La cara que faltaba (Los misterios de Valdebrisco 1) Capítulo 12 — La cara que faltaba
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Capítulo 12 — La cara que faltaba

La cara que faltaba

La Guardia Civil llegó a la hospedería a las ocho y veinte.

Inés lo supo porque Leonor entró en el taller a las ocho y veintisiete.

—Han vuelto.

Inés siguió colocando una fotografía dentro de una funda.

—Buenos días.

—Con dos coches.

—Buenos días, Leonor.

—Y Núñez lleva una carpeta.

Inés terminó de cerrar la funda.

—¿Quieres café?

Leonor la miró como si acabara de ofrecerle agua durante un incendio.

—Están registrando la hospedería.

Inés dejó la funda sobre la mesa.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque he pasado por allí.

—Claro.

—De camino al cementerio.

—El cementerio está en la otra dirección.

Leonor dejó el bolso sobre una silla.

—He cambiado de opinión.

Inés no preguntó sobre qué.

Había dormido poco.

La noche anterior había tenido la tentación de escribir a Darío dos veces. No lo hizo. Él sabía lo que estaba haciendo y, si necesitaba algo, llamaría.

A las siete y media había abierto el taller.

A las siete y cuarenta había encendido el radiador.

A las siete y cincuenta Anselmo había aparecido, comido lo que Inés había preparado y vuelto a salir.

Todo en orden.

O casi.

—¿Jacobo está allí? —preguntó.

—Sí.

—Entonces déjalo.

—No estoy haciendo nada.

Inés miró el abrigo de Leonor.

Tenía pequeñas gotas de agua en los hombros.

—Has estado veinte minutos bajo la lluvia mirando una puerta.

—No era lluvia. Era niebla.

—Vuelve a la tienda.

Leonor cogió el bolso.

—Si te llaman, me lo dices.

—No.

—Ya veremos.

Salió.

Inés esperó a que cruzara la calle.

Después miró el móvil.

Nada.

Volvió al trabajo.

Duró once minutos.

El teléfono vibró.

Darío.

—¿Sí?

—Necesito que venga.

Inés ya tenía la chaqueta en la mano cuando preguntó:

—¿A la hospedería?

—Sí.

—¿Habéis encontrado algo?

La demora antes de responder bastó.

—Venga.

La puerta principal de la hospedería estaba cerrada.

Un cartel escrito a mano informaba de que el comedor no abriría aquella mañana por un problema técnico.

Leonor habría tenido algo que decir sobre aquella elección de palabras.

Núñez esperaba dentro.

—Por aquí.

No había huéspedes en las zonas comunes. Dos empleados estaban en el comedor hablando en voz baja. Uno miró a Inés al pasar.

La zona de servicio olía a café, detergente y comida del día anterior.

Darío estaba junto a una puerta abierta.

Jacobo también.

No llevaba chaleco ni ropa de trabajo. Tenía un jersey gris y el rostro agotado.

Al ver a Inés frunció el ceño.

—¿Ella qué hace aquí?

Darío respondió:

—Necesito que identifique material.

—Es mi casa.

—Y estamos aquí con autorización judicial.

Jacobo miró a Inés.

Ella no intentó sostenerle la mirada.

No había ido a ganar ninguna discusión.

Darío le hizo una seña.

—Venga.

Atravesaron una pequeña despensa.

Al fondo había un armario alto de madera reciente. Lo habían desplazado unos centímetros de la pared.

Detrás aparecía una abertura rectangular, parcialmente cerrada por un panel.

Inés recordó el plano.

El antiguo despacho.

—Durante la reforma dejaron este hueco como acceso a una instalación —explicó Darío—. Detrás queda parte de la pared anterior.

Jacobo permaneció en la puerta.

—Ya os he dicho que ahí no hay nada.

Núñez retiró el panel.

El espacio no llegaba a formar una habitación. Era un tramo estrecho entre dos paredes, lleno de tuberías nuevas y restos de obra.

También había una caja.

Cartón gris.

No era grande.

Inés la reconoció antes de acercarse.

