Capítulo 32
El sueño no llegaba y Lana no dejaba de darse la vuelta en la cama de matrimonio, intentando encontrar un lado fresco y una postura cómoda.
No ayudaba que la noche fuera bochornosa; a medida que avanzaban las horas, la temperatura y la humedad parecían subir en lugar de bajar. Pero esa no era la única razón.
Tenía la mente demasiado despierta mientras repasaba los acontecimientos recientes, intentando todavía asimilar que la prometida de su hermano podía haber sido quien trataba de matarla, además de procesar la noticia que Xav le había dado cuando la llamó.
Durante la primera etapa de su relación adolescente, cuando estaban obsesionados el uno con el otro, pasaban la mayoría de las noches al teléfono, normalmente hablando hasta que uno de los dos se quedaba dormido.
Pero aquella llamada había sido distinta.
Xav había llamado para asegurarse de que estaba bien y después le había confesado lo ocurrido con su hermano.
Se había puesto furiosa. No con Xav, que se culpaba a sí mismo, sino con su hermano, y había sentido náuseas al enterarse de que había golpeado a Trudy.
Fuera o no un accidente, ¿cómo se atrevía a comportarse así?
No había vuelto a casa, así que no tenía ni idea de adónde había ido después de que lo echaran del pub, y supuso que Elise estaba en su habitación. Eso era lo que le había dicho a Xav cuando él se lo preguntó, y él volvió a recordarle que cerrara con llave la puerta del dormitorio al acostarse.
Podría haber puesto fin a la llamada en ese momento, pero parecía tan reacio a colgar como Lana, y acabaron hablando mientras él conducía de regreso desde casa de Trudy y luego subía a su estudio. Como aún era temprano, le dijo que pensaba pintar.
—Llámame si me necesitas o si ocurre algo —le había insistido antes de que finalmente se desearan buenas noches, y ella creyó que lo decía de verdad.
Mientras todo lo demás se desmoronaba a su alrededor, su amistad con Xav era lo único que parecía haber vuelto a su cauce. Otra razón por la que ahora le costaba conciliar el sueño.
Sabía que las cosas nunca volverían a ser como antes. Pero eso no impedía que deseara lo que no podía tener.
***
El estruendo, cuando llegó, despertó sobresaltada a Lana y, durante una fracción de segundo, no recordó dónde estaba. Debía de haberse quedado dormida en algún momento, comprendió al recordarlo todo.
Tenía que haber sido Ollie quien había hecho aquel ruido. Probablemente estaba borracho y había tropezado con algo.
Miró el despertador y vio que eran casi las once de la noche.
Cuando volvió a acomodarse, molesta porque él la hubiera despertado, esperó a oír sus pasos en las escaleras. Al no escucharlos, empezó a darle vueltas al asunto. ¿Se habría hecho daño Ollie?
Por mucho que estuviera enfadada con él, seguía siendo su hermano. Apartó el edredón y salió de la cama. Ahora estaba completamente despierta y no conseguiría dormir mientras siguiera preocupada por él, así que bien podía ir a comprobar que estaba bien.
Se puso una camiseta grande y se dirigió a la puerta, preguntándose por un instante por qué no se abría. Al recordar por qué la había cerrado con llave, vaciló y miró el teléfono, que descansaba sobre la mesilla. Quizá debería llevárselo. Por si acaso.
Con el teléfono apretado en la mano, abrió la puerta y salió al descansillo a oscuras. Solo la recibió el silencio y, por primera vez, se le ocurrió de verdad que tal vez había soñado el ruido.
No. La había despertado y, sin duda, había procedido del interior de la casa.
Encendiendo las luces, incapaz de soportar la sensación ominosa que traía consigo la oscuridad, llegó hasta lo alto de las escaleras y se asomó por encima de la barandilla. De inmediato vio que la puerta principal estaba completamente abierta.
—¿Ollie?
No hubo respuesta y se le encogió un poco más el estómago.
