La casa de verano Capítulo 30
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Capítulo 30

Lana esperó al momento adecuado para acercarse a Elise.

La idea de disculparse con aquella mujer la sublevaba, pero Xav tenía razón. Necesitaban saber más de ella y la manera más sencilla de conseguirlo era intentar hacerse amiga suya.

A pesar del ultimátum de Elise, que exigía que uno de ellos se marchara, los tres seguían viviendo bajo el mismo techo, así que probablemente Ollie había conseguido calmar las aguas.

Aun así, el ambiente de la casa continuaba siendo gélido, pues Elise había decidido fingir que Lana no existía.

No le había dirigido la palabra desde que la acusara de llevarse el diario.

La disculpa, cuando llegara, iba a resultar difícil.

Antes de que Lana regresara a casa, ella y Xav ya habían averiguado por internet todo lo que habían podido, que no era gran cosa.

Elise Gladstone tenía treinta y tres años y, a juzgar por sus fotos en las redes sociales, le encantaban los zapatos.

Muchísimo. Su Instagram estaba lleno de fotografías de sus pies calzados con sandalias adornadas con pedrería, tacones de vértigo y botas de cuero.

También parecía preferir poner morritos a sonreír, pues en todas las fotos tenía la boca fruncida.

Parecía el culo de un gato, había observado Lana, quizá con cierta crueldad, aunque eso le había arrancado a Xav una risilla.

Google no les había contado mucho más. Ollie le había dicho a Lana que Elise era modelo y había algunas fotos suyas en internet, aunque parecían antiguas, lo que indicaba que por aquel entonces debía de ser joven.

Lana ignoró la idea de Xav de enviarle una solicitud de amistad en Facebook. Se rebajaría a disculparse, pero ni hablar de llegar tan lejos.

Desde que había vuelto a casa, había estado intercambiando muchos mensajes con él y, aunque la mayoría giraban en torno a Elise, de vez en cuando se colaba algún comentario o pregunta personal, lo que hacía que casi pareciera que habían vuelto a los viejos tiempos.

Por supuesto, no era así, y cuando se descubría sonriendo al oír el aviso de que había recibido otro mensaje, Lana tenía que recordarse que, por el momento, eran aliados, pero que aquella situación solo sería temporal.

¿Has hablado ya con ella?

Era la tercera vez que se lo preguntaba y su respuesta fue la misma.

Todavía no. Estoy esperando el momento adecuado.

Cuando llegó, la respuesta de Xav sonó algo más impaciente.

Han pasado veinticuatro horas, Lana. Sé que significa tragarte el orgullo, pero tienes que hacerlo de una vez.

Tenía razón, lo sabía. Pero eso no lo hacía más fácil. Dejó el teléfono sobre la mesilla y salió en busca de Elise.

La encontró en la cocina, con una coctelera en la mano. Las diversas botellas abiertas sobre la encimera indicaban que estaba preparando margaritas. Apenas era mediodía, pero a Elise no parecía importarle.

Para ganar tiempo, Lana fue a la nevera a por una botella de agua y después miró en dirección a Elise, deseando que se diera la vuelta. La mujer sabía que estaba en la habitación. Simplemente había decidido ignorarla.

Lana se aclaró la garganta y se tragó la irritación. Esperaba que Xav entendiera lo difícil que le resultaba aquello.

—¿Elise?

Como no obtuvo reacción alguna, lo intentó de nuevo.

—¿Elise? Quería saber si podíamos hablar un momento.

De nuevo pensó que la ignoraría, pero entonces Elise se volvió y le dirigió una mirada que consiguió situarse en algún punto entre el mal humor, la cautela y el aburrimiento. Como no dijo nada y se limitó a soltar un pequeño suspiro, Lana siguió adelante.

—Quería hablar de la otra noche, cuando entré en tu habitación… sin invitación. —La última palabra le chirrió, porque, técnicamente, aquella era su habitación, no la de Elise. Consiguió esbozar una sonrisa y esperó que no pareciera tan forzada como se sentía.

—¿Y qué pasa con eso?

—Me equivoqué. No debería haberte acusado de llevarte el diario y tampoco debería haber entrado sin preguntar. —A Lana le ardía la cara. La humillación del momento hacía que todo resultara más difícil de lo que había imaginado—. Lo siento.

Ya estaba. La disculpa había salido de sus labios. Esperó la reacción de Elise, deseando que su expresión fuera arrepentida o, al menos, neutra. Si Elise se daba cuenta de que no hablaba en serio, todo aquello habría sido una pérdida de tiempo.

Elise la estudió y resopló con desdén.

—No, no deberías haber entrado y no tenías derecho a acusarme. Fue muy desagradable.