No por el color.

Por la etiqueta.

B-14. COOPERATIVA. 1968–1974.

Nadie habló.

Jacobo cerró los ojos.

Solo un instante.

Darío no miró a Inés.

—¿Es la caja que faltaba del archivo?

Ella se acercó lo suficiente para leer.

—Sí.

—¿Está segura?

—La numeración y la descripción coinciden. Tendría que revisar el contenido para saber si es la misma caja física, pero Félix utilizaba ese modelo y esa etiqueta es suya.

Darío asintió.

Núñez fotografió la posición antes de tocar nada.

Jacobo seguía junto a la puerta.

—No sé cómo ha llegado ahí.

Inés sintió una tristeza seca.

No sorpresa.

Darío tampoco reaccionó.

—Se lo preguntaremos después.

—Estoy diciendo que no lo sé.

—Lo he oído.

Núñez extrajo la caja con guantes.

Dentro había carpetas.

Un libro de cuentas.

Sobres.

Papeles sueltos.

Y un espacio vacío donde algo había sido retirado.

Inés observó desde lejos.

—¿Puedo ver las etiquetas?

Núñez levantó una carpeta.

ANTICIPOS / JUSTIFICANTES.

Otra.

LIQUIDACIÓN.

Una tercera.

CORRESPONDENCIA.

Darío señaló la primera.

—Ábrala.

Núñez retiró el cierre.

Había cinco hojas.

—El inventario de 1995 decía seis folios —dijo Inés.

Darío miró la copia carbón que llevaba en una funda aparte.

—Tenemos parte del sexto.

Núñez colocó ambos documentos próximos sin que se tocaran.

El borde roto coincidía con la secuencia de texto.

No era una reconstrucción perfecta.

Bastaba para saber de dónde había salido.

Jacobo respiró hondo.

—Eso no demuestra que yo quitara nada.

Darío se volvió hacia él.

—De momento demuestra que documentación desaparecida del archivo está escondida detrás de un armario de su propiedad.

—La casa era de mi abuelo.

—El armario tiene cuatro años.

Jacobo no contestó.

Inés miró hacia Darío.

Aquello no parecía una observación improvisada.

Lo habían comprobado antes de entrar.

Núñez siguió revisando.

En el fondo de la caja apareció una carpeta plástica moderna.

Demasiado moderna.

No tenía etiqueta de Félix.

Darío se acercó.

Dentro había varias fotocopias.

Una era la declaración de Isabel de abril de 1973.

Otra, el acta donde la junta cerraba la revisión sin determinar responsabilidades.

Una tercera reproducía uno de los justificantes relacionados con Eusebio.

Y otra era un documento que Inés no había visto.

Núñez leyó el encabezamiento.

—“Relación de aportaciones extraordinarias y anticipos”.

Darío pidió que lo dejara sobre una superficie limpia.

La fecha era de 1974.

Varias cantidades aparecían asociadas a iniciales.

E.R.

Una cifra mucho mayor figuraba al final.

Junto a ella había una nota manuscrita posterior:

Regularizado mediante cesión.

—¿Cesión de qué? —preguntó Inés.

Darío señaló otro documento.

Una referencia catastral antigua.

El almacén.

Parte del terreno que después compró Eusebio.

Inés entendió la dirección antes que los detalles.

—¿Pagó la parcela con dinero que debía a la cooperativa?

Darío negó.

—No sabemos eso todavía.

Jacobo soltó una risa áspera.

—Pues parece que todo el mundo lo ha decidido ya.

Darío se volvió hacia él.

—No. Precisamente llevamos una semana evitando decidir antes de tener los documentos.

Jacobo señaló la caja.

—Ahí los tenéis.

—Sí.

—Entonces miradlos.

—Eso haremos.

Darío no levantó la voz.

No necesitaba hacerlo.

—También vamos a comprobar quién sacó esta caja del archivo y cuándo.

Jacobo se apoyó en el marco de la puerta.

—Ya os he dicho que yo no fui.

Núñez sacó algo de entre las carpetas.

Una hoja pequeña.

