La casa de verano Capítulo 40
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Capítulo 40

Lana aún no tenía claro qué pensar de la nueva alianza entre Ollie y Xav. Por un lado, se alegraba de que parecieran haber enterrado el hacha de guerra, pero daba la impresión de que ahora compartían el objetivo de envolverla entre algodones.

Entendía sus preocupaciones, de verdad. Primero el atropello con fuga y luego lo ocurrido la noche anterior.

Todo aquello los había asustado, y con razón.

No se consideraba una mujer estúpida y sabía que las amenazas contra ella eran reales.

También tenía miedo y pensaba tomar precauciones.

Hasta que la policía practicara una detención o hasta que regresara a casa, lo que ocurriera primero, haría todo lo posible por no ponerse en situaciones vulnerables.

A diferencia de Ollie, que parecía haberse convertido en investigador privado de la noche a la mañana.

Su idea de fisgonear en el taller de Bree McCarthy era estúpida y peligrosa.

Para empezar, aunque tuviera la llave de Xav, aquello seguiría considerándose allanamiento, y Lana no conseguía meterle en la cabeza que era un delito.

Y, si tenía razón y Bree era responsable de lo que le había ocurrido a Lana, quizá incluso del asesinato de Camille, ¿qué le impediría intentar hacerle daño a Ollie al darse cuenta de que la había descubierto?

—La que debería preocuparte eres tú —le dijo él, descartando sus objeciones—. Yo sé cuidar de mí mismo.

Ese era su hermano, rebosante de una bravuconería absurda.

—¿Como Bree cuidó de ti anoche? —murmuró con sarcasmo.

Su comentario hizo que frunciera el ceño mientras se llevaba la mano a la nariz y se alisaba los dedos sobre la escayola.

—Eso fue distinto. Además, ella no estará allí. Xav va a mantenerla ocupada.

Ahora miró a Xav, que le dedicó a Lana una sonrisa de disculpa.

—No puedo creer que también te haya metido en esta idea estúpida —refunfuñó.

Ya le habían dicho que no querían que se quedara sola en Mead House, pues al parecer habían decidido por su cuenta que podía esperar en casa de Xav.

A Lana no le gustaba que tomaran decisiones a sus espaldas sobre lo que era mejor para ella.

Sin embargo, solo serían un par de horas, así que no protestó demasiado.

Ya la habían atacado una vez en la casa y, aunque razonó que estaría bien si cerraba con llave todas las puertas y ventanas, quizá estaría más segura en casa de Xav.

Ya había llamado a Bree para preguntarle si podía pasarse por allí a limar asperezas, y se había ofrecido a recoger por el camino su comida para llevar favorita.

Xav le contó a Lana que, como Bree no era de las que guardaban rencor, había recibido su llamada con cierta timidez y se había disculpado por su parte de culpa, lo que a su vez le hacía sentirse culpable por haberla engañado.

—Ninguno de los dos tiene por qué seguir adelante con esto —le recordó Lana mientras se dirigían en coche a casa de Xav—. Ya te he dicho que me parece una mala idea, pero Ollie es así. Nunca piensa en las consecuencias.

—Solo está cuidando de ti.

Y era verdad, algo que ella agradecía.

—Lo entiendo, pero tiene que ir a la policía. Que hablen con Bree. Si hay pruebas, pueden detenerla, y si no las hay, no tendrás que sentirte culpable por traicionar a tu amiga.

Xav le dedicó una sonrisa fugaz, pero estaba decidido a seguir adelante con el plan de Ollie.

—Déjale hacerlo, ¿vale? Si no encuentra nada, te prometo que haré que vaya a la policía.

Xav y Ollie. De niños habían sido la sombra el uno del otro.

Los gemelos eran Ollie y Lana, pero a veces ella había sentido que quedaba en segundo plano frente a la amistad de Ollie con Xav.

Luego, claro, las cosas habían cambiado.

