La casa de verano Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Lana miró el taburete del tocador y dudó un momento antes de hacerle caso. Al mirarse al espejo, Camille se colocó detrás de ella y Lana examinó el reflejo de ambas. No le llegaba ni a la suela de los zapatos a su radiante hermana.

—Eres tan guapa... No me extraña que le gustes a Sebastian.

Los labios de Camille dibujaron una sonrisa complacida.

—Tú también eres guapa, Lana.

—No como tú.

—No, no eres como yo, pero sigues siendo guapa.

Cuando Lana sacudió la cabeza y empezó a apartar la mirada, Camille le sujetó la barbilla y se la volvió a subir. Le pasó los dedos por el pelo corto y oscuro.

—Te queda genial el estilo de Demi Moore y tienes unas facciones estupendas.

Solo hay que destacarlas. También los ojos.

—Mientras hablaba, giró el taburete para poner a Lana de cara a ella, cogió frascos de maquillaje y brochas, e iba dando suaves pinceladas sobre su rostro—.

Creo que deberíamos hacer algo sutil, dejar que tu belleza natural brille.

Lana no tenía ni idea de lo que Camille estaba haciendo, aunque se lo iba explicando a medida que trabajaba, pero estaba disfrutando de aquel momento a solas con su hermana mayor, hablando las dos tranquilamente. Nunca habían hecho nada parecido.

—¿Y bien? ¿Qué te parece? —preguntó finalmente Camille, volviendo a girar a Lana hacia el espejo.

Era su propio reflejo, pero de alguna manera se veía distinta. Los ojos más grandes, la piel con un brillo sutil, los labios algo más definidos. Se tocó la cara.

—Es chulísimo.

—Ahora todos los chicos te van a mirar.

—¿De verdad? —Lana no estaba tan segura, pero Camille parecía muy convencida.

—¿Seguro que no hay ninguno que te guste?

El rostro de Xav Landry acudió de inmediato a la cabeza de Lana: sus ojos de color verde oliva centelleando y su amplia sonrisa burlona mientras le tomaba el pelo; sintió que la cara le ardía bajo el maquillaje.

—Nop. Nadie.

Camille sonrió como si supiera la verdad, pero no insistió.

—Pues qué pena. Todo este maquillaje y nadie a quien impresionar. —Le cogió la mano, la hizo levantarse del taburete y la llevó hasta la fila de armarios. Sacó uno de sus vestidos y Lana arrugó la nariz.

—Eso es demasiado cursi.

—Vale, empezaremos despacio. Quítate la camiseta.

Lana obedeció, aunque protestó cuando, en lugar del vestido, le puso una blusa suelta de estilo boho, corta y con delicados tonos florales.

—Tú confía en mí.

Cinco minutos después llevaba puesta la blusa (aunque no le hacía gracia llevar el vientre al aire), un par de pendientes de aro y una gorra de estilo baker boy que no terminaba de convencerla; pero entonces Camille volvió a ponerla frente al espejo y Lana se quedó boquiabierta.

Se veía tan mayor y, si se atrevía a admitirlo, con un toque moderno y atrevido.

—Supongo que está bien —murmuró, sin querer dar a entender que le encantaba.

Seguía llevando el conjunto más tarde, cuando Ollie y Xav regresaron del fútbol. Aunque su hermano se burló de ella sin piedad, Xav se le quedó mirando fijamente al verla, abriendo mucho los ojos.

—Caramba, ¿qué te ha pasado?

—Ha estado jugando a disfrazarse —resopló Ollie.

Aunque Xav se rio y Lana se sonrojó, ella se lo tomó bien, sonriendo para sus adentros de pura dicha cuando, unos minutos después, miró a Xav de reojo y descubrió que la estaba observando.

Creía que su secreto estaba a salvo, pero cuando miró hacia donde su hermana estaba sentada en el sofá leyendo un libro, Camille alzó la vista con una sonrisa pícara y le guiñó un ojo.

***

Había muchísimos recuerdos bonitos de aquel verano, y Lana los achacaba al creciente encaprichamiento que sentía por Xav y a las tímidas señales de que tal vez ella también le gustaba a él.

Pero la cercanía con Camille también había influido mucho.

Las cosas, sin embargo, habían cambiado al año siguiente, y había hecho falta leer el diario de su hermana y rememorar aquellos últimos meses para darse cuenta de que algo no encajaba del todo.

Lana creía que seguían estando unidas, pero a decir verdad estaba demasiado absorta con Xav.

Habían empezado a quedar a solas de vez en cuando sin Ollie, a raíz de un viaje al cine en el que acabaron solo los dos porque Ollie se dio de baja a última hora por un virus estomacal.

Su amistad se fue convirtiendo poco a poco en algo más.

Camille y Seb llevaban saliendo un tiempo y Lana había dado por sentado que su hermana era feliz, pero tal vez se equivocaba.

Aquel último verano la puerta de Camille siempre estaba cerrada y pasaba mucho tiempo a solas en su habitación.

Durante las comidas se mostraba callada y meditabunda, y a menudo lucía una mirada distante y soñadora.

Y aunque antes solía ser de lo más cariñosa con Sebastian, había llegado un punto en que Lana raras veces los veía cogerse de la mano o abrazarse.

Por aquel entonces no le había dado mayor importancia, imaginando que simplemente su relación se había asentado, pero si G ya estaba en escena, aquello cambiaba todo el enfoque.

La casa de verano siempre había sido el lugar especial de Camille y Sebastian, pero si iba allí con Sebastian, ¿cuándo y dónde se veía con G? ¿Llegó a llevarlo allí alguna vez o tenían otro sitio?

Le pasó por la cabeza la idea de que tal vez los murmullos que había oído a altas horas de la noche no procedían de Sebastian. Lana había dado por hecho de forma natural que era él, pero quizás Camille se estaba viendo con ese misterioso G.

Salvo aquella última noche, claro. Lana se había despertado al oír voces. Su hermana y Sebastian. Sin duda era Seb, porque se había levantado de la cama y había mirado por la ventana; lo había visto cruzar el césped.

Eso era lo que les había contado a los agentes en su momento, y su declaración como testigo había tenido mucho peso en la condena de Sebastian.

Porque aquella noche era Sebastian quien estaba con Camille. Lo sabía, ¿verdad?

De pronto, ya no estaba tan segura.