Capítulo 52
Lana Hamilton había sido mi único objetivo, pero entonces tuvo que involucrar a su inútil hermano, y también voy a disfrutar acabando con su vida.
Siempre había pensado vigilar de cerca a los dos cuando regresaran —hay demasiados secretos ocultos en Mead House—, pero al principio no tenía intención de hacer daño a nadie.
Puede que odie a los Hamilton, pero solo habían vuelto para vender la propiedad y eso me parecía perfecto. Por fin el pueblo se libraría de ellos.
Si todo hubiera sido así de sencillo. Y si Lana se hubiera mantenido alejada de Xav Landry.
Lo que le está ocurriendo es culpa suya. Debería haberse mantenido al margen.
Xav está fuera de sus límites. Es mío y me niego a compartirlo.
Nuestros caminos no se habían cruzado muy a menudo cuando éramos niños.
Él iba un curso por encima de mí en el colegio y a menudo me pregunto si siquiera se daba cuenta de que existía.
Tenía amigas, pero no era popular como él, y supongo que no fue hasta aquel último verano, antes de mi último año de colegio, cuando por fin aprendí a rebelarme.
A sacudirme de encima aquella etiqueta de chica formal y aplicada con la que me habían obligado a vivir durante tanto tiempo.
Puede que él no se fijara en mí, pero yo sabía exactamente quién era. El guapo chico de pelo oscuro, ojos verdes y una levísima sombra de acento francés.
Ya entonces hacía volver cabezas, pero lo que siempre resultaba encantador en Xav era la ligera inseguridad que sentía consigo mismo. Sí, tenía confianza en sí mismo, pero nunca llegaba a convertirse en arrogancia, porque jamás se había creído mejor que los demás.
Fue una desgracia que su hermano acabara convertido en daño colateral. Yo no lo había planeado así, pero el collar de Camille estaba en mi bolsillo la noche en que murió y, en el calor del momento, cuando perdí el control, todo encajó por sí solo.
Recuerdo haber visto a Xav después de la detención de su hermano y haber comprendido que lo había destrozado.
No suelo sentir culpa ni remordimiento, pero él parecía atormentado y conmocionado mientras cargaba sobre los hombros con el peso del supuesto crimen de su hermano.
Por culpa de Camille y de la cadena de acontecimientos que ella había puesto en marcha, lo había perdido todo.
Nunca olvidé aquella expresión y me acompañó incluso después de que se marchara.
Con los años, seguí su trayectoria. Al principio, acechando sus redes sociales; después, a medida que alcanzaba el éxito, a través de su arte.
Mediante los artículos de prensa, las entrevistas y las críticas.
Aunque vivíamos a kilómetros de distancia, era como si nos uniera una conexión emocional profunda.
Cuando me enteré de que regresaba a Norfolk y planeaba instalarse cerca de su madre, supe que tenía que formar parte de su vida.
Yo era su ángel de la guarda. Quería velar por él, protegerlo y tenerlo para mí.
Necesitaba amigos, así que fue fácil encontrar la manera de entrar en su vida, y un poco de alcohol ya había ayudado a derribar las barreras para que pudiéramos consumar nuestra relación.
Aunque había pasado tiempo desde aquella noche en que hicimos el amor, yo estaba sentando las bases y trabajando para ganarme por completo la confianza de Xav.
Iba bien. Al menos había ido bien. Hasta que Lana regresó y lo confundió.
He estado vigilándola a ella y a su hermano imbécil. No me costó nada colar unos AirTags en sus coches. Esos dispositivos son una bendición para seguirle la pista a la gente. También hay uno en el coche de Xav. Me gusta saber dónde está mi amado en todo momento.
Me hirvió la sangre cuando comprendí que Lana había bajado a la playa de Salthouse. Directa hacia el lugar donde estaba aparcado el coche de Xav.
¿Lo habían planeado? Necesitaba saberlo.
Tomé prestado un coche del garaje de Bree McCarthy para conducir hasta la playa.
Me ha resultado útil durante el último año y es práctico que su garaje esté a solo un par de calles de donde vivo.
Nunca me he arrepentido de haberme quedado con la llave de repuesto que ella le confió a Xav y de haber hecho una copia.
Por supuesto, ni él ni Bree saben que la tengo.
Al principio la quería para poder vigilarla de cerca. No me gustaba ni me fiaba de su amistad con Xav, y al principio sospechaba que lo quería para ella. Si resultaba ser así, quería saber a qué me enfrentaba.
Por suerte, Bree no había supuesto una amenaza. No apruebo la cercanía que tiene con Xav, pero soy lo bastante inteligente para saber que no puedo apartar de su vida a todo el mundo. Tengo que elegir mis batallas para no despertar sospechas.
Bree es una molestia que puedo soportar. Lana, en cambio, es otra historia.
Vigilaba a Lana y a Ollie por precaución. No sabía que ella iba a intentar reavivar su relación con Xav. Aunque conocía su historia, había visto cómo Xav la había rechazado en mi tienda. Pensaba que no quería saber nada de ella. Entonces, ¿por qué habían quedado en la playa?
Los observé con los prismáticos mientras Lana se acercaba a él, y el nudo de furia que tenía en el estómago se tensó aún más. ¿Cómo se atrevía?
Mi mente había trabajado a toda máquina mientras urdía mi siguiente movimiento. Necesitaba asustarla, encontrar la forma de hacer que retrocediera, que comprendiera que tenía que mantenerse alejada de él.
Mis planes se fueron al traste cuando los vi regresar de la playa; la rabia se apoderó de mí mientras dirigía el coche hacia ella.
