TRES
—¿ Q ué quiere que haga, general? —dijo uno de los agentes del general Hadden.
—Sí, general.
—Simpson, envía un equipo de agentes para acordonar la zona de la explosión. Aíslala, que no entre ni salga nadie, y que conste como una explosión de gas —gritó el general desde el otro lado de la sala.
—Sí, señor —respondió Simpson antes de salir apresuradamente de la sala con el teléfono móvil pegado a la oreja.
—General.
—¿Sí? —ladró el general al agente sentado al escritorio de al lado.
—Los equipos TAC han llegado al lugar y pueden estar en posición en cinco minutos.
—Bien, diles que sigan adelante con la misión cuanto antes. Lo último que necesitamos es que alguien se entere de la muerte del director y cierre el Departamento D a cal y canto.
El general paseó de un lado a otro hasta que una voz por la radio rompió la tensión.
—Todos los equipos están listos para entrar en acción. Atentos, el objetivo se queda sin comunicaciones en tres, dos, uno —llegó el aviso por radio desde el interior de un vehículo de vigilancia rotulado con el logo de BT aparcado cerca del edificio del Departamento D.
El muro de pantallas frente al general cobró vida con imágenes de la cámara que enfocaba la puerta de entrada del Departamento D y una cuadrícula de las cámaras corporales de los equipos, retransmitidas a la sala de control desde el vehículo de vigilancia camuflado como una furgoneta de BT.
—Aquí RED19. El objetivo está incomunicado. Tenéis luz verde para entrar.
—Recibido, RED19. El equipo TAC se está colocando ahora mismo.
Las transmisiones de las cámaras corporales temblaron y se sacudieron, mostrando a los miembros del equipo de asalto táctico sentados en la parte trasera de una furgoneta mientras esta se colocaba en posición cerca de la puerta de entrada del Departamento D.
En cuanto se detuvo, la puerta lateral se abrió, un equipo de cuatro hombres saltó fuera y entró en el Departamento D; la puerta lateral se cerró y la furgoneta ya se estaba alejando cuando el último hombre desapareció en el interior.
El tiempo que pasaron al descubierto, desde la furgoneta hasta la acera y de ahí al interior del edificio, fue de menos de cinco segundos.
El general los observó volar la cerradura de la puerta metálica de seguridad con una carga de termita antes de entrar en un pequeño vestíbulo para abatir a los dos guardias de seguridad en su oficina al otro lado.
—Equipo TAC Uno a RED19. Vestíbulo despejado. Enviad al equipo TAC Dos.
Tras una rápida vuelta a la manzana, la furgoneta se detuvo por segunda vez frente al Departamento D.
La puerta lateral se abrió y los cuatro miembros del segundo equipo de asalto táctico saltaron y se lanzaron al interior del edificio.
El general observó en silencio cómo el equipo TAC Dos pasaba junto al TAC Uno para subir las escaleras y entrar en la oficina de la primera planta.
El equipo TAC Uno subió las escaleras poco después, dirigiéndose a la última planta.
Siguió observando cómo los equipos se encargaban con precisión de los agentes del Departamento D mediante uno o dos disparos secos de sus armas semiautomáticas con silenciador.
Algunos echaron a correr antes de ser abatidos.
Otros se escondieron, algunos se quedaron en sus puestos y suplicaron por sus vidas entre sollozos incontrolables.
—RED19, todos los objetivos neutralizados, el edificio está despejado.
—Recibido, TAC Uno. El exterior está despejado y el vehículo de evacuación en posición. Abandonad el edificio lo antes posible. El equipo de limpieza va de camino.
Los ocho hombres bajaron las escaleras a paso ligero; el líder asomó la cabeza por la puerta para comprobar que la calle estaba despejada antes de cruzar la acera para volver a la furgoneta.
El resto del equipo le siguió de cerca hasta que los ocho estuvieron dentro; la furgoneta se puso en marcha mientras el último hombre deslizaba la puerta lateral para cerrarla.
Cuando desaparecieron, un gran camión de mudanzas maniobró con destreza para colocarse en la pequeña zona de aparcamiento interior, en el patio trasero del edificio.
Dos hombres corpulentos con monos blancos, gruesos guantes de látex y gorras de béisbol bajaron de la cabina.
Miraron alrededor con cautela a través de sus gafas de sol oscuras antes de dirigirse a la parte trasera del camión.
Bajaron la plataforma elevadora y la hicieron descender hasta el suelo.
Uno de ellos subió a la plataforma mientras el otro lo elevaba.
Levantó la puerta enrollable para dejar a la vista a otros cuatro hombres en el interior, también vestidos con monos blancos, gorras de béisbol, gruesos guantes de látex y gafas de sol oscuras.
Salieron a la plataforma elevadora cargando bolsas para cadáveres y material de limpieza.
Detrás de ellos se apilaban ordenadamente cajas, bolsas, losetas de moqueta y equipos de limpieza para cualquier eventualidad.
—RED19 al equipo de limpieza, el edificio es vuestro.
El general se apartó de las pantallas y recorrió la sala con la mirada hasta localizar al hombre que buscaba.
—Utting.
—Sí, general.
—En cuanto terminen, manda los cuerpos al incinerador y toda la documentación, archivos, ordenadores y dispositivos al almacén veintitrés.
—Sí, general.
—Pon a un equipo con ello de inmediato. Cuando encuentren los archivos de la investigación ST15, que me los traigan sin abrir.
El contenido es alto secreto. Nadie debe abrirlos, ¿entendido?
—dijo el general, hablando despacio mientras miraba a Utting fijamente a los ojos para subrayar la importancia de su orden.
—Sí, general, transmitiré sus órdenes, señor —dijo Utting, saludando al general antes de abandonar la sala.
El general se volvió de nuevo y dejó vagar la mirada por las pantallas del frente de la sala antes de fijarse en su agente, que hablaba con el equipo de RED19 en el vehículo de vigilancia rotulado con el logo de BT aparcado cerca del edificio del Departamento D.
Estaba a punto de hablar cuando el teléfono de su bolsillo vibró.
Lo sacó y vio en la pantalla que era el ministro de Seguridad, Martin Crimble. Frunció el ceño y rechazó la llamada.
Ese mierdecilla llorica puede esperar.
Volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo y se centró de nuevo en su hombre.
—Jameson, te quedas al mando de la sala. Avísame cuando el equipo de limpieza haya terminado.
—Sí, general —respondió Jameson sin apartar la vista de la pantalla del ordenador.
Dicho esto, se dio la vuelta sobre los talones y salió de la sala con paso marcial.