Durante el último año antes de la muerte de Camille, era Lana quien atraía más la atención de Xav, y en ocasiones ella se había preguntado si Ollie no estaría un poco celoso.

Ahora los tres volvían a estar juntos y retomaban sus antiguos papeles.

Ella había recuperado a su hermano, lo había recuperado de verdad, por primera vez en lo que parecía una eternidad, y no quería perderlo.

En cuanto a lo que estaba ocurriendo entre ella y Xav, aún no habían hablado de qué les depararía el futuro ni siquiera de si lo suyo podía funcionar.

Por ahora, Lana se limitaba a vivir el día a día.

Cuando Xav aparcó frente a su casa, a Lana se le revolvió el estómago por los nervios y, al seguirlo al interior, comprendió de pronto la magnitud de lo que estaba ocurriendo entre ellos.

Habían vuelto a conectar a una velocidad de vértigo y ahora él se estaba metiendo en una situación potencialmente peligrosa para ayudarla.

De acuerdo, Ollie era quien asumía el mayor riesgo, pero si Bree era la responsable de los intentos contra la vida de Lana y descubría que Xav la había traicionado, ¿cómo reaccionaría?

Él siempre había sido un pésimo mentiroso. ¿Y si metía la pata?

Mientras él se desvivía por su enorme gato atigrado, que había bajado las escaleras como una exhalación para recibirlos, ella no dejó de darle vueltas. Por comida, no por cariño, se apresuró a puntualizar Xav mientras le llenaba el cuenco. Hector se guiaba por el estómago.

Después de darle de comer al gato, le enseñó el sistema de alarma y dónde estaban las cámaras. Luego le dijo que se sintiera como en casa, pero que no entrara en su estudio.

Cuando se lo dijo, tenía puesta su cara seria y, de no haber estado tan preocupada, Lana quizá se habría echado a reír.

—¿Qué te pasa? —preguntó él, haciéndola girar para que lo mirase y dándole unos golpecitos con un dedo en la frente.

Ella había estado callada mientras lo seguía por la casa, pero fue su falta de entusiasmo cuando él le enseñó a manejar su sofisticado sistema de entretenimiento lo que finalmente le hizo darse cuenta de que algo iba mal.

—Tengo miedo, Xav.

Su expresión se suavizó de inmediato y la estrechó entre sus brazos, frotándole la espalda con gesto tranquilizador.

—Te prometo que aquí estarás a salvo. Y solo será una hora, más o menos.

Lana se apartó de él.

—No, idiota. No tengo miedo por mí. Créeme, sé que aquí estoy segura. Este sitio tiene más cerraduras, alarmas y cámaras que el palacio de Buckingham. Me pregunto quién te da tanto miedo que intente entrar.

Consiguió sonreír y vio cómo él fruncía un poco los labios, indignado.

—No tiene nada de malo contar con un buen sistema de seguridad —refunfuñó.

—Eso lo dice el hombre que deja la puerta principal sin cerrar con llave mientras está arriba pintando —señaló Lana, recordando cómo él había dejado que entrara sin avisar.

—Eso es distinto —replicó él—. Estaba en casa.

La estudió con la mirada.

—Entonces, si aquí te sientes segura, ¿por qué tienes miedo?

—Porque no me gusta este disparatado plan de Ollie. No quiero que le pase nada… ni a ti. Acabo de recuperarte.

Los ojos verdes de Xav se clavaron en los de ella. Por fin lo había entendido.

—No va a pasarle nada a nadie. Te lo prometo. Ollie estará bien porque Bree estará conmigo, y yo no tengo que hacer otra cosa que comer. Le estás dando demasiadas vueltas.

—¿Ah, sí? Si Ollie tiene razón, es peligrosa, Xav. Si descubre que sabes que…

Su carcajada fue inesperada y un poco irritante.

—¿Qué crees que va a hacer? ¿Clavarme el tenedor?

Lana le dio un empujón en el hombro.

—Perdona por preocuparme.

—No lo hagas. Me parece muy tierno que lo hagas —le dijo Xav, sujetándole la mano y llevándosela a los labios.

