INTERLUDIO I LA RUPTURA DEL FIRMAMENTO
Fragmento recuperado de los Archivos Centrales de la Torre de Observación Celeste.
Texto escrito en tinta plateada sobre pergamino tratado con polvo de estrellas, tradición reservada para eventos astronómicos de importancia crítica.
Atribuido al Maestro Observador Celestial de la Orden de los Cartógrafos del Cielo, identidad borrada deliberadamente según protocolo de archivo.
Datación: Año Cero de la Era del Ocaso, treinta años antes de la Caída de Gandolír.
Noche del Primer Desgarro
Esta noche he presenciado el fin del mundo tal como lo conocemos, y sin embargo el sol volverá a salir mañana, indiferente a nuestra ruina.
Mi aprendiz Sael ha bajado a la ciudad a cenar con su familia. Le dije que volviera antes de la medianoche. Lleva tres horas de retraso. He dejado la lámpara encendida en la ventana de la torre para que encuentre el camino de vuelta.
Las estrellas han comenzado a desaparecer.
No de manera gradual como sucede al amanecer cuando la luz del sol las oculta, sino súbitamente, como velas apagadas por un aliento invisible.
Primero fue una. Luego tres más. Luego docenas.
Ahora centenares de puntos de luz que han permanecido inmutables desde que los primeros observadores comenzaron a cartografiar los cielos hace mil años simplemente ya no están.
He verificado los mapas celestes tres veces. He enviado cuervos mensajeros a mis colegas en las torres orientales. Todos confirman lo mismo: las constelaciones que definían nuestro firmamento están siendo borradas como tinta lavada de un pergamino mojado.
La Dama de Invierno ha perdido su brazo derecho. El Cazador ya no tiene arco. El Dragón del Norte carece de cabeza. Nuestro cielo está siendo mutilado.
Medianoche
Sael no ha vuelto. La lámpara sigue encendida.
Acabo de presenciar algo que ningún tratado astronómico ha descrito jamás, algo que desafía toda comprensión de cómo funciona el cosmos.
El cielo se ha rasgado.
No empleo metáfora. El firmamento mismo, esa bóveda oscura sobre nuestras cabezas que considerábamos inmutable, se ha abierto como tela desgarrada por garras invisibles. Una herida atraviesa la oscuridad de horizonte a horizonte, una cicatriz negra recorre el firmamento.
En la ciudad abajo, las campanas de alarma comienzan a repicar.
Ya vienen. Esas palabras aparecen en mi mente sin que sepa por qué las pienso, sin comprender su origen. Ya vienen.
Primera Hora de la Madrugada
He enviado mensajeros urgentes al Consejo Real con advertencia de catástrofe inminente. He sellado copias de mis observaciones en cofres protegidos. He ordenado que todos los aprendices evacuen la torre y regresen con sus familias.
Porque ahora lo comprendo con claridad terrible: esto es el principio del fin.
Durante décadas hemos debatido en abstracto sobre el equilibrio entre luz y oscuridad, bien y mal, orden y caos. Hemos filosofado cómodamente sobre fuerzas cósmicas desde la seguridad de nuestras bibliotecas, convencidos de que estos eran meros conceptos para debate académico.
Estuvimos ciegos.
El equilibrio que mantenía las fuerzas primordiales separadas se ha roto. Esa herida en el cielo no es un fenómeno natural, es el momento en que aquello que debía permanecer fuera encuentra un camino hacia dentro.
Las estrellas no han desaparecido por accidente astronómico. Han sido consumidas. Devoradas por algo que ahora dirige su atención hambrienta hacia nuestro mundo.
Tercera Hora - Última Entrada
La lluvia ha comenzado, pero no es agua lo que cae del cielo rasgado.
Son fragmentos. Esquirlas de algo que brilla con luz propia, cayendo como nieve hecha de estrellas rotas. Donde tocan el suelo, la tierra misma se corrompe, ennegreciéndose como carne gangrenada. Los árboles se marchitan. Los animales huyen aullando.
