La casa de verano Capítulo 43
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Capítulo 43

—¿Va todo bien?

Al levantar la vista, Xav vio que Bree lo observaba y no lograba decidir si lo hacía con compasión o con sospecha.

Nunca había sido de mandar muchos mensajes y desde luego no era de esas personas que miraban continuamente el móvil cuando estaban acompañadas, pero hoy era distinto porque necesitaba mantenerse en contacto con Ollie.

Los mensajes que había recibido sobre el coche que había en el taller, con lo que parecían salpicaduras de sangre en la moldura lateral rota, bastaban para distraerlo, y ahora le costaba concentrarse en la conversación con Bree.

—¿Qué? Sí, claro. Estoy bien —hizo un esfuerzo por dejar el teléfono y le forzó una sonrisa.

Ella siempre había estado ahí para él y para Seb, y también para su madre. ¿De verdad había sido todo una simple actuación?

Rememoró la época en la que acababa de regresar al pueblo y cómo ella se había apresurado a buscarlo para recordarle que estaba allí como amiga para lo que necesitase.

Por separado, hasta ese momento todo le había parecido dar palos de ciego, pero la foto del todoterreno que le había mandado Ollie resultaba más difícil de justificar. Aunque no podía afirmar con certeza que hubiese sido el coche que atropelló a Lana, sin duda era clavado.

¿Acaso Bree odiaba tanto a Lana Hamilton como para querer verla muerta?

¿Y qué pasaba con Camille? ¿Era Bree el misterioso G sobre el que Camille había escrito en su diario?

Hasta que Ollie sacó el tema, solo habían estado buscando a un hombre. Una estupidez, en realidad, ya que resultaba totalmente plausible que G fuera una mujer. Sin embargo, percatarse de que de verdad pudiera tratarse de Gabriella McCarthy, su amiga más cercana...

Dolió en lo más hondo.

Sentía cierta lealtad hacia Bree. Había estado a su lado una y otra vez. Pero si le había hecho daño a Lana, aquello lo cambiaba todo.

Ella seguía observándolo con curiosidad mientras él pugnaba por encajar que pudiera ser la responsable.

—Estás actuando de un modo un poco raro, Xav. ¿Seguro que está todo bien entre nosotros?

Sostuvo su mirada. Iris de un tono castaño miel enmarcados por pestañas tupidas y oscuras que lo miraban fijamente.

Madre mía. Espabila, imbécil.

Había traído fish and chips y el whisky de cumpleaños que Bree no se había llevado tras la pelea del pub, y creía que lo estaba haciendo bastante bien a la hora de disimular, pero tal vez no era así.

Sus pensamientos volaron hacia Lana, que lo esperaba en casa. Se había mostrado reacia a que él viniera porque sabía lo pésimo mentiroso que era. Decidido a demostrarle que se equivocaba, intentó relajarse.

Lana y Ollie contaban con él, y Seb también. La posibilidad de que pudiera probarse la inocencia de su hermano después de tanto tiempo encendió un destello de esperanza en Xav, aunque le daba miedo hacerse ilusiones.

—Perdona, sí. Todo está bien entre nosotros. Solo estaba hablando con Lana. Quería asegurarme de que está bien... después de lo de anoche.

Dejó caer las palabras y le sostuvo la mirada a Bree para comprobar su reacción. Salvo por un ligero entrecerrar de ojos, no hubo ninguna revelación delatadora.

—¿Lo de anoche?

—La atacaron.

—¿Ah, sí?

Xav asintió.

Si Bree sabía lo que había pasado, no lo estaba contando. Tampoco parecía sorprendida, y su sentido arácnido empezó a ponerse en alerta máxima.

Transcurrió una pausa prolongada antes de que ella preguntara:

—Y ¿qué pasó?

Se lo contó ciñéndose a los hechos y esforzándose por mantener la emoción al margen de su tono.

—Madre mía. ¿Está bien?

Sonaba sincera, pero Xav no estaba seguro de creérsela.

—Está bien. Ahora. Sé que no te cae muy bien, pero...

—Eso no significa que quiera verla sufrir, Xav.

¿De verdad? Él no estaba tan seguro.

—¿Tardaste mucho en llegar a casa caminando anoche? —preguntó él, cambiando de tema bruscamente—. Volví a buscarte después de dejar a Trudy.