—Lo siento —repitió Lana, sin saber qué más quería oír aquella mujer.

—Bueno, mientras te des cuenta de que te pasaste de la raya, supongo que esta vez te perdonaré.

En serio, ¿de dónde se había escapado aquella zorra?

Respira hondo, Lana.

Observó cómo Elise se llenaba la copa. Al cogerla, le dirigió a Lana una mirada displicente.

—¿Querías algo más?

Cualquiera que hubiera oído la conversación habría pensado que Lana era la criada.

Pensó en Xav, en Sebastian, que estaba en prisión, y en su hermana, cuyo asesino quizá siguiera en libertad, y se recordó que estaba haciendo aquello por ellos.

—En realidad, esperaba que pudiéramos empezar de cero. No hemos empezado con buen pie y vas a ser mi cuñada. ¿Podemos intentarlo de nuevo, por favor? Me gustaría que fuéramos amigas.

La mirada desdeñosa que le dirigió Elise hizo que Lana se pusiera en guardia y apretara los puños a los costados, molesta.

—Mira, no te ofendas, Lana, pero me caso con tu hermano, no con su familia. No me interesa especialmente tener ningún tipo de relación contigo. Nos marcharemos cuando termines de recoger la casa. Así que intentemos sacar el mejor partido posible de una mala situación y tolerémonos, ¿de acuerdo?

Como Lana no respondió, porque, sencillamente, ¿qué se suponía que debía decir?, Elise añadió con tono condescendiente:

—Está bien que hayas reconocido que te equivocaste. Me alegra que te des cuenta. Quizá puedas aprender de tu error.

Lana la observó salir al exterior mientras la rabia iba creciendo en su interior.

¿Quién coño se creía que era Elise?

Una parte de ella tuvo la tentación de seguirla y empujarla a la piscina, pero se contuvo. Aunque habría resultado satisfactorio durante un instante, sabía que no conseguiría nada.

En lugar de eso, se escabulló hacia las escaleras, con la intención de enviarle un mensaje a Xav para contarle cómo había salido su brillante idea.

Se había humillado sin motivo y ahora tendría que pasar el resto del tiempo en aquella casa con la repugnante mujer, que sin duda se lo echaría en cara.

Deberían haber seguido con su idea original de registrar las cosas de Elise.

Al llegar al descansillo, Lana miró hacia su antiguo dormitorio. La puerta estaba cerrada, pero sabía que ni Ollie ni Elise estaban dentro. Su hermano había ido a comprar comida y Elise acababa de salir.

Antes de que pudiera cambiar de opinión, Lana cruzó el descansillo, sabiendo que Xav lo desaprobaría, pero también que no les quedaban muchas opciones.

Había intentado actuar con civismo y se lo habían devuelto en las narices.

Ahora era el momento de hacer las cosas a su manera.

Por supuesto, si Elise la sorprendía fisgoneando, echaría por tierra la disculpa que acababa de obligarse a ofrecer, pero, dado que la mujer no estaba interesada en tener ningún tipo de relación con ella, ¿de verdad importaba?

Una vez dentro de su antiguo dormitorio, cerró la puerta y se acercó a la ventana. Intentó mantenerse entre las sombras mientras miraba hacia fuera y vio que Elise estaba en la piscina.

Como sabía que por el momento estaba a salvo, pero no quería perder tiempo, Lana fue directa al bolso de la mujer, que colgaba de un gancho en la parte posterior de la puerta.

Vació el contenido sobre la cama. Eran sobre todo productos de maquillaje y lo único interesante era el monedero.

Lana lo registró y encontró tarjetas de crédito que confirmaban la identidad de la mujer, además de un permiso de conducir que le indicaba que Elise podía conducir.

Estaba registrado en la dirección de Ollie.

Qué rapidez. Había un par de tarjetas de citas: una para una peluquería y otra para el dentista.

Ambas correspondían a establecimientos cercanos a su domicilio.

Y los compartimentos del dinero estaban vacíos, salvo por un par de recibos.

Uno era de la compra y el otro, de un desayuno en una cafetería.

Lana echó un vistazo a los detalles y se puso tensa al darse cuenta de que la fecha correspondía a la mañana posterior al atropello con fuga y que el establecimiento estaba en Sheringham.

Apenas unos kilómetros por la costa desde Salthouse.

Elise supuestamente había estado entonces en Norwich, pasando la noche en casa de una amiga. Así que ¿por qué había desayunado en Sheringham?

Lana necesitaba hacerle una foto al recibo.

Volvió a colocar todos los objetos tal como los había encontrado, salvo el recibo, y colgó de nuevo el bolso en la puerta. Después salió del dormitorio y fue a la habitación de Camille a buscar su teléfono.

