CATORCE
— F ergus está aquí —dijo Scott mientras miraba la pantalla que mostraba las imágenes de las cámaras de seguridad de la casa en una cuadrícula.
—No quiero irme —dijo Nikki, mirando a Danny con inquietud.
—Ya, lo sé, pero necesito saber que el bebé y tú estáis a salvo. No puedo hacer esto si estoy preocupado por vosotros a todas horas. Acabaría consiguiendo que me mataran, a mí o a otro. Seguramente a Scott, para qué engañarnos —respondió Danny con una sonrisa para tranquilizarla.
—Qué encanto —dijo Scott, que los había oído mientras se dirigía a la puerta principal para dejar entrar a Fergus.
—Lo sé. Acaba con esto y vuelve conmigo, ¿vale? —respondió ella.
—No te preocupes, estaré de vuelta antes de que te des cuenta. Como te decía, puede que Scott no sobreviva, pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr —dijo Danny cuando Scott regresó a la habitación seguido de Fergus.
—Ah, qué gracioso, ja, ja. A veces me pregunto por qué me molesto en ayudarte —refunfuñó Scott mientras se iba hacia la cocina.
—Hola, Nikki, cariño, ¿estás lista para irte? —preguntó Fergus después de darle un abrazo a Danny y una palmada en la espalda.
—Gracias, Ferg, te lo agradezco, tío —dijo Danny.
—Bah, no es ninguna molestia, tío. Gaynor tiene ganas de que venga a casa. A Kirsty no le hace mucha gracia compartir habitación con su hermano, pero se le pasará.
—Gracias, Ferg —dijo Nikki. Le dio a Danny un beso de despedida y se volvió para marcharse.
—Ferg, llévate esto, por si acaso —dijo Danny, sacándose la Glock 17 de la parte trasera de la cinturilla y entregándosela.
—¿Estás seguro? ¿No la necesitas? —preguntó Fergus mientras cogía la pistola.
—Qué va, llévatela. No conseguiría pasarla por el control de seguridad del aeropuerto.
—Vale, no te preocupes por Nikki. Conmigo estará a salvo. Tú acaba con esos cabrones y vuelve aquí cuanto antes. Seremos muy amigos, pero no pienso ser yo quien asista el parto —dijo Fergus, guardándose la pistola en el bolsillo antes de darse la vuelta para marcharse.
—Recibido, tío.
Después de despedirse de ellos, Danny volvió a la cocina con Scott y Simon.
—Bueno, ¿lo tenemos todo listo? Supongo que tendrás un pasaporte con una identidad falsa, ¿no, Simon? —preguntó Danny mientras sacaba cuatro pasaportes falsos del bolsillo y los dejaba caer sobre la mesa.
—Solo tengo uno, me temo —respondió Simon, sacándose un pasaporte del bolsillo y dejándolo en la mesa junto a los de Danny.
Danny lo cogió y lo abrió por la página de la foto.
—Chris Geffen, el nombre de usuario que utilizamos. Bonito nombre —dijo Danny con sarcasmo.
—Me alegra que te guste, Daniel, porque resulta que es el mío de verdad —respondió Simon con una sonrisa cansada.
—Ah, eh… Mierda. ¿No es arriesgado? ¿No saltará alguna alerta en el control de pasaportes o algo así? —dijo Danny, algo desconcertado por la revelación.
—Espero que no. Solo hay tres personas autorizadas a conocer mi verdadero nombre: una es el rey; otra, el antiguo director del Departamento D, David Tremain; y la tercera, el ministro de Defensa, John Meadows. Confío plenamente en los tres.
—¿Y yo qué? ¿No necesito un pasaporte falso o algo así? —preguntó Scott, que empezaba a sentirse un poco excluido de la conversación.
—No, Scotty, tú no tienes problema. Nadie intenta matarte —dijo Danny con una sonrisa.
—Ah, sí, claro. ¿Reservo un jet privado a Chipre?
—No, Scott, intentamos no llamar la atención. Reserva el primer vuelo que haya con Ryanair o EasyJet, o alguna compañía parecida.