Una pérdida momentánea del control. No había actuado por instinto desde lo de Camille.
No podía permitir que su hermana acabara conmigo.
Incluso mientras conducía de vuelta al taller de Bree para devolverle el coche, comprendí que acababa de correr un riesgo enorme y potencialmente terrible al atropellar a Lana. Había un testigo.
Xav se había detenido. Debería haberse marchado, y yo debería haberme asegurado de que se había ido antes de actuar, pero, en lugar de eso, me había comportado de forma irracional y él había visto lo que hice.
Incluso mientras pasaba a toda velocidad junto a él aquella noche, no tenía ni idea de que acababa de lograr justo lo contrario de lo que esperaba. Había acercado a Lana y a Xav.
Hice todo lo posible por borrar mis huellas y fingí ser una amiga preocupada, llevándole flores a Lana, pero mis actos tuvieron consecuencias y supe, incluso mientras le advertía que lo dejara en paz, que mis palabras estaban cayendo en saco roto. Todo aquello era culpa mía y tenía que arreglarlo.
El atropello con fuga podía explicarse como un encuentro fortuito, y sabía que no podía arriesgarme a atacarla otra vez.
Resultaría demasiado sospechoso. Pero entonces me enteré de la existencia del segundo diario y de que Lana empezaba a preguntarse si Sebastian era inocente, y mi libro de reglas saltó por los aires.
La noche que fui a Mead House y la ataqué en el garaje, tenía toda la intención de matarla.
Lana Hamilton ha demostrado ser más problemática de lo que vale.
La vi hoy, más temprano, a través de la ventana de la casa de Xav, cuando pasé por allí de camino a casa después del trabajo, pavoneándose como si aquel lugar le perteneciera. Esto tiene que acabar esta noche.
Ahora la observo, con la cabeza bien alta, desafiante, y una mirada cargada de odio mientras me lanza una ojeada por encima del hombro. No parece asustada, al menos no por su propia seguridad. Solo parece preocupada por el bienestar de su inútil hermano.
Aunque lo mantengo cerca, con Lana caminando delante según mis instrucciones, no necesito someter a Ollie. Es de su hermana de quien no me fío, y sé que lo único que mantiene a Lana obediente en este momento es el temor de que pueda hacerle daño.
Ollie no quiere ir a la casa de verano, y, por los intentos de Lana de tranquilizarlo diciéndole que todo irá bien, cada vez resulta más evidente que no ha bajado allí desde que encontró el cuerpo de la pobre Camille.
Tiembla contra mí y parece tener más miedo de volver allí que del cuchillo que sostengo en la mano.
No me había dado cuenta de hasta qué punto lo había marcado.
Saberlo me despierta una idea y provoca un ligero cambio en mi plan.
Tenía pensado matar primero a Ollie; la anticipación de acabar con la vida de aquella comadreja llorona me recorría las venas como una descarga.
Una vez muerto, podría dedicar toda mi atención a Lana y castigarla por intentar robarme a Xav.
¿Qué les pasa a estas mujeres Hamilton, que creen que pueden apropiarse de lo que no les pertenece?
Camille pensó que estaba bien follarse a mi padre y ahora Lana intenta robarme al hombre que amo.
Ollie no me ha quitado nada, pero es un pedazo de mierda arrogante y consentido.
No he olvidado que anoche me golpeó, aunque fuera un accidente, y sé que la única razón por la que ahora tengo toda su atención es el cuchillo que le sujeto contra la garganta.
Entonces comprendo que hay una forma mejor de hacerlo sufrir.
El tormento definitivo. Quiero que tenga que observar cómo pierde a una segunda hermana.
Incluso podría preparar la escena para que pareciera que él era el responsable.
—No vas a salirte con la tuya —sisea Lana cuando entramos en el huerto de frutales.
No deja de amenazarnos y, aunque al principio resultaba divertido, ahora empieza a cansarme. Necesito un momento de silencio para meditar sobre mi nuevo plan. Solo tengo una oportunidad de matar a los gemelos Hamilton y quiero asegurarme de que sea memorable.
Cuando no respondo, deja de caminar y vuelve a mirarme. Soy consciente de la rabia que emana de ella. Soy más grande y fuerte, pero sospecho que, si no estuviera sujetando un cuchillo contra la garganta de su hermano, intentaría derribarme en un abrir y cerrar de ojos.
Vuelvo a acercar el cuchillo a la mejilla de Ollie. Es hora de recordarle a Lana que debe hacer lo que le ordeno.
—Sigue caminando —gruño.
Cuando vacila, presiono la hoja contra su piel, pero me contengo y me detengo antes de que llegue a cortarle la carne. Tengo que pensar bien las cosas. Si voy a inculpar a Ollie por el asesinato de su hermana, ¿cómo explicaré los cortes de su rostro?
Por suerte, la amenaza parece surtir efecto y vuelve a caminar.
Una pelea. Así haré que parezca. Ollie ataca a su hermana y Lana se defiende antes de que él consiga dominarla. La gente se lo creerá. Puedo hacer que parezca que se quita la vida después de acabar con la de ella. Incluso empezarán a preguntarse si fue él quien asesinó a la pobre Camille.
Perfecto.
Ya casi hemos llegado a la casa de verano. Donde todo empezó con Camille y donde esta noche terminará con Lana y Ollie.
Lana actúa como si no me tuviera miedo, pero antes de que termine con ella experimentará el verdadero terror. Y antes de morir, comprenderá que nunca debería haber ido tras lo que es mío.