Miró por la ventana y vio que Elise estaba ahora en su tumbona, con la bebida en la mano.

De vuelta en su antiguo dormitorio, Lana fotografió el recibo y luego lo devolvió al monedero. Se lo envió a Xav con un emoji de cara horrorizada y después registró los cajones de la mesilla.

No vio nada más de interés, pero lo comprobó todo de todos modos, solo para asegurarse.

Acababa de abrir su antiguo armario cuando el teléfono emitió el aviso de un mensaje de Xav.

¿Estás fisgoneando?

Escribió una respuesta a toda prisa.

Tu idea era una mierda, así que he optado por el plan B.

Me he disculpado y le he propuesto que fuéramos amigas, pero me ha rechazado.

Al parecer, se casa con mi hermano, no con su familia.

Acabo de encontrar este recibo en su monedero.

Se suponía que iba a quedarse con una amiga en Norwich, así que ¿por qué estaba en Sheringham?

Salvo ropa y un montón de zapatos inadecuados, no había mucho más que ver. Lana revisó los bolsillos de una chaqueta, pero estaban vacíos.

Estaba a punto de cerrar la puerta corredera cuando oyó una voz al otro lado.

¡Mierda!

Era Elise, pero Ollie seguía fuera, ¿no?

Lana miró a su alrededor, presa del pánico, en busca de un escondite. Estaba el baño, pero no tenía tiempo de cruzar la habitación. Tendría que ser el armario.

Lana se metió rápidamente dentro e intentó hacerse sitio entre la ropa. Estaba cerrando la puerta cuando Elise entró en la habitación.

—Me da igual. Prometiste que lo borrarías.

No obtuvo respuesta. ¿Con quién estaba hablando?

Había una rendija minúscula entre la puerta y la pared, y Lana mantuvo la mirada fija en ella. Vio fugazmente a Elise mientras recorría el dormitorio de un lado a otro, aparentemente alterada. Tenía el teléfono pegado a la oreja.

—Eso no es justo. He hecho exactamente lo que me pediste.

¿De qué estaría hablando?

Contuvo la respiración cuando la voz de Elise se acercó.

—¡Quiero que lo borres y quiero que lo hagas ahora mismo!

Mierda. ¿Iba a abrir la puerta del armario?

Pero entonces Elise se dio la vuelta y empezó a insultar a quienquiera que estuviese al otro lado de la llamada. Lana la vio lanzar el teléfono sobre la cama y, unos instantes después, desapareció de su campo de visión y solo quedó el silencio.

Lana esperó un par de segundos y luego abrió la puerta apenas un centímetro. Se relajó un poco al comprobar que Elise había salido de la habitación. La puerta del dormitorio estaba abierta. Lana decidió esperar otro minuto antes de escapar.

La visión del teléfono sobre la cama resultaba enormemente tentadora.

Elise lo llevaba siempre consigo y, si había algo que pudiera revelar sus secretos, sería aquel aparato.

Incluso el número de la persona con la que había estado hablando.

Sin embargo, era demasiado arriesgado y Lana no podía correr el riesgo de que Elise volviera.

No ahora que sabía que estaba en la casa.

Además, probablemente el teléfono estaría bloqueado.

El sonido del agua corriente volvió a ponerla tensa y comprendió que procedía del cuarto de baño.

Se había equivocado. Elise no se había marchado.

Joder.

Lana miró hacia la puerta del dormitorio. Si se daba prisa, podía conseguirlo.

Abrió un poco más la puerta del armario y asomó la cabeza. Podía oír que era la ducha lo que estaba funcionando. ¿Es que Elise ya se había metido?

Salió de su escondite con cautela y cerró con cuidado la puerta corredera tras de sí.

Solo tenía que cruzar la habitación, unos diez pasos. Necesitaba moverse deprisa.

Cuando volvió a mirar hacia el baño, el teléfono emitió el aviso de otro mensaje. El sonido fue demasiado fuerte.

Lana se quedó paralizada. Estaba segura de que Elise lo habría oído por encima del agua.

Muévete, joder.

—¿Nolly?

Lana salió disparada hacia la puerta del dormitorio, sin mirar atrás para comprobar si Elise había salido del baño. Cruzó cojeando el descansillo hasta la habitación de Camille y se encerró dentro a toda prisa. Esperó con el corazón desbocado.

¿La habría visto?

Tardó unos instantes en recuperar la respiración normal. Si Elise se había dado cuenta de que había estado en la habitación, no lo demostraba. Aun así, a Lana le temblaban los dedos cuando sacó el teléfono del bolsillo y abrió el último mensaje de Xav.

Ten cuidado, ¿vale?

Esbozó una sonrisa ante la ironía. Él no tenía ni idea de que su mensaje casi había hecho que la descubrieran.