—¡Por Dios, no me digas que hablas en serio! ¿No podemos ir al menos en clase business?
—No, Scott, reserva los asientos baratos —dijo Danny. Escogió uno de sus pasaportes y se lo entregó a Scott para que hiciera la reserva.
—Vale, no me puedo creer que esté haciendo esto. Viajar como ganado… Esto me va a perseguir toda la vida —dijo Scott de mal humor mientras buscaba vuelos en su portátil.
—Sobrevivirás, tío. Busca el más temprano. No quiero llegar allí y descubrir que ese tal Xavier se ha largado con el yate a otra parte.
—Vale, vale, a ver… Hay un vuelo a Chipre a las tres menos veinticinco desde Gatwick con plazas disponibles. Es de una aerolínea llamada Wizz Air. Uf, suena de maravilla.
Danny miró el reloj y asintió a Simon.
—Sí, nos da tiempo a cogerlo. Resérvalo.
—Vale, ¿te importaría pasarme el pasaporte, Simon? Eh… Chris… Eh… ¿Cómo prefieres que te llamemos? —preguntó Scott.
—Llamadlo Simon. Cualquier otra cosa se me hace rara —intervino Danny.
—De acuerdo, Simon entonces. Ahora vamos a ver el tuyo, Daniel —dijo Scott mientras abría el pasaporte falso de Danny—. Vaya, Kevin Wilkinson. ¿Te llamamos Kev?
—Ni se te ocurra —gruñó Danny, lanzándole una mirada fulminante.
—Vaya, vaya, qué susceptibles estamos hoy. Ya está, todo reservado. Tengo los billetes electrónicos en el móvil.
—Estupendo, vámonos. Podemos comprar unas maletas de mano y algo de ropa por el camino. Parecerá sospechoso que embarquemos sin maletas ni equipaje de mano.
—Un momento, aún no he pagado el aparcamiento —dijo Scott mientras volvía al portátil.
—Déjalo, Scott. Dejaremos tu coche aquí e iremos en el Matiz. Podemos abandonarlo en el aparcamiento de corta estancia —dijo Simon mientras se levantaba para marcharse.
—Mi día no hace más que mejorar. Primero Wizz Air y ahora un Matiz —refunfuñó Scott.
—¿Listo, Scott? Joder, ¿qué llevas aquí dentro? —preguntó Danny, sorprendido por el peso de la voluminosa bandolera de portátil de Scott cuando la cogió para pasársela.
—Gracias. Eh, un portátil de repuesto y varios cacharros hechos a medida para el trabajo.
—¿No puedes dejar aquí parte de eso?
—En absoluto. Ahora solo tengo que llamar a la oficina para que cancelen mis reuniones de esta semana.
—Vale, pero date prisa, tío, tenemos que salir ya. Y tendrás que comprarte otro móvil en el aeropuerto, por si a alguien se le ocurre rastrear el que usas habitualmente —dijo Danny.
—Buenas tardes, Sandra —dijo Scott, ignorando la impaciencia de Danny mientras hablaba con su asistente personal.
—Señor Miller, ¿dónde está? Sabe que tiene una reunión con el Thompson Group a las tres.
—Vaya, se me había olvidado por completo. Han pasado muchas cosas. Me temo que tendré que cancelarla. Transmítales mis más sinceras disculpas, por favor, y, si puede, búsqueme otro día a lo largo de este mes.
—Por supuesto. ¿Algo más?
—Sí, cancele todas mis citas de esta semana, por favor. Estaré fuera del país unos días por un asunto urgente —dijo Scott, mientras notaba que Danny lo miraba para meterle prisa.
—De acuerdo, ¿dónde va a estar? ¿Podré ponerme en contacto con usted? —respondió Sandra, que ya recorría la agenda de Scott en busca de las reuniones que tenía que cancelar.
—Sí. Estaré en Chipre, pero no podré atenderla en este número. Le mandaré el nuevo por mensaje más tarde —dijo Scott, hablando deprisa para terminar la conversación antes de salir a reunirse con Danny y Simon.