La candidata perfecta Chapter 24 #3
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Chapter 24 #3

Abandonó la agencia casi tres cuartos de hora más tarde, con horarios de vuelos, itinerarios y una amplia oferta de lugares que visitar en la zona.

Y lo más importante, con un folleto del valle de Glenbràith que guardó en el bolso con intención de hojear al llegar a casa.

Pero no lo hizo. En cuanto cruzó el umbral regresaron los calambres, las náuseas y el malestar.

Se preparó una manzanilla, se tomó un analgésico y una benzodiazepina y, sin ganas de nada, se metió en la cama.

Nadie sabe la fuerza de voluntad ni la capacidad de resistencia que posee hasta que una situación límite lo empuja a ponerlas a prueba.

Al día siguiente, a fuerza de pura cabezonería, se obligó a desoír las voces que le pedían quedarse en la cama.

Ignoró calambres, náuseas y toda la batería de excusas que su cuerpo y su mente fabricaron y acudió a la universidad.

Pese a las ganas de volver a casa y esconderse bajo las sábanas, resistió la tentación.

Fue un acierto. A partir de ese día, todo resultó un poco más fácil.

Volcó en el trabajo la poca fuerza vital que le quedaba.

Ya no se limitaba a catalogar, también cargaba las cajas del almacén y las llevaba hasta su despacho para clasificarlas.

Tras maratonianas jornadas de doce horas, acababa tan cansada que, cuando llegaba a casa, caía rendida en la cama.

Sus sueños estaban plagados tanto de amargas pesadillas donde sombras oscuras arrancaban a Calen de sus brazos, como de dulces ensoñaciones en las que él vivía y caminaban juntos por un inmenso prado, cogidos de la mano.

Así consiguió resistir toda la semana. Poco imaginaba la vorágine que traería consigo la siguiente.

Sobrevivió al fin de semana como buenamente pudo.

El sábado lo dedicó a redactar el informe que elaboraba todos los meses y que entregaba al director para que, a su vez, lo remitiera al benefactor de la colección.

En dicho documento detallaba los objetos añadidos a la exposición, su estado y las medidas adoptadas para su preservación.

Informaba de aquellos que había decidido no incluir por estar en un estado más delicado y, si era el caso, de los desestimados definitivamente.

También registraba cualquier otra incidencia o información relevante sobre la colección.

Le gustaba ser minuciosa. Sabía que el informe acabaría en manos del propietario, y quería que quedara constancia de que todas las piezas se estaban tratando con sumo cuidado.

Cuando lo terminó, se sintió orgullosa de que, aunque le había costado el doble de lo habitual, hubiera sido capaz de hacerlo.

Imprimió la copia en papel para el director y, al ir a meter el portafolios al bolso, encontró el folleto de la agencia de viajes.

No había vuelto a acordarse de él. Se sentó y lo desplegó para ojearlo.

En la parte de la izquierda del tríptico se podía leer un breve resumen de la historia de la zona:

Al norte de Escocia, en el corazón de las Tierras Altas, se encuentra una región de sobrecogedora belleza y rico pasado: el valle de Glenbràith, hogar de uno de los clanes más antiguos de Escocia, el Clan Callaghan.

Se le erizó el vello solo de leer el apellido.

Se dice que, en un tiempo lejano, este hermoso valle era visitado con frecuencia por los antiguos dioses celtas. Las leyendas locales aún hablan de pactos sellados con fuerzas que escapan a la razón.

«Me lo dices o me lo cuentas», susurró Isabel, mientras pasaba al siguiente párrafo.

Zona de paisajes espectaculares: colinas cubiertas de pastos verdes, bosques milenarios, senderos solitarios y vistas de postal hacia el lago Loch Bràith.

La parte central del tríptico la ocupaba un mapa de la zona con pequeños apuntes geográficos: curso del río Tay, ciudades próximas…

En la parte de la derecha del folleto se podía leer: Qué ver y hacer en la zona. Hablaba de la gastronomía, las rutas de senderismo, las excursiones, los lugares que visitar… Pero hubo algo que llamó la atención de Isabel sobre todo lo demás. La primera de las sugerencias:

Visita a la Mansión Callaghan : aún en manos de la familia. Los martes y jueves, de 16:00 a 18:00 h, la mansión abre sus jardines y parte del castillo, cuyo origen se remonta al siglo XII, al público. Un paseo por sus estancias permite adentrarse en siglos de historia y tradición escocesa.

¿Era posible que el castillo siguiera en pie, que se hubiera conservado hasta nuestros días? Solo por eso, pensó, merecía la pena plantearse un futuro viaje a Escocia.

Lo plegó, como el tesoro que era y lo guardó en el cajón de las cosas especiales. Esa noche soñó con verdes prados, bruma y sonidos del bosque.

El domingo lo pasó arrebujada en el sofá, empapuzándose de palomitas de maíz y dando buena cuenta de una caja completa de bombones, mientras fingía ver película tras película en Netflix, aunque no habría sabido resumir ninguna de ellas.

Su cabeza no dejaba de repetir: ¿Será verdad que sigue habiendo Callaghan en el castillo o será un simple reclamo publicitario?

He conseguido este folleto turísico del valle de Glenbràith para ti.

Te vendrá muy bien si alguna vez decides visitar a los Callaghan.

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