La casa de verano Capítulo 41
72%

Capítulo 41

La adrenalina bullía por las venas de Ollie mientras aparcaba al otro lado de la calle, frente al taller de Bree, a la espera del mensaje de Xav que confirmara que había llegado a su piso.

Su plan era infalible y Lana estaba a salvo. Como le había asegurado una y otra vez, nada iba a salir mal.

El teléfono emitió un pitido y leyó el mensaje de Xav.

Ya entro.

Le respondió con un emoji de pulgar hacia arriba, se guardó el teléfono en el bolsillo y sacó la llave que Xav le había dado.

—Hagámoslo —murmuró para sí.

Mientras cruzaba la calle hacia el taller, echó un vistazo alrededor para cerciorarse de que no hubiera nadie cerca. No debería parecer sospechoso que abriese la puerta y entrara, pero, aun así, prefería que no lo vieran.

La calle seguía despejada. Entró en la sala oscura, tanteó en busca del interruptor y cerró la puerta tras de sí. Entonces buscó la alarma, que había empezado a pitar. Había memorizado el código que le había dado Xav y lo tecleó rápidamente para desactivar el sistema.

Miró a su alrededor. Era un espacio ordenado, aunque sin pretensiones, con un escritorio y un archivador.

Ajustó la persiana para que nadie pudiera ver el interior y se sentó en la silla de Bree mientras empezaba a revisar sus cosas.

Sobre el escritorio no había nada demasiado interesante: un teléfono, un lector de tarjetas y un bote con bolígrafos, además de una bandeja de documentos que parecía contener facturas.

Ollie las hojeó, pero no vio ningún nombre que destacara ni nada que pareciera sospechoso.

Probó los dos cajones y se alegró al comprobar que no estaban cerrados con llave, pero solo contenían llaves y paquetes de toallitas antibacterianas.

Se volvió en la silla y miró el archivador. ¿Habría algo interesante allí dentro?

Mientras rebuscaba en los cajones, se le ocurrió que, aunque había ido allí con la intención de registrar el lugar, en realidad no tenía muy claro qué estaba buscando.

Algo sospechoso. Eso era lo que les había repetido a Xav y Lana, pero ahora que estaba allí comprendía hasta qué punto era una indicación imprecisa.

El archivador estaba abarrotado de más papeles. Facturas de suministros y del alquiler del local, además de más facturas, por lo que podía ver. Tardó una eternidad en revisar la mitad del cajón superior y Ollie, que no tenía precisamente una gran capacidad de concentración, empezaba a aburrirse.

Al cabo de un rato decidió pasar a otra cosa, convencido de que no se le escapaba nada.

Una puerta interior al fondo de la sala conducía a un pasillo estrecho con otras dos puertas. Una era el cuarto de baño, un espacio diminuto, aunque práctico, que olía a lejía y piñas; la otra daba a una zona de garaje, donde Bree trabajaba en los vehículos de sus clientes.

Había un par de coches en distintos estados de reparación y las únicas estanterías y unidades de almacenaje que había allí servían para guardar las herramientas del día a día.

Había dos puertas de garaje: una daba al frente y la otra a la parte trasera de la propiedad.

Ollie se dirigió a esta última para probarla y se irritó al descubrir que estaba cerrada.

Volvió a mirar alrededor, vio unas llaves colgadas de unos ganchos en la pared y las probó una por una hasta encontrar la que funcionaba.

Al abrir la puerta del garaje salió a una zona de tamaño considerable, cubierta por un tejado y rodeada por una valla alta.

Allí había media docena de coches, todos en buen estado, y algunos llevaban carteles con el precio en el parabrisas.

La mayoría eran utilitarios pequeños, pero también había un Fiesta clásico y un SUV oscuro.

Ollie no sabía que Bree también vendía coches, aunque estaba casi seguro de recordar que Xav le había dicho que solía comprar vehículos a buen precio, normalmente coches siniestrados o cuyos dueños se habían dado por vencidos con ellos.

Él había supuesto que eran solo proyectos personales, pero comprendió que tuviera sentido que intentara sacar dinero de ellos.

Su mirada se posó en el contenedor grande que había detrás de los coches. Probablemente solo estaría lleno de basura, pero ya que estaba allí, lo más lógico era echarle un vistazo.

Al pasar entre los coches, reparó en el SUV aparcado más cerca del contenedor.

A diferencia de los otros, pulidos hasta alcanzar un acabado de exposición, las ruedas de aquel parecían sucias y había un par de marcas en el borde del capó.

La moldura lateral también se estaba despegando.

Ollie se desplazó entre los coches, agarró el extremo para volver a colocarla en su sitio y apartarla, y al soltarla se limpió los dedos, manchados por el óxido.

La presencia del óxido lo sorprendió. A menos que fuera otra cosa.

Se agachó para observarlo más de cerca y frunció el ceño.

Sí, las ruedas necesitaban una buena limpieza. ¿Era arena lo que había quedado atrapado en el dibujo? ¿Y qué eran las salpicaduras que había a lo largo del borde de la moldura plateada? Su mente empezó a funcionar a toda velocidad.

El SUV era negro. A Lana la había atropellado un coche oscuro.

¿Era posible que aquel fuera el vehículo? Y, de ser así, ¿era su sangre la que había quedado en la moldura?

Sacó el teléfono y tomó varias fotografías. Luego le escribió a Xav.