TREINTA Y SIETE
—Perdone, señor, no quería asustarle.
—No pasa nada. ¿Qué necesitas, Harrison? —dijo Edward mientras cerraba con disimulo la ventana del ordenador, levantaba la vista y sonreía.
—Necesito que apruebe la vigilancia de la célula terrorista de Hackney —dijo Harrison, entrando en el despacho para entregarle los documentos.
—Ya llevamos trescientas horas. ¿Algún avance?
—El equipo ha identificado a otros tres miembros clave y una conexión con Al-Shabaab.
—Bien. Que sigan una semana más. Yo arreglaré lo del presupuesto con Finanzas.
Edward esperó a que Harrison se marchara antes de coger el abrigo del respaldo de la silla y salir del despacho.
—Salgo un momento —le dijo a su secretaria al pasar.
—Sí, señor. Recuerde que tiene una reunión dentro de una hora —respondió ella.
—Volveré a tiempo —dijo Edward por encima del hombro.
Bajó al vestíbulo y salió a los jardines que rodeaban la cafetería, en la parte delantera del edificio.
Aunque daban servicio a los tres mil empleados de la sede del SIS, la fina llovizna había ahuyentado a todo el mundo salvo a un grupo de fumadores empedernidos, apiñados en la zona de fumadores al otro extremo del jardín.
Edward se refugió bajo el paseo arbolado y sacó el teléfono barato de prepago que había comprado tras ir a ver a David Tremain.
Marcó el número que David le había dado cuando se habían visto junto al puente azul de St James’s Park.
—Edward.
—Sí, como sospechabas, van detrás de ti. El general está usando nuestro sistema de reconocimiento facial por cámaras para encontrarte.
—Qué diligente por su parte. ¿Han descubierto tu implicación? —respondió David.
—No, no, creo que estoy a salvo. ¿Has estado en contacto con Simon y los demás?
—No directamente. La señora Pearson tuvo la amabilidad de informarme de sus planes. Si salen bien, deberían resolver pronto la situación actual.
—Eso espero. Hasta entonces, cuídate —dijo Edward, recorriendo los jardines con la mirada para asegurarse de que nadie lo observaba.
—Tú también, Edward. Llámame más tarde y te pondré al corriente.
David colgó antes de que Edward pudiera responder. Edward apagó el teléfono de prepago y volvió al interior.