La Casa del Engaño (Danny Pearson 14) CUARENTA Y CINCO
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CUARENTA Y CINCO

—¿ E stáis listos, chicos? —dijo Danny al regresar a la habitación tras revisar el vestíbulo del hotel y el aparcamiento en busca de cualquier rastro de Glass o de sus hombres. Llevaba un par de horas despierto después de haber dormido fatal.

—¿Y el desayuno?

—Lo siento, Scott, tenemos que ponernos en marcha. Ya llevamos aquí demasiado tiempo. Coge algo en la gasolinera. Total, necesitamos llenar el depósito —dijo Danny justo cuando Simon y Noah cruzaban la puerta que comunicaba las habitaciones.

—Vale, si no hay más remedio —dijo Scott, poniendo los ojos en blanco.

—¿Tenemos suficiente efectivo para llenar el depósito? —dijo Simon.

—Mientras Scott no coma demasiado —replicó Danny con una sonrisa.

—Oh, muy gracioso —dijo Scott, mientras los cuatro bajaban las escaleras y salían hacia el coche.

Simon juntó los cables pelados que colgaban del salpicadero y estos soltaron una serie de chispas mientras el motor giraba con pereza antes de arrancar por fin.

—¿Seguro que esta chatarra va a llegar siquiera a Larissa? —gruñó Scott.

—Joder, eso espero, tío —respondió Danny mientras Simon conducía hasta el área de servicio de la autopista.

—Tú llénalo. Yo pago y cojo unas botellas de agua y algo de comer —dijo Danny a Simon, mientras él y Scott se dirigían a la tienda.

—Ajá, tienen sección de panadería. ¿Cojo bollería para todos?

—Sí, buena idea. Coge también café. Yo pillaré unas botellas de agua para luego —dijo Danny, y dejó a Scott para dirigirse a la nevera de bebidas.

De espaldas a los ventanales y las puertas de la tienda, Danny tiró del asa de la puerta de la nevera.

Se quedó helado. El reflejo de la Ducato plateada que había estado frente al apartamento de Noah apareció en la puerta de cristal entreabierta.

Danny la vio entrar en el área de servicio, apartándose de los surtidores para aparcar al otro lado de la explanada, cerca de un camionero que estaba conectando las mangueras de repostaje desde su cisterna a los depósitos subterráneos de la estación.

Danny cerró la puerta de la nevera, se dio la vuelta y se agachó para mirar entre los productos apilados sobre la estantería.

Giró la cabeza, echando un vistazo rápido a Scott.

Seguía esperando el café en la esquina más alejada de la tienda.

Se giró de nuevo y miró hacia la explanada a través de los ventanales.

—Mierda —murmuró, sacando discretamente la pistola de la cinturilla de los vaqueros, oculta bajo la chaqueta, para sostenerla delante de él, justo por dentro de la chaqueta abierta.

Simon seguía llenando el depósito mientras Noah estaba sentado en el asiento del acompañante; los surtidores le tapaban la vista de la furgoneta, así que no tenía ni idea de que Glass, Jinksy, Bulldozer y Reaper estaban bajando a la explanada.

Viendo la que se iba a armar en cuanto Glass descubriera a Simon y a Noah, Danny barajó múltiples escenarios a toda velocidad en su cabeza, y en ninguno salían bien parados.

A tomar por culo.

—Scott, tenemos compañía —gritó, sacando la pistola a la vista antes de echar a correr hacia las puertas.

—¿Qué? —dijo Scott, girándose justo a tiempo para ver a Danny cruzar la tienda como una flecha.

Miró por la ventana y vio a Glass y sus hombres atravesando la explanada—.

Oh, no, ya estamos otra vez. ¡Voy! —gritó, soltando la bandeja con la bollería y el portavasos lleno de cafés sobre una mesita con leche, azúcar y paletinas.

Mientras corría tras Danny y trataba de sacar la pistola de la cintura del pantalón, Scott apretó el gatillo sin querer; la bala abrió un agujero limpio en el cristal del escaparate, provocando el pánico y los gritos de todos los que estaban en la tienda y en la explanada, que se agacharon o salieron corriendo en busca de refugio.

—Perdón, perdón, lo siento mucho —gritó Scott mientras se dirigía a la salida.

Danny ya había salido de la tienda cuando sonó el disparo.