Una tormenta de mariposas revoloteó en el vientre de Lana cuando él volvió a mirarla a los ojos, atento a su reacción mientras deslizaba lentamente la boca sobre sus nudillos.

Su irritación se desvaneció, pero aun así le lanzó una última pulla.

—Los dos sabemos que no tienes el mejor historial con las chicas.

Sonrió con picardía, retiró la mano y extendió un dedo para recorrer el puente de su nariz.

Xav sonrió y la atrajo hacia sí para besarla.

—Bueno, esperemos que Bree no tenga un bate de rounders escondido debajo de la mesa.

Estaba bromeando, quizá con la esperanza de aliviar la tensión de Lana, pero esta volvió a dispararse cuando él subió al coche, listo para acudir a su cita para comer.

—Cierra la puerta con llave —le recordó mientras bajaba la ventanilla—. Y recuerda que acabo de darle de comer al gato. No dejes que te haga sentir culpable para que le des algo más.

Lana lo vio marcharse y luego volvió a entrar en la casa. Giró la llave y echó el cerrojo, tal como él le había indicado.

Hector se había acomodado en el brazo de uno de los sofás y la observaba con indolente interés.

—Supongo que te toca aguantarme hasta que vuelva —le dijo mientras se acercaba para rascarle detrás de las orejas.

El gato lo toleró unos veinte segundos, quizá, antes de decidir que ya había tenido suficiente interacción. Saltó al suelo y volvió a subir las escaleras con paso tranquilo.

Lana lo observó alejarse, ya aburrida e inquieta.

Decidió prepararse un café, más por tener algo que hacer que porque le apeteciera realmente beberlo, y entró en la cocina impecable de Xav.

Revolvió los armarios en busca de tazas y luego averiguó cómo funcionaba su sofisticada cafetera.

Mientras esperaba a que se calentara el agua, miró por la ventana hacia el paisaje.

De verdad había elegido un lugar espectacular. Los árboles que rodeaban el jardín se abrían para dejar al descubierto unos campos que se extendían hasta el pueblo principal y la costa.

Algo que se movió cerca de la casa llamó su atención y parpadeó dos veces seguidas, convencida de haber visto una figura desplazándose entre los árboles.

¿Le estaba jugando una mala pasada la imaginación? La casa se encontraba en un lugar apartado, sin ninguna propiedad cerca. No había motivo para que nadie estuviera allí fuera.

La tensión le recorrió el cuerpo, aunque se dijo que estaba exagerando, y tomó aire profundamente mientras se ordenaba relajarse. Solo era un momento de paranoia por encontrarse sola en un lugar desconocido. Nada más.

El sonido de un motor al arrancar hizo que girase bruscamente la cabeza.

Lana se quedó mirando la puerta cerrada con llave. Nadie había llamado, así que ¿quién estaba allí?

Corrió de vuelta al salón y se dirigió a la ventana delantera más cercana. Apartó un poco la persiana justo a tiempo de ver el destello fugaz de la parte trasera de un coche antes de que desapareciera por completo detrás del seto.

Un coche negro, pensó, o quizá gris oscuro, aunque todo había ocurrido tan deprisa que no podía estar segura.

¿Quién se había detenido en la casa y qué quería? ¿Por qué se había marchado a toda velocidad?

Se acercó a otra ventana desde la que podía ver mejor el porche delantero, por si acaso había sido un repartidor que no se había molestado en llamar, pero no había nada en el escalón de entrada.

Quizá debería escribirle a Xav.

No. Estaba con Bree y no quería estropear nada.

De acuerdo, lo que acababa de ocurrir era un poco extraño, pero eso no significaba que estuviera pasando nada siniestro, y quienquiera que hubiese sido ya se había marchado. No había ocurrido nada malo.

Aun así, cuando volvió a terminar de preparar su bebida y luego se acomodó en uno de los sofás con su Kindle, no pudo librarse de la ominosa sensación de que algo no iba bien.