La casa del árbol Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

El éxito fue tan rotundo, tan inesperado, que, por un momento, Erika no pudo hacer nada. Se quedó literalmente petrificada mientras otro Dani, morenito y risueño, vestido únicamente con un bañador de tiburones, comparecía en el fondo de la pantalla de su teléfono.

La inyección de adrenalina que Erika recibió en ese momento la reactivó como una descarga eléctrica.

—¡¡¡ ESO ES !!! ¡¡¡ ESO ES , MI NIÑO !!! ¡¡¡Lo has hecho MUY BIEN !!! ¡¡¡Vas a tener un SUPERPREMIO !!! Ahora, mira, ¿ves el circulito ese verde de la pantalla? Le tienes que dar ahí con el dedito.

En realidad había tres círculos verdes en la parte baja de la pantalla del móvil: el icono de llamadas, el del WhatsApp y el de los SMS .

Erika sentía el éxito al alcance de la mano, pues lo más difícil ya estaba hecho.

Ahora solo era cuestión de que Dani pulsase el icono verde de llamada, luego el de rellamada y…

Pero la paciencia de Dani se terminó justo ahí. El niño dejó caer los brazos con desidia y, con ellos, también el móvil; se frotó los ojos con rabia y se puso a llorar de puro agotamiento.

—¡¡¡ NO QUE - RO MÁÁÁS !!!

En los últimos minutos Erika creía haber experimentado las emociones más intensas de su vida, como si se encontrase en una disparatada montaña rusa y no pudiese hacer mucho más que agarrarse con todas sus fuerzas.

Pero, de algún modo, había conseguido resistir.

En cambio, cuando Dani dejó caer el móvil sobre la alfombra, sintió que finalmente perdía los papeles.

—¡ NI SE TE OCURRA TIRAR EL MÓVIL ASÍ , DANI , JODER ! ¡¡¡ NI SE TE OCURRA TIRARLO !!!

Dani la miró con auténtico espanto, y Erika sintió que esa montaña rusa descendía en picado ante la contemplación del terror de su hijo.

« Como no consigas esto sí que vas a descender. No le estás pidiendo que atraviese el puto desierto. Es darle a un botoncito. Ya descansará después. Descansará hasta que reviente».

Por algún tipo de milagro divino el móvil había quedado desprotegido sobre la alfombra del salón y bocarriba. Pero en breves instantes volvería a bloquearse por sí solo…

Dani seguía mirándola aterrado, y el labio inferior le temblaba descontroladamente. Sin darle tiempo a reaccionar, Erika le gritó:

—¡ DANI , ES MUY IMPORTANTE QUE AHORA HAGAS LO QUE TE DIGO !

Ya no tienes que coger el móvil ni tampoco acariciarlo, ¿vale?

¿ Ves los circulitos de color verde que hay en la pantalla?

—Dani, para su infinito regocijo, por fin parecía atender a sus indicaciones con una mínima atención, y asintió con su cabecita de rizos—.

Vale, pues tienes que tocar con el dedo el circulito que está ABAJO DEL TODO .

Ese que tiene como una orejita de color blanco en el centro.

No, ese no. Justo el de al lado. ¡Ese! Solo tienes que poner el dedito encima.

Dani señaló prudentemente el círculo que le decía su madre, sin llegar a tocarlo. Su voz era apenas un murmullo a través del cristal.

—¿Ete?

—¡Sí! ¡Ese! Justo ese. Pon tu dedito encima una sola vez .

Su hijo puso el dedo sobre el lugar indicado cuando la pantalla ya comenzaba a ensombrecerse, y, de inmediato, se abrió el listado con las últimas llamadas.

La montaña rusa ascendía de nuevo, esta vez de un modo casi incontrolable. L o tenía. Casi lo tenía.

La primera llamada no servía . Decía simplemente «cuna» y era el de la chica con la que había contactado por Wallapop para ofrecerle la cuna de Dani y a la que había llamado por la tarde de camino al pueblo mientras Alonso, conduciendo sonriente a su lado, la llamaba «usurera» por lo bajo.

La siguiente era el número de información de Vodafone al que había llamado esa misma mañana para solicitar que no saltase el buzón de voz cuando comunicaba .

La tercera rezaba simplemente «Alonso», y esa era la única que importaba.

Dani seguía aguardando instrucciones con buena disposición, lo que era mucho más habitual en él.

El momen to crítico de cansancio había pasado, al menos por el momento .

Ahora sí estaba segura de conseguirlo . Dani no tenía más que volver a pulsar en el lugar indicado, y, en cuanto Alonso descolgase, ponerse a gritar como una loca.

En un par de horas como mucho Alonso se reuniría de nuevo con ellos, y todo aquello quedaría como una simple anécdota…

Sin previo aviso, la pantalla del móvil parpadeó, se tornó completamente negra —salvo por el logo de Samsung, en brillante color blanco en el centro de la pantalla— y, tras una brevísima vacilación, se apagó completamente , con apática indiferencia.

La batería. Se había agotado la batería del móvil.

Dani levantó la cabeza y la miró, intrigado, y ahora sí, y sin esperárselo ni siquiera ella misma , Erika comenzó a gritar.

Dani retrocedió de inmediato y se cayó de espaldas al tropezar con la alfombra del salón . Pero ni siquiera entonces Erika pudo dejar de gritar, presa finalmente de un ataque de nervios.

Sobre las copas de los árboles, la brisa nocturna comenzaba a mecer suavemente Walden .