Glass, Jinksy, Bulldozer y Reaper reaccionaron como cabía esperar de una unidad militar bien compenetrada: los cuatro se separaron, armas en mano mientras corrían a cubrirse tras los vehículos y los surtidores.

Danny apuntó y soltó un par de disparos contra Reaper y le dio de lleno en el pecho antes de que pudiera agacharse tras una vieja camioneta.

Reaper cayó de espaldas, tosiendo sangre.

Al ver a Reaper en el suelo, Bulldozer salió hecho una furia de detrás de un surtidor.

Vació todo un cargador contra Danny justo cuando este se agachaba y se lanzaba detrás del vehículo más cercano, clavando la espalda en el lateral de un 4x4 mientras las balas acribillaban el otro lado y los cristales de las ventanillas estallaban en un millón de diminutos fragmentos que le llovieron sobre la cabeza.

Al mismo tiempo, cuando Scott salía de la tienda, los disparos que no alcanzaron el 4x4 hicieron añicos las puertas a ambos lados de él al abrirse.

Scott se encogió, frenó en seco y se tiró de nuevo al interior.

Se arrastró tras las estanterías y se palpó el cuerpo, alucinado de no haber recibido ni un solo impacto.

Mientras el disparo de Scott impedía que Glass y sus hombres miraran en su dirección, Simon colgó de nuevo la manguera en el surtidor y se deslizó al asiento del conductor, junto a un Noah aterrorizado.

Juntó los cables bajo el salpicadero mientras veía a Bulldozer vaciar el cargador, maldiciendo mientras el motor giraba perezoso hasta que por fin arrancó.

—Abróchate —dijo a Noah, metiendo primera a la fuerza justo cuando Bulldozer expulsaba el cargador, la mano ya dentro de la chaqueta para sacar uno nuevo y recargar.

Cuando el viejo Fiat dio un brusco tirón hacia delante, Simon giró el volante y cruzó el coche de lado sobre el centro de los carriles de los surtidores, lanzando las papeleras por los aires al acelerar directo hacia Bulldozer, que estaba encajando el nuevo cargador en la pistola.

El impacto le barrió las piernas, estampando su corpulencia musculosa contra el capó con un golpe seco.

Con los dientes apretados y los ojos clavados en Simon y Noah a través del parabrisas agrietado, Bulldozer se aferró con fuerza a un limpiaparabrisas y llevó el arma hasta apoyar el cañón contra el cristal, a la altura de la cabeza de Simon.

Simon sacudió el volante, haciendo que el arma de Bulldozer chirriara sobre el cristal mientras él resbalaba hacia un lado del capó.

Bulldozer disparó; la bala abrió un agujero en el cristal y en el reposacabezas de Noah, a milímetros de su oreja.

Con la vista bloqueada por Bulldozer, Simon siguió acelerando, avanzando a ciegas hacia el extremo opuesto de la explanada.

Segundos después, el viejo Fiat golpeó la parte trasera de las barras antiempotramiento de la cisterna con un ángulo de cuarenta y cinco grados; las ventanillas del lado del conductor estallaron mientras el metal chirriaba al rebotar el Fiat y dirigirse hacia el camionero que estaba repostando los depósitos de la estación.

El camionero se tiró a un lado mientras la parte delantera del coche pasaba por encima de las tuberías metálicas que bajaban a los depósitos, seccionando la manguera de repostaje de su acople mientras el coche seguía avanzando a trompicones.

La manguera que iba desde la cisterna seguía bombeando y empezó a escupir combustible como una cascada por todo el frontal del coche y por encima de Bulldozer, empapando a Simon a través de la ventanilla sin cristal antes de que el coche se detuviera en seco al chocar contra el cartel con los precios del combustible.

Arrastrado por la inercia, Bulldozer salió despedido del capó y se estampó contra el soporte metálico del cartel con un crujido de huesos antes de desaparecer de la vista bajo la parte delantera del coche.

—Sal. ¡AHORA! —gritó Simon, con el olor a gasolina quemándole la nariz, mientras la manguera seguía bombeando fuera y extendía una mancha cada vez mayor de combustible por toda la explanada.

Noah obedeció, abrió la puerta y cayó de rodillas al salir; tenía las manos y los pantalones chorreando gasolina mientras se recomponía y corría a esconderse detrás de la cisterna, sin pensar adónde iba con tal de alejarse de allí.

