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brÍGIDA
Margot es ridícula, piensa su gemela.
Y comienza a tamborilear sobre la lata de cerveza.
Le parecen ridículos sus miedos, su pastel de zanahoria, su forma de vestir tan recatada.
Ahora cose como si fuese una vieja solterona.
No se lo ha dicho pero ha visto la vieja máquina de coser destapada, ha visto el hilo en las canillas y puede imaginar el pie de su hermana poniendo en marcha las costuras.
Folla con su jefe.
Cose fantasmas.
Cocina para una extraña y sigue haciéndose pis de miedo cada vez que tiene que cruzar el puente de tablas.
Menudos numeritos monta.
¿Le contará a la psicóloga que ahora habita la casa del árbol desnudo sus fobias?
¿Le hablará de ella?
Le gustaría saber qué piensa realmente de ella, sin medias tintas.
Brígida está segura de que le tiene miedo. Eso es evidente.
También teme a la soledad o al río.
El mundo se come a Margot.
Margot la sonriente, la sumisa, la buena chica, la víctima perfecta para el duende del sauce.
Ella no sabe que Brígida la salvó.
Que todo el terror se lo ha llevado ella, todo el asco.
Pobre Margot que nunca conoció el asco, piensa Brígida dándole un trago a la cerveza.
Después deja escapar un eructo y muerde la uña de su dedo corazón.
Brígida la odia. Lo reconoce ahora que está sola y ha bebido y tiene que volver a visitar la casa.
Odia su amor por ella y su sacrificio y por ese motivo se lo hace pagar.
Todo tiene un precio.
También el amor.
Por encima de todo el amor.
Ahora que Inés va a dar a luz a un hijo muerto, Margot ya no podrá ser una de esas tías de las novelas que preparan pasteles y leen cuentos frente al fuego.
¿Por qué no la llamó para decirle que iba a pasar sus días libres en la casa?
¿Es que acaso ella no es tan bien su hermana?
Brígida la camionera.
Brígida la cruel.
La dejan al margen porque se avergüenzan de ella. Temen que las deje en ridículo con una de sus salidas.
En cambio Margot cumple las normas, sabe estrechar manos, dividir el dolor en porciones.
Pobre Margot en mitad del puente de tablas, siempre temblando, sin decidirse a dar el paso.
Los pasos de Margot en la vida son tan pequeños que no existen. Es ella la que tiene que darle un empujón, con sus amantes, con el río, con su hermana Inés.
Inés prefiere a Margot y eso le jode.
Pero Inés no es feliz igual que ellas no son felices y que el pueblo por más que intenten reconstruirlo jamás volverá a ser un pueblo.
Tendría que arder todo.
Ese es su segundo secreto.
Si estuviera en su mano…
Pero Brígida tiene mejores cosas que hacer que habitar una casa muerta en un pueblo repleto de fantasmas.
No, Margot no le ha dicho que iba a quedarse unos días, últimamente le oculta cosas y ella está perdiendo el control de su vida.
Habrá que apretarle las tuercas.
Habrá que volver a sembrar la semilla del miedo para que la respete de nuevo y corra a sus brazos para protegerse, como ayer, como ayer que es siempre.
Que se joda Margot.
Que se jodan todas.