Chapter 12 #2
Lethan era algo que daba por hecho y ocupaba los minutos en hacer balance de su fantástico viaje y de todas las cosas que había aprendido y descubierto, y que se llevaría con él.
Calen seguía sin dar crédito a todo el cúmulo de casualidades que lo habían conducido hasta allí y que, de la misma manera, ahora se lo iban a llevar después de haberle mostrado todo lo que pudo haber sido y no sería.
Incluso consideró la idea de que la mano de Vadala estuviera detrás de todo ello.
Igual ella había sabido desde el principio que su escapada no tenía ningún futuro y que terminaría en fracaso por causas ajenas a él, con lo que ella conseguiría un nuevo siervo.
Los últimos cuatro años habían estado llenos de rumores sobre las negociaciones que se estaban llevando a cabo entre los Guardianes de Escocia y la corona inglesa, pero solo eran eso, rumores, más o menos creíbles según de dónde procedieran.
Después de revisar los acontecimientos de las semanas previas a su viaje al futuro, llegó a la conclusión de que no hubo nada en ellas que ayudara a presagiar que el acuerdo estaba tan cerca de materializarse.
—¿A qué pacto habrán llegado que, después de tanto tiempo, ha contentado a todos y les ha hecho descartar al resto de candidatos y decidirse al fin por ella?
Calen formuló la cuestión sin dirigirse a nadie en particular.
Más bien parecía que se le hubiera escapado uno de sus pensamientos y, en realidad, siguiera hablando consigo mismo.
Lo más seguro es que fuera una pregunta retórica para la que no esperaba respuesta.
Pero Isabel se levantó como si la voz de Calen hubiera activado un resorte.
Tomó su móvil de encima de la mesa y volvió a dejarse caer sobre el sofá al tiempo que decía:
—Ahora mismo te lo voy a decir yo.
Calen negó con su dedo índice levantado.
—No, ni hablar. Tenemos un trato. Nada de husmear el pasado en ese chisme.
Isabel levantó la vista del móvil el tiempo justo de decir:
—Las normas han cambiado. Ante hechos extraordinarios, medidas extraordinarias.
Y sin más, bajó la mirada y siguió tecleando. Un segundo después de pulsar sobre la lupa de Google, la pantalla se volvió oscura y al instante se llenó de información.
Isabel leyó de carrerilla la parte que ya conocían y se detuvo para leer con calma la pieza del puzle que les faltaba.
— El 18 de julio de 1290, se firma el Tratado de Birgham que establece que Margarita será reconocida como reina.
Que su matrimonio con el príncipe Eduardo no implicará la unión política de Escocia e Inglaterra.
Y que Escocia mantendrá sus leyes, parlamento y libertades.
En cuanto se firmó el tratado, se organizó la escolta y la flota que la trasladaría de Noruega a Escocia.
Y comenzaron los preparativos para la coronación, prevista para finales de septiembre o principios de octubre, en la abadía de Scone.
Lethan bufó en cuanto Isabel terminó de leer.
—Al final el inglés les ha engatusado. No tiene ninguna intención de cumplir su palabra. Tarde o temprano se saldrá con la suya y borrará a Escocia del mapa.
—Eso ya no importa —atajó Calen, al ver que su hermano se desviaba de la cuestión principal—. Sea lo que sea lo que han pactado, no va a suceder.
—De momento —añadió por lo bajo Lethan, incapaz de disimular su animadversión hacia el rey inglés.
Calen se puso serio.
—¡Basta! ¡Deja el tema ya!
Lethan obedeció al instante.
Isabel fue consciente de que había vuelto a suceder algo que ya había observado otras veces.
Lethan tenía la habilidad de distinguir con precisión si quien le hablaba era su hermano o su laird.
Al primero, si lo creía oportuno, le discutía, le llevaba la contraria o incluso se permitía, si se terciaba, gastarle bromas o lanzarle pullas.
Al segundo, al laird, jamás le hacía ninguna de esas cosas.
Cuando Calen asumía el rol de laird, contaba con la obediencia y el respeto absolutos de su hermano menor.
¡Bufff! No me he atrevido a intervenir hasta ahora. ¡Madre mía, menuda bronca!
Qué temperamento tienen estos hermanos cuando les sale la vena guerrera…
Ahora que se han calmado los ánimos ¿quieres asomarte al salón y ver la tensión que se respiraba hace un momento ?
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—¿No os dais cuenta? —preguntó poco después Isabel, en tono reflexivo—. Una vez más, el caprichoso destino se hace con el control de nuestras vidas.
Los hermanos la miraron sin comprender a qué se refería.
—Llevaban cuatro años sin ponerse de acuerdo.
Si el tratado se hubiera firmado solo unos días antes, la noticia de la coronación habría llegado primero, tal vez, lo suficiente para que tus prioridades, ante esos nuevos acontecimientos, hubieran sido otras —afirmó, mirando a Calen—.
Quizás habrías postpuesto tu fallida petición de mano, no te habrían rechazado, no os habríais emborrachado ni invocado la ayuda de Vadala y, por lo tanto, no habríais viajado en el tiempo.
Tras una breve pausa, sentenció:
—Nunca habríais estado aquí.
Buscando quitar hierro al asunto, ironizó:
—Una vez más, el poder en las sombras haciendo de las suyas.
No consiguió su objetivo. Sus palabras cayeron como una losa invisible sobre los tres y volvió a dejarlos mudos. Sumidos cada uno en sus propios pensamientos.
Los hermanos pronto recuperaron el ánimo y comenzaron a divagar sobre quién acudiría al evento. Se atrevieron incluso a conjeturar cuáles serían las reacciones de cada uno de los presentes cuando se hiciera pública la muerte de Margarita.