necesito lecciones de alguien que ha entrado aquí mintiendo.

—No. Necesitas tiempo. Llevas toda la noche comprándolo.

Mi padre se volvió hacia la puerta.

—He terminado.

Sofía levantó la llave manual.

—Yo no.

La introdujo en una ranura bajo la consola. No era una llave de acceso a los archivos, sino un mecanismo de mantenimiento que obligaba al sistema a mostrar todas las unidades montadas. El árbol de carpetas desapareció. En su lugar surgió un mapa físico de los discos.

Uno de los bloques estaba etiquetado como espacio no asignado.

—Ahí —dijo Alma.

—Eso puede ser un volumen eliminado.

—Los volúmenes eliminados no reciben alimentación.

Sofía aisló el bloque y solicitó recuperación forense.

La casa volvió a pedir autorización administrativa.

—Utiliza la mía —dije.

—No basta.

—Acceso de emergencia.

—Eso nos permitió montar el archivo. La estructura interna mantiene permisos propios.

Nico apareció al otro lado de la puerta.

—Usad la de mi abuelo.

Mi padre se volvió hacia él.

—No.

—¿Por qué?

—Porque he dicho que no.

—Llevas toda la noche pidiendo que confiemos en ti. Abre la carpeta.

—Vuelve a la clínica.

—Enséñame qué me inyectaste.

Elena llegó detrás de Nico.

—Papá.

Adrián la miró. Ella extendió la mano.

—Dame tu pulsera.

—No seas absurda.

—Si no hay nada, terminamos con esto.

—No voy a entregar el control de la empresa a una intrusa.

—La empresa puede esperar.

—Hace una hora estabas dispuesta a cerrar el acuerdo.

—Hace una hora Tomás podía mantenerse en pie.

Mi padre miró hacia la clínica. La segunda bolsa de plaquetas descendía junto a la dosis del inhibidor. Inés sostenía la mano de Tomás mientras revisaba el monitor.

—Lo hice por vosotros —dijo Adrián.

Nico soltó el marco de la puerta.

—Entonces deja que lo veamos.

Durante unos segundos sólo se oyó la refrigeración del Núcleo.

Adrián se quitó la pulsera.

No se la dio a Elena. Se acercó a la consola y apoyó él mismo la muñeca.

El volumen se montó.

EXCEPCIÓN_TÉRMICA.

Dentro había once documentos, un registro de mensajes y dos vídeos del laboratorio de San Gregorio.

Gabriel abrió la desviación de fabricación.

La primera página mostraba un gráfico de temperatura.

El lote había permanecido fuera del intervalo validado durante veintitrés minutos.

La excursión no había sido extrema, pero ocurrió después del primer ciclo de descongelación.

El control posterior detectó un nivel de agregados cuatro veces superior al máximo admitido.

RECOMENDACIÓN: DESECHAR LOTE COMPLETO.

El documento estaba firmado por Clara Vento, responsable de calidad en San Gregorio.

Debajo aparecía una orden posterior.

REPROCESAR MEDIANTE FILTRACIÓN TANGENCIAL. REPETIR CONTROL DE POTENCIA. MANTENER CALENDARIO DE ADMINISTRACIÓN.

AUTORIZACIÓN EXCEPCIONAL: ADRIÁN VARELA.

Gabriel se sentó en la silla de mi madre.

—Filtración tangencial después de descongelar —dijo—. No puedes hacer eso.

—Se podía recuperar —respondió mi padre.