De pronto ya no estaba tan convencida de que se tratara de su hermano.
Miró hacia el otro extremo del descansillo y la puerta de su antiguo dormitorio.
Estaba cerrada, pero eso no significaba que Elise se encontrara dentro.
No había reaccionado cuando Lana había llamado a Ollie, pero quizá tenía el sueño profundo.
Consciente de que su creciente inquietud se debía a que no sabía a qué se enfrentaba, Lana se acercó a grandes zancadas a la puerta y llamó con fuerza.
Quizá despertaría a Elise y la molestaría, pero ¿acaso suponía eso una gran pérdida? Aquella mujer ya la odiaba.
Esperó unos instantes y, al no obtener respuesta, volvió a llamar con los nudillos.
Nada. Si Elise estaba en la habitación, a esas alturas ya debería haberse despertado.
Lana miró el picaporte. Sabía que no era la idea más sensata, pero aun así cerró la mano sobre él.
Intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave, lo que sugería que Elise se encontraba dentro.
La única salida era por la ventana, pero eso implicaba bajar por el árbol que había fuera y, por alguna razón, Lana no se imaginaba a Elise haciendo algo así.
Volvió a lo alto de las escaleras, llamó de nuevo a Ollie y se puso a sopesar qué hacer cuando tampoco respondió.
Alguien había abierto la puerta. Podía haber sido Ollie o Elise, y eso la hacía reacia a llamar a la policía.
No tenía pruebas de que hubiera un intruso en la casa y, desde aquella distancia, no podía ver si la puerta había sido forzada.
Si resultaba ser una falsa alarma, les habría hecho perder el tiempo.
Estaba entrando en pánico por nada; estaba segura.
La inquietud que sentía se debía a todo lo demás que había ocurrido. De eso estaba segura.
Aun así, eso no le impidió ir a buscar un martillo a la caja de herramientas, que por suerte seguía en la habitación de su abuela, ni encender más luces antes de bajar las escaleras. No pasaba nada por ser precavida.
Aunque tuviera razón y Elise fuera la conductora, sin el coche no era más que una mujer. Lana estaba segura de que podría reducirla si la situación llegaba a convertirse en una pelea física.
Registró rápidamente el recibidor, echó un vistazo a la cocina y al salón y encendió las luces de ambas estancias antes de cerrar con llave la puerta principal.
—¿Ollie?
Era la tercera vez que lo llamaba y seguía sin obtener respuesta. Lana sabía que no podría volver a la cama hasta averiguar qué demonios estaba pasando. Se sentía demasiado intranquila; la tensión le anudaba los hombros y hacía que apretara con más fuerza el martillo y el teléfono.
Xav le había dicho que lo llamara si lo necesitaba. Había comentado que estaría trabajando, pero ¿y si había decidido dar la noche por terminada? No quería molestarlo por una tontería.
Otro estruendo la dejó clavada en el sitio y, durante un instante, estuvo a punto de quedarse sin aliento del miedo.
Parecía haber venido del garaje.
Ollie no se había llevado el coche, pero era posible que hubiera entrado en el garaje a buscar algo.
Le temblaban los dedos cuando marcó su número y se frustró al comprobar que la llamada iba directamente al buzón de voz.
Sin permitirse darle más vueltas, bajó hasta el nombre de Xav y pulsó el botón de llamada.
Él no la hizo esperar: respondió al tercer tono.
—¿Lana? ¿Estás bien?
De inmediato supo que había hecho bien en llamarlo. Sonaba completamente despierto y preocupado.
—Creo que hay alguien en la casa —soltó.
—¿Qué? ¿Has llamado a la policía?
—No sé si podría ser Ollie o Elise. Ollie no está aquí. Elise ha cerrado con llave la puerta de su dormitorio. Dios mío, ¿y si es Ollie y le ha pasado algo?
—Lana, habla más despacio. No se te entiende. Tómate un momento y respira, ¿vale?
