La casa dice que somos diez Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Tomás tiene dieciocho mil plaquetas.

—También puede haber estado expuesto a una sustancia liberada en el incendio.

—Estaba aquí antes de que empezara.

—Puede existir contaminación en la casa.

—Entonces explica por qué Nora, Inés, Sofía y Julián no sangran.

Julián se volvió.

—Yo no he sido analizado.

—¿Recibiste Lázaro-7?

—No.

—Entonces probablemente no necesitas que te pinchen.

Inés desinfectó la herida.

—Voy a extraerte sangre.

—No es necesario.

—Precisamente porque aseguras que no es contagioso.

Alma extendió el brazo.

—Hazlo.

La aguja entró en la vena. La sangre llenó el tubo con un color más oscuro que la extendida sobre el traje.

Inés presionó el punto de extracción.

—Si tus plaquetas son normales, tendremos un argumento. No una prueba definitiva.

—Será más de lo que ellos utilizaron para venderlo.

—No necesito que conviertas cada procedimiento en una acusación.

—Yo tampoco necesitaba que convirtieran cada muerto en una variable.

Inés mantuvo la presión unos segundos y entregó la muestra a Gabriel.

—Procesa esta después de las otras.

Alma sujetó su muñeca antes de que se apartara.

—No dejes que modifique el resultado.

Gabriel palideció.

Inés liberó suavemente el brazo.

—El analizador registra cada operación.

—También lo hacía el servidor de San Gregorio.

—Alma —dijo Gabriel.

—¿Qué?

Él miró a Tomás a través del cristal de la clínica.

—No sabes todo lo que ocurrió.

—Sé lo que firmaste.

—Intenté detener la administración.

—Recomendaste esperar cuarenta y ocho horas. Elena esperó cuarenta y ocho horas y continuó.

Elena pulsó el comunicador.

—Porque los análisis adicionales fueron normales.

—Porque repetisteis únicamente los análisis que sabíais que iban a salir normales.

—No tienes derecho a hablarme de Nico.

Alma se levantó con ayuda de Inés. La herida limpia dejaba una línea roja sobre el costado.

—Lo cuidé durante seis años.

—Y lo abandonaste.

—Me expulsaste del proyecto.

—Le dijiste a un niño que su tratamiento podía dejar de funcionar.

—Tenía diecinueve años.

—Seguía siendo mi hijo.

—También era el paciente.

Nico se colocó entre ambas, aunque continuaban separadas por el cristal.

—Dejad de discutir sobre quién me quería más.

La voz no fue especialmente alta. Bastó para que las dos callaran.

—Me pusieron Lázaro-7 el miércoles —continuó—. Mamá dijo que era la misma terapia con una actualización de estabilidad. Gabriel dijo que los eventos no tenían relación. Tomás firmó. El abuelo decidió. Todos sabíais una parte y cada uno utilizó la parte de los demás para no preguntar.

Miró a Alma.

—Tú sabías que existía una señal.

—Sí.

—Y decidiste entrar escondida en lugar de ir a la policía.

—Entregué documentación a la agencia reguladora.

—¿Y?

—Solicitaron una respuesta formal a Varela Biotech. Elena respondió que yo había sustraído datos y que estaba actuando por resentimiento profesional.

—Porque robaste datos —dijo Elena.

—Después de que ignoraras el primer informe.

—No podíamos entregar historiales sin anonimizar.

—Pediros permiso era la forma más rápida de asegurar que desaparecieran.

Mi padre activó el comunicador.

—Has terminado.

Alma lo miró.

—Todavía no he empezado.

—Entraste en mi casa, comprometiste un sistema de seguridad durante una emergencia y pusiste a mi familia en riesgo.

—Tu familia recibió el lote que ordenaste destruir.

—No era el mismo lote de administración.

—Era la misma plataforma.

—No tienes los datos de fabricación.

Alma señaló la unidad sobre la mesa.

—Por eso estoy aquí.

—No accederás al Núcleo Negro.

—Entonces Tomás morirá sin que sepamos qué variante recibió.

Inés dejó de preparar la sutura.

Mi padre no respondió.

—¿Existe alguna diferencia entre los lotes? —preguntó ella.

—Puede existir —dijo Alma—. La versión administrada a los Varela se fabricó aparte del ensayo general. Necesito la secuencia, los controles de pureza y las incidencias de producción.

—¿Para encontrar un tratamiento?

—Para saber qué está destruyendo las plaquetas. No puedo prometer más.

—¿Hay alguna forma de revertirlo?

—En dos casos, la supresión de la respuesta inmune detuvo el descenso. En otros no funcionó.

—¿Por qué?

—No tenían el mismo perfil.

—¿Los datos están en el servidor?

—Los originales. También las comunicaciones internas y la trazabilidad del lote.

Adrián apartó la mano del comunicador.

Elena lo miró.

—Papá.

Él no contestó.

Yo observé la unidad sobre la mesa.

—¿Qué contiene esto?

Alma siguió mi mirada.

—Una copia parcial de los informes que sacaron de San Gregorio antes de despedirme y el programa que necesito para montar el backup sin que el sistema lo borre.

—¿Puedes acceder con mi pulsera?

—Tu pulsera completa la autenticación del consejo.

—¿Y después?

—Necesito llegar físicamente al núcleo.

—Está bloqueado.

—Sofía puede abrir la puerta de mantenimiento.

Julián se volvió hacia ella.

Sofía continuaba fuera del comedor, junto al panel principal. Su rostro apareció ampliado cuando Julián activó la comunicación directa.

—¿Es cierto?

—Sí.

—¿La ayudaste a entrar por el túnel?

La pregunta ya no permitía una respuesta cuidadosamente limitada.

Sofía miró primero a Alma y después a mi padre.

—Sí.

Elena dio un paso hacia ella.

—¿Desde cuándo trabajas con esta mujer?

—No trabajo con Alma.

—La introdujiste en nuestra casa.

—Porque era el único lugar donde Adrián conservaba una copia que no podía alterar desde la empresa.

—Podía haberla matado el incendio.

—El incendio empezó después.

—Desactivaste las cámaras.

—Dos cámaras. El sistema ambiental permaneció activo.

—Mentiste cuando te preguntamos.

—Si hubiera contestado delante de Julián, Alma no habría llegado al servidor.

Julián tocó las abrazaderas que mantenían unidas las muñecas de Alma.

—No ha llegado.

Sofía lo miró a través del cristal.

—Porque el incendio adelantó el aislamiento. El plan era que copiara el archivo durante la votación y saliera antes de que terminara la cena.

—¿Y pensabas que nadie descubriría el acceso?

—Pensaba que para entonces los datos estarían en manos de la agencia reguladora y de varios periódicos.

Mi padre se acercó al panel.

—Estás despedida.

Sofía soltó una respiración breve.

—La casa está aislada, el anillo técnico tiene dos compuertas fuera de sincronización y tu hijo sangra en la clínica. Puedes despedirme cuando no necesites que mantenga el oxígeno.

—Julián, retira sus accesos.

—No puedo hacerlo sin comprometer los protocolos activos —dijo él.

—Hazlo cuando termine el aislamiento.

—Cuando termine el aislamiento, podrás enviarme una carta —respondió Sofía.

Mi padre cerró el canal.

Alma se sentó en una silla mientras Inés comenzaba a suturar la herida. Julián permanecía detrás, atento a cualquier movimiento.

Nico apoyó las dos manos sobre la mesa.

—¿Por qué no confiaste en Nora?

Alma me miró.

—¿Debería?

—Tiene los votos.

—También tenía mi informe.

No encontré una respuesta que no fuera una excusa.