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MARGOT
Según el tarot, el sol en la figura del loco representa el inicio.
Algo así como despertar una mañana y darte cuenta de que todo se ha alterado por dentro, como si la mano de Dios hubiera llegado para desordenar tus recuerdos, para reemplazar tu mente por otra mente que no es la tuya.
Viajar en la extrañeza del sol. Asomarse al espejo y comprobar que tu rostro está distorsionado, que hay un lago oscuro que se ha puesto a temblar en el interior de tus mejillas, que tu nariz es una nuez que se pudre y que tus ojos poseen la opacidad del cielo cuando deja caer sus tragedias, sus telediarios, la violación de una mujer sin nombre, el programa de una fiesta popular.
Entonces te quiebras. Te disuelves como el humo fatal de un cigarrillo.
Te sangras frente a un café, frente a un semáforo que tarda en alcanzar la lentitud del color verde.
Te desentiendes de todo alimento e impregnas tus huesos con la furia, con el grito.
Te inviertes, pobre loco, en la espalda de los días.
Según el tarot, el acantilado por el cual el loco está dispuesto a descender, representa el mundo material.
Por ejemplo: loco por unas zapatillas de marca, loco por un crucero en el interior de la cocaína, loco por un puñado de monedas, por el hambre de un club que alterna el dolor de una mujer con un número infinito de seguidores en Twitter.
Según el tarot, el loco lleva en la bolsa todo lo necesario para su viaje, sin embargo aún no conoce su contenido (las noches en vela que vendrán, el llanto de la madre, el llanto de las hijas, aquel retrato que en nombre de la locura besa el polvo y una herida).
Según el tarot, el perrito blanco que lo acompaña es su guía, su mentor (podemos pensar ahora en una consulta muy blanca, en un diván confortable, en la idea de un psicólogo acercando su lápiz a nuestros labios.).
Según el tarot, la rosa blanca simboliza la inocencia con la que el loco inicia esta aventura, simboliza la pureza con la que venimos al mundo (recordemos que el mundo está situado en la casilla menos uno, bajo la tierra de este sueño tan demencial).
Según el tarot, el loco mira hacia arriba, conversa con Dios mediante el signo del silencio y el coñac. Y mientras el loco habla, Dios hace música con sus criaturas muertas.
Según el tarot, el loco, ha dejado atrás las montañas, el río, el puente de tablas, ese pequeño pueblo abandonado a su suerte que se llama Campos de Gavín al que Margot intenta regresar una y otra vez en el transcurso de este viaje que parece no terminar jamás.
—También un día nosotras estaremos locas —le dijo Brígida.
Es posible que las gemelas hayan iniciado el viaje de la locura sin saberlo, que estén dando vueltas sin fin a este territorio de nadie donde su madre, Olga Castán, sigue llamándolas con su voz de fruto, con su perfume de árbol caído en el centro exacto de la sinrazón.