La Casa del Engaño (Danny Pearson 14) CINCUENTA Y CINCO
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CINCUENTA Y CINCO

E n una plataforma de hormigón vigilada, al otro extremo del aeropuerto de Stansted, una hilera de vehículos de la policía militar esperaba detrás de tres Volvo azul oscuro.

Los habían aparcado formando una herradura, con las puertas abiertas.

Doce hombres fuertemente armados aguardaban a que el Hércules aterrizara y rodara hasta la plataforma que tenían delante.

El jefe del equipo vio cómo el Hércules pasaba de ser un punto en la distancia a un avión que parecía encaminado a aterrizar, hasta que viró bruscamente a un lado y se desvió de su trayectoria.

—¿Qué está pasando? —gritó a su segundo.

—No lo sé. La radio se oye entrecortada. Espera. Dicen que tienen un fallo en los sistemas y que se desvían a North Weald —respondió mientras escuchaba la frecuencia del control aéreo.

—Mierda, esos cabrones nos están tomando el pelo.

¡A los coches! ¡Vamos, vamos, moveos! —ordenó.

Sus hombres subieron a los vehículos tan deprisa como pudieron.

Los motores arrancaron y las ruedas levantaron gravilla al salir disparados, dejando atrás a los policías militares, que intentaban averiguar por radio qué estaba pasando.

Los Volvo atravesaron la puerta de salida con las sirenas aullando y las luces azules parpadeando tras las calandras de los coches camuflados.

—Alfa 88, el avión objetivo, Ascot, Cero Hotel Nueve Cero Ocho, se ha desviado de Stansted.

Repito: se ha desviado de Stansted. Sospechamos que aterrizará en el aeródromo de North Weald.

Estamos en camino; tiempo estimado de llegada: diez minutos.

Solicitamos confirmación visual del desembarco de los sospechosos.

—Alfa 88, estamos al corriente de la situación. Mantengan el rumbo y esperen nuevas instrucciones.

En la sala de control, el general Hadden iba de un lado a otro mientras sus agentes trabajaban frenéticamente a su alrededor.

—¿Ha conseguido alguien contactar con la torre de control de North Weald? —bramó desde el otro lado de la sala.

—Sí, general, estoy hablando con ellos ahora mismo.

—Pásamelos —ordenó el general. Esperó a que le hicieran una seña de confirmación, descolgó el teléfono que tenía al lado y continuó—.

Torre de control, soy el general Hadden, del centro antiterrorista del Reino Unido.

Un Hércules C-130 que realiza un vuelo no autorizado, indicativo Ascot, Cero Hotel Nueve Cero Ocho, se dispone a aterrizar en su aeródromo. ¿Lo tienen a la vista?

—Aquí torre de control. Sí, el Hércules, Ascot, Cero Hotel Nueve Cero Ocho, acaba de aterrizar y ahora está acelerando para despegar.

—¿Ha bajado alguien?

—Sí, general, han bajado dos vehículos y han salido del aeródromo a toda velocidad.

—Descríbalos. ¿Ha visto las matrículas? —ordenó el general. Se inclinó hacia uno de sus hombres para susurrarle al oído—. Contacta con National Highways y consígueme las imágenes de las cámaras de la M11 desde la salida 7.

—Eran Land Rover negros. Lo siento, iban demasiado rápido para que pudiera leer las matrículas.

—Está bien. ¿Tienen cámaras de vigilancia en el aeródromo?

—Sí, general, hay una cámara en la entrada.

—Bien. ¿Puede enviarme las imágenes cuanto antes? Mi compañero le dará la dirección de contacto —dijo el general, y le pasó el teléfono a uno de sus hombres sin esperar respuesta.

—Dos Land Rover negros; todavía no tenemos las matrículas. Poneos a trabajar, señores —dijo, dirigiéndose a toda la sala.

—Ya estamos recibiendo las imágenes de las cámaras de la autopista, señor —dijo una voz a su espalda.

—Ponlas en pantalla —ordenó Hadden.

Las pantallas cobraron vida y mostraron los dos Land Rover negros a la altura de la salida 7. Unos segundos después tomaron el ramal de acceso a la M11 en dirección sur, a toda velocidad.

—Bien, no los perdáis de vista e informad a nuestros hombres.

—Alfa 88, los sospechosos viajan en dos Land Rover negros. Van en convoy hacia el sur desde la salida 7.

—Aquí Alfa 88, recibido. Nos estamos acercando a la salida 7.

El general siguió paseándose mientras veía cómo los Land Rover pasaban ante las cámaras del enlace entre la M11 y la M25 y continuaban recto hacia el centro de Londres.

—¿Dónde está Alfa 88?

—A tres kilómetros y acercándose. Los mapas aparecen ahora en pantalla, señor.

—Amplía el mapa para que abarque el centro de Londres —dijo el general mientras lo estudiaba.

—¿Ha habido algún contacto fuera de lo habitual con el MI6 o con el director del Servicio Secreto de Inteligencia, Edward Jenkins?

—No, nada, señor. El registro de llamadas está limpio y el micrófono oculto en el despacho de Jenkins no ha captado nada extraño. Salió del despacho a las cinco.

—Así que habéis traído al contable de vuelta al Reino Unido, pero ¿adónde vais? ¿Qué pretendéis conseguir? —murmuró el general para sí antes de volverse hacia Simpson—. ¿A quién conocemos en la NCA?

—Tenemos en nómina a la secretaria del director general Stewart Blackwell, señor.

—Bien, llámala y averigua si pasa algo fuera de lo normal.

El general volvió a mirar las pantallas y el punto que marcaba la posición de Alfa 88, casi superpuesto a los Land Rover.

—Señor.

—Dime, Simpson.

—Nuestra fuente dice que el edificio de la NCA está en alerta máxima. No sabe qué ocurre, pero han llamado a todas las unidades de operaciones armadas y han cerrado el edificio. Cree que esperan a alguien.

—Claro, llevan al contable ante Blackwell. Ponme con Alfa 88. Es imprescindible que eliminen a los objetivos antes de que lleguen al edificio de la NCA.