La casa de verano Capítulo 8
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Capítulo 8

No se parece en nada a su hermana, al menos físicamente, pero está ahí, en los ademanes, en su postura, en la firmeza de su paso, en la forma de alzar la barbilla. Es una Hamilton y lleva consigo esa misma convicción pagada de sí misma de que es alguien especial.

Su inútil hermano es igual. Su abuela también lo era.

Sentada allí, en esa casa enorme alejada del pueblo, alardeando de su dinero e influencia ante todo el mundo mientras juzgaba desde la distancia.

Y esa zorra, Camille. Ella era la peor. Una ladrona, una mentirosa y una charlatana.

Me revolvía el estómago ver al pueblo llorar su muerte.

No tenían ni idea de que su adorada princesa no era tan dulce e inmaculada como intentaba aparentar.

¿Qué habrían pensado de ella si hubieran sabido la verdad?

¿Si se hubieran enterado de que, en realidad, era una guarra de poca monta con la moral de un gato callejero?

Hice que confesara, que se arrepintiera de sus pecados, que mostrara su verdadera cara antes de estrangularla hasta sacarle la vida.

Los Hamilton son una enfermedad e infectan a cualquiera a quien tocan; cuanto antes se libre de ellos este pueblo, mejor.