A diferencia del resto, era una hoja reciente de papel blanco.

La letra era de Félix.

Inés la reconoció.

Había escrito cuatro líneas.

Eusebio: anticipos sin justificar.

Cesión posterior de bienes.

Revisar documento original antes de hablar con J.

Debajo:

Caja movida otra vez.

Y una fecha.

El viernes anterior a su muerte.

Jacobo dejó de mirar la caja.

Darío leyó la nota.

Después la dejó donde estaba.

—¿Quién es J.? —preguntó Jacobo.

Darío lo miró.

—Eso también lo averiguaremos.

Ninguno de los presentes necesitaba demasiado esfuerzo para hacerlo.

Inés salió de la despensa media hora después.

No la necesitaban para el resto del registro.

Darío le pidió que esperara en el comedor.

Jacobo permaneció con ellos.

Inés se sentó junto a una ventana.

En la plaza pequeña frente a la hospedería no había nadie.

La noticia tardaría poco.

Había aprendido a medir el tiempo de Valdebrisco.

Quizá quince minutos.

Veinte si Leonor estaba ocupada.

Sacó el móvil.

No llamó a nadie.

Cinco minutos después apareció Núñez.

—¿Quiere café?

Inés señaló la cafetera con la mirada.

—¿Esto es una prueba?

—Es una cafetera.

—Entonces sí.

Núñez preparó dos.

Se sentó frente a ella.

Hasta entonces, Inés apenas había hablado con Núñez fuera de una declaración.

—¿Cuánto tiempo lleva trabajando con Darío?

Núñez sonrió.

—Lo suficiente.

—Respuesta de Guardia Civil.

—Se contagia.

Bebieron.

—¿La caja basta? —preguntó Inés.

Núñez dejó la taza.

—No me corresponde decir eso.

—También se contagia rápido.

—Pero ayuda mucho.

Inés miró hacia la puerta de servicio.

—Jacobo pudo ponerla ahí después de encontrarla en casa de su abuelo.

—Podría.

—Darío estaría orgulloso.

Núñez sonrió.

—También tendría que explicar por qué estaba en el archivo hace pocos días y ahora está aquí.

—¿Podéis demostrar que estaba en el archivo?

—Hay fotografías de la primera inspección documental que Félix hizo en septiembre. La caja aparece en una estantería.

Eso era nuevo.

—Entonces sí.

—Entonces estaba allí en septiembre.

Núñez bebió café.

—Y ahora está aquí.

Inés no necesitaba más.

Todavía quedaba mucho espacio entre ambas cosas.

Pero ese espacio era más pequeño.

Darío apareció poco antes de las once.

—Quiero que escuche una cosa.

Inés dejó la taza.

—¿Dónde?

—Aquí.

—¿Con Jacobo?

—Sí.

Ella dudó.

—¿Por qué yo?

—Porque parte de lo que vamos a preguntarle se refiere a Félix y al archivo. Si escucha algo que sea materialmente imposible o no encaje con una costumbre que conozca, me lo dice después. No intervenga salvo que se lo pida.

—Eso parece peligrosamente parecido a confiar en mí.

—No exagere.

Entraron en una pequeña sala junto a recepción.

Jacobo estaba sentado.

No esposado.

Tenía delante un vaso de agua que no había tocado.

Núñez se quedó junto a la pared.

Darío se sentó frente a él.

Inés eligió una silla lateral.

Jacobo la miró.

—Esto es absurdo.

Darío abrió la libreta.

—Vamos a intentarlo otra vez desde la noche en que murió Félix.

—Ya os lo he contado.

—Ahora tenemos más información.

Jacobo apretó las manos.

—Salí a caminar.

—¿A qué hora?

—Sobre las diez.

—¿Por qué dejó abierta la puerta lateral?

—Porque no llevaba la llave.

—¿Adónde fue?

—Por el pueblo.

—Ayer dijo que hacia la carretera.

—Fui hacia allí.

—No aparece en ninguna de las imágenes de la cámara de acceso.

—No llegaría hasta la cámara.