166 Sevilla I, 22 de diciembre, 1040
—¿Quiere decir algo?
El abogado empezó a hablar y ella levantó un dedo, y el abogado se calló, cosa que Adela no había visto nunca.
—Mi abuelo era un hombre de un pueblo que ya no existe —dijo Reyes—. Mi padre pasó cuarenta años esperando que alguien llamara a la puerta. Se murió esperando. Y yo he pasado veinte años pagando abogados, ingenieros y certificaciones para que esta finca fuera limpia.
—Y una mujer encontró una lata.
—Una mujer encontró una lata —repitió—. Setenta años, teniente. Setenta años a cuarenta y ocho minutos de distancia.