No era del todo mentira. Había dado un rodeo al volver a casa, aunque no había recorrido exactamente la ruta que sabía que haría Bree.

Ella se encogió de hombros.

—No mucho. Aunque me alegró llegar a casa. ¿Qué tal está Trudy?

Otro cambio rápido de tema. Xav sabía que Bree no iba a admitir ninguna mala acción, así que no estaba muy seguro de por qué le molestaba tanto.

Siguió adelante con la parodia de ser buenos amigos, pero el último mensaje de Ollie lo había cambiado todo y Xav se descubrió cuestionando cada palabra que salía de la boca de Bree.

En el momento en que obtuvo la confirmación de Ollie de que había salido del taller, inventó una excusa diciendo que tenía que marcharse.

Tras un abrazo de despedida algo rígido y el plan vago de verse más adelante, ya estaba en su coche rumbo a casa, sintiendo que parte de la tensión se disipaba, aunque sabía que lo peor aún estaba por llegar.

Habían acordado que pasaría a buscar a Lana e irían al encuentro de Ollie en Mead House.

Allí tendrían que tomar decisiones. ¿Tenían lo suficiente para involucrar a la policía?

¿Cómo reaccionarían ante el allanamiento de morada cometido por Ollie?

¿Cómo reaccionaría Bree al enterarse de lo sucedido y al saber que Xav la había traicionado?

Esas preguntas le pesaban enormemente mientras entraba en la entrada de su casa.

—¿Lana? —la llamó nada más cruzar la puerta, barriendo con la mirada la cocina y el salón sin verla por ninguna parte.

Como ella no respondió de inmediato, la tensión regresó; la llamó de nuevo mientras cerraba la puerta y cruzaba la estancia.

El único espacio cerrado era el aseo, pero vio que la puerta estaba abierta.

¿Estaría arriba o habría pasado algo? Le había prometido que aquí estaría a salvo, y debería estarlo.

Aun así, el corazón le desbocaba el pecho mientras subía las escaleras de dos en dos.

Echó un vistazo rápido a su dormitorio y luego miró hacia su estudio.

La única habitación en la que le había pedido que no entrara.

Allí estaba ella, contemplando el lienzo en el que él estaba trabajando. Su propio rostro devolviéndole la mirada.

Aliviado al ver que estaba a salvo, pero irritado por haber ignorado sus indicaciones y sintiéndose de lo más cohibido al verla contemplar una obra sin terminar —que jamás había planeado enseñarle ni a ella ni a nadie—, perdió la paciencia.

—¿Qué demonios haces aquí?

Lana lo miró, pero no se inmutó ante su enfado. Le brillaban los ojos.

—¿Esta soy yo?

—Te dije que no entraras en mi estudio.

—Échale la culpa a tu gato. Estaba tosiendo una bola de pelo, así que subí a ver cómo estaba. Por cierto, está perfectamente.

Xav miró a Hector, que dormitaba plácidamente en uno de los sofás.

—Deberías haber respetado mis deseos —rezongó, aunque su enfado ya empezaba a diluirse. Siguió un poco amurallado mientras Lana se le acercaba y le rodeaba el cuello con los brazos, y él se negó a corresponderle el abrazo.

Ella ladeó la cabeza para mirarlo.

—Me estás pintando —al ver que él no reaccionaba, la sonrisa de Lana se amplió y sus ojos oscuros se clavaron en los suyos—. Y me encanta. Me encanta que estés todo avergonzado por esto y...

—No estoy avergonzado.

—Sí que lo estás. Y estás poniendo esa cara de puchero que pones cuando intentas parecer molesto. Me había olvidado por completo de eso.

—Estoy molesto —puntualizó él, aunque en realidad ya no fuera cierto.

Había echado de menos aquello: que Lana le tomara el pelo para sacarlo del mal humor. Resultaba imposible seguir enfadado con ella, y cuando sus labios se posaron sobre los suyos y su cuerpo se fundió contra el de él, se rindió por completo, atrayéndola hacia sí para besarla profundamente.

Durante unos instantes estuvo tan absorto en ella que olvidó por completo la importancia de lo que Ollie había encontrado en el taller de Bree.

No haber localizado a Lana y luego darse cuenta de que había descubierto su pintura lo habían distraído, y necesitaba recuperar la concentración.