He observado uno de estos fragmentos caer cerca de la torre. Se ha hundido en la tierra dejando un círculo de corrupción que se expande lentamente, centímetro a centímetro, devorando todo lo que toca.
No son meteoros. Son semillas de infección.
El mal se propaga como una enfermedad contagiosa que infecta célula por célula: primero contamina un punto, ese foco crece alimentándose de lo que lo rodea hasta formar un quiste de corrupción.
Cuando alcanza masa suficiente, explota hacia afuera buscando carne limpia que infectar.
He contado ya siete focos prosperando en la ciudad.
Zonas enteras donde la corrupción ha arraigado y ahora se expande hacia los barrios circundantes como la gangrena devorando un cuerpo desde múltiples heridas.
Lo veo ahora con claridad brutal: la caída de las estrellas no es el fin en sí mismo, sino el preludio.
Estamos siendo preparados. Ablandados. Infectados desde arriba antes de que llegue la verdadera invasión.
He intentado contactar con las otras torres. Los cuervos que envié no han regresado. Las hogueras de señales permanecen apagadas. O sus guardianes han huido, o algo peor ha sucedido.
La herida en el cielo se ensancha. Su luz púrpura ilumina la ciudad con un resplandor enfermizo que hace que las sombras se muevan de manera equivocada, estirándose hacia direcciones donde no debería haber luz que las proyecte.
Desde mi posición elevada puedo ver la plaza central de la ciudad.
La gente ha salido de sus casas, mirando hacia arriba con rostros iluminados por esa luz corrupta.
Algunos están de rodillas, pero no rezan.
Ríen. Otros se atacan entre sí con manos desnudas, desgarrando carne con dientes y uñas mientras sonríen.
Una mujer baila sobre el cuerpo de lo que podría haber sido su esposo.
Un grupo arrastra a un niño hacia uno de los círculos de corrupción, celebrando.
He buscado a Sael entre ellos. No le he encontrado. No sé si eso es bueno o malo.
Ya ha comenzado. La locura. La pérdida de todo aquello que nos hace humanos. El sadismo puro liberado de toda restricción moral.
Amanecer
El sol ha salido, pero su luz parece débil comparada con el resplandor púrpura que persiste en el cielo rasgado. La herida permanece abierta incluso bajo luz diurna, una cicatriz visible contra el azul pálido de la mañana.
He contado las estrellas que faltan en mis mapas. Más de tres mil han desaparecido durante la noche.
¿Cuántas noches más tenemos antes de que el cielo quede completamente vacío? ¿Cuánto tiempo antes de que esa herida se abra lo suficiente para que pase aquello que aguarda ?
La civilización que construimos durante siglos está llegando a su término. No por guerra entre reinos, ni por plaga, ni por hambre, sino porque algo desde más allá de nuestro mundo ha decidido que es hora de alimentarse.
Continúo mis observaciones porque es lo único que sé hacer. Porque alguien debe documentar el fin. Porque quizás, en algún futuro distante, después de que todo esto termine, alguien encontrará estos registros y comprenderá qué sucedió aquí.
Aprenderán de nuestra ceguera. De nuestra arrogancia. De nuestro fracaso en ver las señales hasta que fue demasiado tarde.
El firmamento está roto. La oscuridad desciende. Y nosotros, que nos considerábamos maestros del conocimiento y la razón, nos encontramos tan indefensos como niños ante la tormenta.
Que los dioses que ya no nos escuchan tengan piedad de lo que viene.
Las entradas subsiguientes en este documento degeneran progresivamente en texto ilegible, las palabras volviéndose cada vez más erráticas y desorganizadas.
La última página contiene únicamente la frase “Ya están aquí” repetida trescientas veces en caligrafía cada vez más temblorosa.
El autor nunca fue identificado, y la Torre de Observación Celeste fue encontrada completamente abandonada tres semanas después de la fecha de esta última entrada.
Clasificación: DOCUMENTO FUNDACIONAL - TESTIMONIO DEL EVENTO CATACLÍSMICO INICIAL - PRIORIDAD HISTÓRICA MÁXIMA
Fin del Interludio I