Chapter 4
La semana siguiente fue especialmente productiva para Calen.
Quedó todos los días con su candidata y, cuanto más tiempo pasaban juntos, más convencido estaba de que era la idónea.
Las conversaciones fluían con naturalidad, ligeras a veces, profundas otras.
Tenían una complicidad que iba creciendo con cada hora compartida y un sentido del humor muy parecido que les hacía reír al unísono por las mismas tonterías.
Como a él, le gustaba echar mano de la ironía y, a veces, sus diálogos eran mordaces y estaban repletos de frases con segundas intenciones.
Era inteligente y mucho más madura que las aspirantes anteriores.
Salvando las distancias temporales y culturales, tenían unos valores muy similares y una forma de pensar muy parecida.
Y, por añadidura, era una apasionada de Escocia.
Conocía su historia, sus leyendas, sus costumbres...
, estaba convencido de que, con su ayuda, se adaptaría a la perfección a la vida en su tiempo.
A veces se sorprendía a sí mismo hablando más de la cuenta, deseando revelarle todo.
Había empezado a confiar en ella y eso no sucedía a menudo.
Y esa confianza trajo consigo una calma que hacía tiempo no sentía.
La presión de la misión por cumplir seguía ahí, pero, ahora, una sensación nueva y desconocida la hacía más liviana y llevadera.
Por si todo eso no fuera suficiente, su aspecto físico tampoco lo dejaba indiferente.
Le maravillaba lo expresiva que podía ser su mirada. Era capaz de cambiar del asombro, a la alegría, o la confusión tras un solo parpadeo.
Ese desfile de pecas que recorrían sus pómulos y ascendía hasta la punta de su nariz, imperceptibles para la mayoría, pero no para él, era en buena parte culpable de que le resultara tan difícil apartar la mirada de su rostro.
A menudo se descubría queriendo besar esos labios finos, aunque perfectamente delineados, que a veces mordisqueaba de forma inconsciente cuando estaba concentrada en algo.
Su media melena color miel era otro de los focos que le robaban la concentración.
Cuando estaba perdida en sus pensamientos, jugueteaba sin darse cuenta con un tirabuzón, enroscándolo y soltándolo en su dedo, y ese gesto tenía sobre él un efecto casi hipnótico.
Otras veces, cuando estaba nerviosa, deslizaba la punta de los dedos desde las sienes hasta detrás de las orejas, intentando recolocar un inexistente mechón fuera de lugar.
Todo ello hacía que cada día, le resultara más difícil controlar las manos para que no escaparan a acariciar y abrazar su cuerpo.
Los detalles cotidianos se convirtieron en algo significativo.
Un roce accidental al entregarle la taza del café, su sonrisa cuando lo descubría esperándola en la puerta de la universidad, el calor de su mano al cobijarla en la suya cuando paseaban por la calle.
Calen había conocido muchas mujeres, pero no recordaba haber vivido una relación con tanta intensidad con ninguna como la que estaba experimentando con ella.
Por primera vez, se permitió imaginar su futuro no solo como laird, sino como hombre.
Estaba decidido. No necesitaba más tiempo para saber que era la mujer que quería llevarse consigo. Su suerte estaba echada y nada le haría cambiar de idea.