Escondido tras un surtidor, Glass siguió con la mirada el coche mientras pasaba muy cerca.

No se dio cuenta de que el conductor era Simon y de que el contable viajaba en el asiento del acompañante hasta que el coche se estrelló y Bulldozer salió volando del capó.

Respirando acompasadamente, alzó el arma.

—Scott, consigue un coche —gritó Danny, corriendo desde la protección del 4x4 hasta el siguiente coche, mientras las balas le silbaban junto a la cabeza y Jinksy intentaba abatirlo.

—¿Qué coche? —gritó Scott, asomando la cabeza por la puerta sin cristales de la tienda.

—Cualquier puto coche, el que sea, pero consigue uno —le devolvió el grito Danny, deslizándose de nuevo a cubierto antes de arrastrarse para asomarse por delante y ver cómo Noah abandonaba la explanada, y luego volviendo a mirar a Simon, que seguía en el coche estrellado, cubierto de combustible.

Vamos, Simon, sal de ahí de una puta vez.

Simon tiró de la manilla y empujó la puerta, pero estaba trabada por el impacto contra la cisterna.

Lo intentó de nuevo, empujando con el hombro, pero no se movía.

Al mirar hacia la explanada, vio a Glass apuntándole, con el ojo en la mira.

Un golpe en el capó le hizo desviar la mirada hacia la cabeza de Bulldozer, luego sus brazos y, al final, su pistola, que aparecía mientras se incorporaba trabajosamente.

Simon sintió la calma serena de lo inevitable mientras seguía atrapado entre Glass y Bulldozer.

—Idos al infierno —dijo con calma, agarrando los cables sueltos bajo el salpicadero para hacerlos chocar entre sí justo cuando Glass y Bulldozer apretaron el gatillo.

En el mismo instante en que las balas le atravesaron la cabeza, matándolo al momento, las chispas de los cables prendieron los vapores de gasolina; los ojos de Bulldozer se abrieron de par en par justo cuando él, Simon y el coche desaparecieron dentro de una enorme bola de fuego, mientras las llamas se extendían por la explanada y alcanzaban la cisterna.

Aprovechando la distracción, Danny echó a correr a toda velocidad tras Noah, girando el arma hacia un lado cuando un Hyundai Santa Fe se le cruzó por delante y luego frenó en seco para ponerse a su altura. Danny contuvo el disparo al ver a Scott mirándole desde el asiento del conductor.

—Sube —gritó Scott, deteniendo el coche.

—Tira, tira, por ahí. ¿Lo ves? —dijo Danny, señalando hacia Noah.

—Sí, lo veo. ¿Dónde está Simon? —preguntó Scott, pisando a fondo y saliendo del área de servicio para dar alcance a Noah, que se iba quedando sin aliento por el carril de incorporación a la autopista.

—No ha salido de esa —dijo Danny antes de bajar la ventanilla y gritarle a Noah: «¡Sube!».

Noah abrió la puerta trasera y cayó dentro, demasiado falto de aliento para responder. Scott pisó a fondo y se lanzó a la autopista tan rápido como daba de sí el coche.

De vuelta en la explanada, Jinksy se situó al lado de Glass.

Los dos se alejaron del área de servicio justo cuando explotó el depósito del coche de Simon, prendiendo fuego a los coches del lado más alejado de la explanada.

Subieron al carril de incorporación y observaron cómo Scott, Danny y Noah desaparecían en la distancia.

Un claxon sonó detrás de ellos y les hizo girarse: un furioso comercial griego en un BMW X6 gesticulaba impaciente por entrar en la autopista tras pasar la noche en el Holiday Inn, deseando alejarse de las llamas y el caos de la gasolinera a su derecha.

Glass y Jinksy se miraron, en perfecta sintonía.

Se volvieron y alzaron sus pistolas hacia el comercial, que se quedó helado y levantó las manos.

—Fuera —gruñó Glass, mientras los dos caminaban uno por cada lado del coche.

Glass sacó al hombre de un tirón y se puso al volante.

Metió marcha y lanzó el BMW a la autopista, zigzagueando entre los coches mientras salía disparado tras Danny, Scott y Noah.

Detrás de ellos, una explosión enorme y una bola de fuego envolvieron la gasolinera y medio tramo de autopista cuando explotó la cisterna.