Ella hizo lo que le pedía, molesta consigo misma por estar desmoronándose delante de él.
—Se ha oído un estruendo abajo —le explicó, intentándolo de nuevo, esta vez esforzándose por concentrarse en lo que decía—. Me ha despertado. Pensé que era Ollie al volver a casa, pero ahora ya no estoy tan segura.
—¿Y Elise está en la cama?
—No lo sé. Creo que sí. La puerta de su dormitorio está cerrada con llave, pero he llamado y he intentado despertarla. No ha respondido.
—¿Y dónde estás ahora?
—Abajo. Estoy en la cocina —su voz se redujo a un susurro—. Xav, la puerta principal estaba abierta. Estoy segura de que la había cerrado con llave.
Eso captó su atención.
—De acuerdo, voy a llamar a la policía. Sube y espera allí. Asegúrate de mantener la puerta del dormitorio cerrada con llave hasta que lleguen.
—Pero ¿y si es Ollie? ¿Y si le ha pasado algo? He vuelto a oír un ruido. En el garaje. Tengo que comprobar si es él.
—No, Lana, escúchame. Vuelve arriba y cierra con llave la puerta del dormitorio.
—Pero si yo...
El sonido repentino de una música que retumbaba contra las paredes la distrajo. Era aquella horrible basura de rap que a Ollie le gustaba escuchar y procedía del garaje. Unos instantes después, oyó arrancar un motor.
La voz de Xav sonó en su oído.
—Lana, háblame.
—Creo que es él.
—¿Quién? ¿Ollie? ¿Estás segura? ¿Lo has visto?
—Sale música del garaje.
—Había estado bebiendo, así que estoy bastante seguro de que no conducía.
Lana no lo estaba escuchando. Miraba la puerta que comunicaba con el garaje y ahora podía ver que la llave estaba puesta en la cerradura.
—¿Puedes subir, por favor? —suplicó Xav—. Si no lo has visto, no sabes con seguridad que sea él.
Por supuesto que lo era. Lana había entrado en pánico y ahora tenía preocupado a Xav.
Pero todo encajaba. Ollie había salido a beber, pero había vuelto y, en vez de irse a la cama, se había metido en el garaje para hacer el payaso con su coche.
No sería la primera vez que hacía algo así.
Recordaba que, cuando era más joven, sobre todo después de la muerte de Camille, pasaba mucho tiempo sentado en su coche, con la música a todo volumen.
Era su manera de sobrellevarlo, de tener un rato a solas.
Si estaba disgustado por lo que había ocurrido en el pub, querría desahogarse.
Por eso no había subido a acostarse. Solo tenía que asegurarse de que no pensaba ir a ninguna parte en coche.
Al comprender que había resuelto el misterio, la tensión abandonó su cuerpo.
—No pasa nada. Conozco a Ollie. Será él —le aseguró a Xav—. Perdona por haberte molestado.
—¡Lana! Ni se te ocurra colgar.
Entró en el garaje, vio que los faros estaban encendidos y apenas podía oír a Xav por encima del ronroneo de los motores.
Dos motores, comprendió.
El coche de Ollie estaba arrancado y la música sonaba a todo volumen, pero también estaba en marcha el viejo Mercedes de su abuela y, por lo que alcanzaba a ver, ambos vehículos estaban vacíos.
¿Qué demonios?
¿Dónde estaba Ollie?
Tal vez Xav tenía razón y debería volver arriba. Atrincherarse en el dormitorio y llamar a la policía. Algo raro estaba ocurriendo y empezaba a asustarla.
Retrocedió un paso y volvió a alargar la mano hacia el picaporte.
En ese momento, una figura vestida completamente de negro se interpuso ante ella con el brazo levantado.
Lana no tuvo tiempo de reaccionar. Apenas llegó a ver la tubería metálica antes de que le golpeara con fuerza el lateral de la cabeza. Su mundo se volvió negro antes de que su cuerpo tocara el suelo.