CUARENTA Y CUATRO
E l timbre del móvil sacó a Glass de un sueño ligero, con la cabeza apoyada contra la ventanilla de la puerta del copiloto, y en un instante estaba completamente despierto y erguido en el asiento.
—Dime —dijo, entornando los ojos ante el sol de primera hora que entraba por el parabrisas.
—Soy Crimble. Tenemos la ubicación actual del teléfono con el número IMEI que nos diste.
Te estoy enviando un mapa con su ubicación en tiempo real.
Recuerda que, sin el número de teléfono ni el GPS, la ubicación se obtiene triangulando las antenas de telefonía y solo tiene una precisión de unos cincuenta metros.
Glass se apartó el móvil de la oreja y vio aparecer el mapa en la pantalla. Redujo la escala hasta poder ver la distancia que los separaba del punto marcado antes de responder.
—Vamos para allá.
—¿A cuánto estamos? —preguntó Reaper, que ya había arrancado y había puesto la furgoneta en marcha.
—A una hora, más o menos.
—Bien. Voy a coger a Pearson y a enseñarle a ese cabrón lo que es sufrir de verdad.
¿Estás conmigo, Reaper? —dijo Bulldozer.
Su cara apareció entre Jinksy y Glass al inclinarse hacia delante desde atrás para asomarse por encima de los respaldos, mientras se arrancaba con los dedos las costras de las dolorosas ampollas que tenía a un lado de la cara.
—Joder, claro que sí —añadió Reaper, levantando el brazo hacia atrás para chocar el puño con Bulldozer.
Jinksy estaba sentado en el asiento central, con la pistola desmontada en el regazo. Limpiaba cada pieza con una de las camisetas de Danny que había sacado de su bolsa.
—¿Crees que podrás con él? —añadió sin rodeos, con expresión muy seria.
—Que te den por culo, Jinksy, gilipollas —gruñó Bulldozer.
—Solo digo que lo viste en acción. Os ganó a los dos. No soy yo el que está cubierto de quemaduras.
—Para la puta furgoneta y te enseñaré quién no puede con quién.
—Ya basta, vosotros dos. Mantened la profesionalidad, ¿entendido? Simon y el contable son los objetivos prioritarios. Una vez eliminados, podéis hacer lo que queráis con Pearson y el friki de los ordenadores —gruñó Glass, furioso.
—Sí, jefe —dijo Reaper.
—Entendido, jefe —dijo Bulldozer.