La Casa de las Hojas Muertas INTERLUDIO II FRAGMENTO DE LOS ARCHIVOS PERDIDOS
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INTERLUDIO II FRAGMENTO DE LOS ARCHIVOS PERDIDOS

Día Primero del Asedio - Año Trescientos Doce de la Era del Ocaso

Las campanas de Gandolír han callado.

Llevaban trescientos años marcando el alba, el crepúsculo y las vigilias nocturnas. Ahora solo queda el silencio.

El Mal ha cruzado la Muralla Exterior.

Conviene escribirlo sin eufemismos. La corrupción ya no es materia de debate filosófico ni de comentario erudito. Está en las calles. Se toca. Se huele. Hace temblar a hombres instruidos como si jamás hubieran leído un solo libro.

Los primeros infectados aparecieron en los barrios periféricos al amanecer. No gritaban de miedo. Gritaban de júbilo. Algunos reían. Otros cantaban. Sus movimientos no eran naturales; parecían guiados por una voluntad ajena.

He observado todo desde la ventana enrejada de mi scriptorium. Durante cincuenta años estudié la caída de reinos antiguos. Nunca pensé que acabaría contemplando la de mi propia ciudad con la misma distancia con la que uno examina un espécimen enfermo .

El Rey ha ordenado cerrar las puertas interiores que separan los distritos nobles de los contaminados. Lo ha hecho tarde. Los monarcas nunca escuchan a los eruditos hasta que el fuego ya alcanza la biblioteca.

Día Tercero del Asedio

Gandolír ha caído.

De los veinte mensajeros que enviamos en el primer día, solo uno regresó. Llegó sobre un caballo agotado, cubierto de espuma y sangre negra. El animal estaba infectado. El jinete había perdido la razón, pero su cuerpo aún recordaba el camino de vuelta.

Sus últimas palabras fueron estas:

“Las sombras caminan erguidas como si fueran hombres, los muertos sonríen mientras danzan sobre los cadáveres de los vivos, y Gandolír entera celebra su propia extinción como si fuera una festividad.”

Tramastar también ha caído. Si la fortaleza del sur no resistió, nada de lo que teníamos por sólido lo hará.

El viento trae cantos desde las regiones ya perdidas. No hablo en sentido figurado. He reconocido fragmentos de dialectos extintos, deformados hasta expresar algo que el lenguaje humano no fue hecho para contener.

En las calles se repite una frase, siempre la misma, susurrada por quienes conservan jirones de cordura:

“Ya vienen.”

He solicitado audiencia con Su Majestad para exigir la evacuación. Mi petición ha sido rechazada. Dicen que el Rey está indispuesto. La fórmula es cortés; el significado, simple: está paralizado por el miedo.

He pasado dieciocho horas en los Archivos Subterráneos comparando esta crisis con otras caídas registradas. La corrupción no avanza de forma caótica. Sigue un patrón.

He identificado tres fases.

La Primera Fase es la Infiltración Silenciosa. La oscuridad se filtra en el tejido social sin anunciarse. Toma primero a los de voluntad más débil. Luego los usa como vectores.

La Segunda Fase es el Colapso de las Defensas. No llega por asalto frontal, sino desde dentro. Los convertidos abren puertas, apagan fuegos vigía, envenenan pozos y vuelven inútiles las estructuras en las que confiábamos.

La Tercera Fase carece de nombre adecuado. Los textos antiguos apenas la describen. Después de cierto punto ya no queda civilización suficiente como para narrar su final con precisión.

Hemos entrado ya en la Segunda Fase.

Día Séptimo del Asedio

La Muralla Interior ha caído.

No fue derribada desde fuera. Fueron los propios guardias quienes retiraron los cerrojos y desmontaron las barricadas mientras cantaban himnos a la oscuridad.

Ahora esos mismos hombres atacan las puertas del palacio con arietes improvisados hechos con estatuas y monumentos arrancados de la ciudad. El sonido de los golpes se repite por los pasillos con una regularidad que desgasta el ánimo más que cualquier grito.

El palacio está lleno de un frío extraño. No es solo temperatura. Es ausencia de calor humano. Ausencia de futuro.

Los gritos que llegan del exterior no son de dolor. Son de rabia, de exaltación, de locura compartida.

El hedor es peor cada hora: muerte reciente, podredumbre vieja y algo más, algo que huele a tejido del mundo corrompiéndose desde dentro.

He intentado una vez más convencer al Rey de que huya. Se ha encerrado en la Sala del Trono con sus guardias leales y habla de honor con voz temblorosa .

Los reyes siempre creen que la dignidad sirve contra lo incomprensible. No es así. Esto no negocia. No respeta valentía, linaje ni sacrificio. Solo avanza.

Ya no se trata de preservar el reino. Solo queda una tarea racional: salvar vidas, salvar conocimiento y abandonar lo demás.

Día Noveno del Asedio - Entrada Terminal

Las fuerzas de la oscuridad han entrado en el palacio.

He preparado mi huida, aunque no espero sobrevivir. El Capitán Theron me escoltará. Con él vienen Mara, cuya hija murió el primer día, y Jorik, el joven escriba. Cuatro personas contra una ciudad perdida.

He sellado los documentos más importantes en un cofre de hierro grabado con símbolos de preservación. Si caigo, tal vez alguien lo encuentre y comprenda qué sucedió aquí.

Las sombras ya cubren las calles como aceite negro. Se extienden con hambre y con método.

Theron golpea mi puerta. Ha llegado la hora. Descenderemos por las escaleras ocultas que solo los archivistas más antiguos conocen.

Me tiemblan las manos al escribir esto.

Si sobrevivo, continuaré el registro.

Si no, que esta última advertencia permanezca:

La oscuridad no perdona. Solo consume .

Cuando termine con este reino, buscará el siguiente. Y luego otro. Y otro más.

El manuscrito termina abruptamente en este punto.

Las páginas subsiguientes se encuentran irreparablemente dañadas por exposición a humedad, fuego y sustancias no identificadas.

Manchas oscuras de composición química indeterminada, posiblemente sangre degradada, cubren cualquier texto adicional.

El destino del autor permanece desconocido.

Anotación del Archivista Moderno: Este documento fue recuperado durante excavaciones en las ruinas de la Torre Occidental del reino perdido de Kor’Vethis.

La datación por métodos cronológicos del Archivo sugiere una antigüedad de trescientos años.

El contexto histórico sigue siendo fragmentario, dado que no se han localizado otros registros contemporáneos completos.

Tratamiento de preservación completado según los protocolos de preservación del Archivo. Documento almacenado en Bóveda de Seguridad Máxima, Sección VII, Ala de Manuscritos Apocalípticos, con acceso restringido a personal autorizado.

Clasificación Administrativa: PRIORIDAD MÁXIMA - RELEVANCIA PARA SITUACIÓN ACTUAL EXTREMADAMENTE ELEVADA

Fin del Interludio II