Se separó con renuencia del beso, librándose con suavidad de su abrazo.

—Tenemos que hablar. Sobre Ollie y Bree —añadió deprisa al verla con cara de preocupación.

Notó que el cuadro también la había distraído a ella, porque captó su atención al instante.

—¿Ha encontrado algo? ¿Qué tal la comida? ¿Fue ella?

Tenía muchísimas preguntas, pero debían ir a reunirse con Ollie. Xav la tomó de la mano y la sacó de la habitación.

—Es posible. Estuvo bien. Y sí, tiene toda la pinta. Vamos. Te pongo al día en el coche.

***

No fue hasta que estuvieron a punto de llegar a Mead House cuando Lana recordó el coche que había visto mientras estaba en casa de Xav.

El cuadro la había dejado tan impresionada que desconectó de todo lo demás, limitándose a contemplarlo fascinada durante varios minutos.

Ni siquiera se enteró de cuando Xav llegó a casa llamándola.

¿Cuánto tiempo llevaría trabajando en ese cuadro?

Sin duda días, tal vez una semana o más.

Con razón había intentado prohibirle entrar en su estudio. ¿Habría planeado en algún momento enseñárselo?

Era una pregunta que debía dejar en suspenso, porque él le había recordado que había asuntos más importantes que atender.

Sabía que Bree era una sospechosa potencial, pero aun así le chocó que Xav le explicara lo que había encontrado Ollie.

¿De verdad esa mujer había sido la que la sacó de la carretera y la dejó inconsciente en el garaje?

Se quedó en silencio mientras procesaba toda la información, sintiendo el cálido y reconfortante peso de la mano de Xav al estrechar la suya.

—¿Estás bien?

—Sí. Es que es mucho que digerir. De verdad tiene que odiarme.

—O tal vez estés en medio.

Lana intentó sonar irónica.

—Qué reconfortante.

Si Bree era G y sabía que Lana había encontrado el diario, tenía sentido que Lana fuera una amenaza. Lo que no explicaba era cómo Bree se las apañó para robarlo de la casa.

—Le seguimos la pista, Lana —Xav le apretó la mano—. Le contaremos a la policía todo lo que sabemos y dejaremos el asunto en sus manos. Ya no tendrás que volver a preocuparte por ella.

Tenía razón, pero su comentario le hizo recordar el momento en que él se marchó para comer con Bree y al conductor que se había parado junto a la casa.

—¿Y si no es ella? ¿O si tuvo ayuda?

—¿A qué te refieres?

—Creo que había alguien merodeando fuera de la casa mientras estabas fuera.

Menos mal que circulaban por un camino sin tráfico, porque Xav frenó en seco en mitad de la vía y se giró hacia Lana.

—¿Por qué me lo dices justo ahora?

—Porque se me olvidó. Estaba distraída con el cuadro y luego contigo y tus noticias —Xav volvió a parecer molesto, pero con su rostro severo y cabreado, de modo que ella prefirió no tomarle el pelo esta vez—. A lo mejor no ha sido nada —añadió, intentando dar marcha atrás.

—Define «merodear», Lana.

Tratando de restarle importancia al incidente, le contó lo sucedido: que le pareció ver a alguien al otro lado de la ventana de la cocina y que, unos momentos después, el coche se alejó.

—Como te digo, probablemente no haya sido nada.

A juzgar por su ceño fruncido y por el modo en que apretaba la mandíbula, resultaba evidente que él no estaba de acuerdo.

—¿Hay algo más que tengas que contarme?

—No, eso es todo.

Como él no dijo nada al respecto y arrancó el coche de nuevo, ella volvió a intentar calmar las aguas.

—Mira, el coche apunta a Bree y el cigarrillo también. Lo de antes probablemente fue solo que se me disparó la imaginación. Seguro que no guarda ninguna relación.

—Esperemos que así sea.

Xav no sonaba nada convencido y Lana ya se arrepentía de haber abierto la boca. Por supuesto que era Bree. ¿Y por qué iba a necesitar ayuda?

En cuanto llegaran a Mead House, convencería a Ollie para que llamara a la policía. Cuanto antes arrestaran a Bree McCarthy, más tranquilos se sentirían todos.

Con suerte encontrarían el diario y obtendrían por fin algunas respuestas.