Capítulo 24
En su camino de regreso a Oviedo, Alonso no pensó en nada, sino que se dedicó a escuchar a todo volumen y con auténtico deleite el que era, de largo, su concierto favorito: el segundo de Brahms, en la magistral interpretación de Emil Gilels.
Llegó a su hotel pasadas las cuatro de la mañana. Solicitó en recepción la tarjeta de la suite que, al fin y al cabo, tenía reservada, e indicó que se quedaría un par de noches más.
La habitación le pareció extraordinariamente confortable y acogedora.
Y durmió como hacía años que no dormía.